Dicen que es el único que merece la etiqueta de supermodelo. El secreto del británico, imagen de la fragancia Light blue de Dolce&Gabbana, es no creerse del todo lo que ve en el espejo.
Veinte segundos pueden cambiarte la vida. Eso sí, tienen que ser 20 segundos memorables. Mejor si, a bordo de una barca a la deriva, con el mecer de las olas de fondo, una belleza rubia mira con deseo a su atractivo acompañante. Si él le devuelve la mirada teñida de un azul más intenso que el mar. Solo viste un bóxer blanco. Se acerca a ella, se besan, se pierden el uno en los brazos del otro. Y cuando la cosa se pone interesante... fundido a negro.
Once millones de internautas vieron aquel anuncio de Light blue en 2007. Y después de aquellos 20 segundos, todos se preguntaban: ¿quién era ese adonis? Hasta ese momento, había sido simplemente David Gandy, modelo de catálogos. A partir de aquel spot de la fragancia de Dolce&Gabbana se convirtió en el maniquí masculino más famoso del mundo. De él han llegado a decir que es, sencillamente, el hombre más guapo del planeta.
"Es halagador, pero tratar de cuantificar quién es más guapo es imposible. La belleza es cuestión de gustos", dice Gandy quitándole importancia al "título", en una entrevista exclusiva con Mujer hoy. No es falsa modestia. Gandy no se tiene por guapo. Odia su pelo, su nariz y la cicatriz de su ceja, que el resto de los mortales encuentra irresistibles. "Soy muy crítico conmigo mismo. Tanto con mi look como con mi trabajo. Cambiaría muchas cosas de mi aspecto, pero entonces dejaría de ser yo".
Sus complejos solo tienen una explicación: el siempre socorrido cuento del patito feo. Efectivamente, Gandy era el niño gordito y tímido de su clase en Essex, al este de Londres. "Cuando era un niño no tenía demasiada confianza en mí mismo. Siempre tenía amigos más guapos y encantadores que yo. Y en cierta forma, sigo siendo así".
UN DIFÍCIL COMIENZO
Se convirtió en modelo por accidente, cuando un amigo mandó sus fotos a un concurso de caras nuevas. El premio era un contrato de un año con una prestigiosa agencia de modelos. Y empezó a hacer un catálogo detrás de otro. Pero cada vez que hacía un casting para subirse a la pasarela o protagonizar una campaña, le decían que era demasiado masculino. Demasiado guapo, en definitiva. Nunca pensó que eso fuera un problema, pero lo era. Los trajes no le entraban. El resto de modelos le miraban de reojo. Otra vez, un bicho raro. La testosterona no estaba de moda y las pasarelas masculinas estaban llenas de modelos andróginos.
Pero su agente hizo bien su trabajo. Se enteró de que los diseñadores Domenico Dolce y Stefano Gabbana iban a reunirse con el fotógrafo de su nueva campaña. Gandy se presentó allí, saludó y en cuestión de días, estaba en Capri. Su agencia empezó a recibir llamadas. No sabían su nombre, pero querían al "chico del bóxer blanco". Cinco años después, Gandy ha protagonizado decenas de campañas y su agenda no tiene ni un hueco. "Lo mejor de esta profesión es que todos los días son diferentes", explica. Pero, para mantener en forma su cuerpo, la rutina es imprescindible. "No hay secretos. Es una combinación de comer sano y entrenar cada día en el gimnasio". No es cuestión de vanidad, dice, sino de profesionalidad. "Para ser modelo no hace falta ser vanidoso. Al contrario. Si puedes mirar una foto tuya con objetividad, serás capaz de corregir tus fallos", explica. A Gandy le enerva el estereotipo del modelo masculino ligero de cascos. "Seguro que hay modelos egocéntricos, igual que jugadores de fútbol, banqueros o camareros".
Es evidente lo que las mujeres ven en Gandy. Pero, ¿qué busca él en ellas? "Sentido del humor y respeto", contesta. Conquistarle no puede ser tan fácil. Tiene que haber más requisitos. Y así es. Gandy ha confesado que su última relación se rompió porque ella no entendía su carácter obsesivo. "Todo en mi vida tiene que ser perfecto. Si no lo entiendes, es difícil vivirconmigo", admitió. "No hay nada malo en ser perfeccionista. Gente a la que admiro, como Tom Ford, también lo es. Lo que ocurre es que puede ser difícil para las personas que me rodean". Quizá por eso, a sus 32 años solo ha tenido tres novias.
Eso sí, cuando está en una relación, se entrega. ¿Qué es lo más romántico que ha hecho? "Le dije a mi novia que le había enviado un regalo porque yo no podía estar en su cumpleaños. Cuando bajó a recoger el paquete, yo estaba en la puerta con un ramo de flores y globos". La escena podría durar 20 segundos y servir para vender un perfume o un coche... Porque con esa mirada, es difícil imaginar 20 segundos de la vida de David Gandy que no pudieran emitirse con banda sonora de violines y suspiros.
¿A QUÉ HUELE UN SUPERMODELO?
Si la sensualidad del Mediterráneo fuera un perfume, David Gandy olería exactamente a eso. Fiel a la marca que le robó el anonimato en 2007, el modelo británico es la imagen de Light blue de Dolce&Gabbana, cuya campaña lleva la firma del fotógrafo Mario Testino. Inspirados en el glamour de Portofino y en la isla volcánica de Strómboli, la casa italiana acaba de lanzar las ediciones limitadas de sus perfumes para hombre y mujer. Y Gandy ha vuelto a subirse a la barca que le hizo famoso con una nueva acompañante: la modelo polaca Anna Jagodzinska. "Para mí, este perfume representa la fantasía de escapar con alguien a quien amas hacia un lugar y un tiempo que queda fijo en tu memoria para siempre. Es un momento mágico".