Ha trabajado con
Richard Avedon,
es el maquillador
de los desfiles
de Michael
Kors y Narciso Rodríguez,
entre otros, y por sus manos
han pasado las modelos más
cotizadas. Dick Page es el
director creativo de maquillaje
de Shiseido, un cargo que
ejerce con orgullo y profesionalidad
pero sobre todo, con el
mayor entusiasmo del mundo.
Le gusta lo que hace y eso se
nota cuando nos explica, en
un loft de París, cómo es el
proceso de creación de una
colección de maquillaje.
“La
cara es un todo. A la hora de
crear nunca pienso en los
aspectos que quiero resaltar, si
me voy a centrar en los ojos o
en los labios. Hay que tener en cuenta todo el conjunto porque,
de momento, no puedes
mandar a tus ojos al cine y a
tu boca a un restaurante”, bromea.
“Como en el resto de las
colecciones, quiero que cada
producto tenga una personalidad
única”. Lo que más llama
la atención es el proceso que
lleva a cabo Page para idear los
nuevos colores. Todo empieza
con una fotografía. Un alimento,
una flor de su jardín... escenas
cotidianas que capta con
su cámara para luego pintarlas
y pasarlas al laboratorio de la
firma. Como él mismo explica,
“yo pongo el arte y ellos
[Shiseido] la ciencia”.
Dick Page siente pasión por
el maquillaje. “Es un sentimiento
y hay que dejarse llevar.
Tiene que ser divertido,
un placer, como pintar. Y yo,
desde luego, me divierto en mi
trabajo, cómo no lo voy a hacer.
Pero también es una gran responsabilidad
e intento hacerlo
siempre lo mejor que puedo, si
no, ¿para qué se hace?”.
Dick llegó a Shiseido en 1997
y 10 años después, en el 2007,
se convirtió en el director creativo
de la línea de maquillaje.
“Cuando me lo ofrecieron dije
que sí, por supuesto. Había
tenido otras propuestas, pero
nunca para diseñar, para crear
la línea entera. No trabajo
como un make up artist normal
que, para crear la nueva temporada,
coge un color que ya está
hecho y lo pide más brillante
o más luminoso. Yo empiezo
desde el principio, desde cero,
lo creo todo nuevo. Es un proceso largo y a veces me pregunto
por qué me complico la
vida, pero es mi forma de trabajar”,
asegura.
Y lo tiene que
hacer bien, porque su trayectoria
es intachable. Ha trabajado
con algunos de los fotógrafos
más importantes del
mundo y ha creado
el maquillaje para
los desfiles de Marc
Jacobs. “Este es, sin
duda, el trabajo más
difícil –confiesa–. Te
reúnes con el diseñador,
ves la colección,
a las modelos... Yo
hago mi propuesta,
pero es el modisto
quien decide, es su
desfile. A veces no
me gusta lo que estoy
haciendo, pero es su trabajo
y lo tengo que respetar.
Lo que está claro es
que un desfile tiene que
ser una historia completa:
la ropa, el maquillaje,
la peluquería, todo
tiene que encajar”.
Donde sí se siente verdaderamente
cómodo
es en una sesión de
fotos. “La fotografía,
para mí, es el trabajo
ideal. Recuerdo una
sesión con Juerguen
Teller en el Louvre, de
noche, con la modelo
Raquel Zimmerman
y la actriz Clarlotte
Rampling posando desnudas;
fue un momento inolvidable.
La verdad es que soy
muy afortunado”, reconoce.
London calling
Pero si
Page ha llegado donde está, no
ha sido fruto de la casualidad,
sino del trabajo y, sobre todo,
de esa faceta artística que, en
su caso, destaca por encima de
todo. “Llevo trabajando mucho
tiempo, pero no sé por qué ni
cómo decidí dedicarme a esto.
En los años 70, en Inglaterra,
se vivía la época posterior al
punk. Me gustaba la moda,
la fotografía, la música y me
movía en esos ambientes.
Estaba todo el día dibujando y
pintando, así que supongo que
fue un proceso natural”.
Visión profesional
Por las manos de este
artista han pasado cientos
de modelos.
“¿La mujer perfecta
para maquillar?
Cualquiera
que tenga cara”,
bromea. Si para
él no hay una
mujer perfecta,
sí que busca la
perfección en una
base de maquillaje:
“Es aquella que te
hace parecer real.
La mejor base es
invisible y tiene que
hacer que tu piel sea
creíble”. Respecto a los
errores que cometemos
al maquillamos,
Dick es tajante. “Son
más emocionales que
físicos. Las mujeres se
maquillan a la defensiva,
para tapar defectos.
Las revistas siempre
les están diciendo qué
tienen que corregir: si
su nariz es pequeña,
si sus ojos están muy
juntos... Y es un error,
no hay que maquillarse
para corregir, sino para destacar
lo que más te gusta de tu
cara. Pero, sobre todo, utilizar
los sentimientos. Cuando
alguien ve una foto suya no
piensa si tiene los ojos pequeños
o los labios finos, sino en lo
bien que se lo estaba pasando.
Las mujeres tienen que conectar
con esta idea emocional de
la belleza porque no es sólo
física. No es tapar esto o lo
otro, es decoración, diversión
y placer”, reconoce.