Belleza VIP

Foto: Megan Fox ha aprendido bastante pronto que ruido+desnudez=fama. A Hollywood llegan todos los días docenas de chicas ...

Megan Fox: “Mi cuerpo es lo único que es sólo mío“

  • Es la actriz más sexy del momento, tanto que ha desbancado a Victoria Beckham como imagen de la lencería de Armani. ¿Su secreto? Una imagen escandalosa y sensual, cultivada con sumo cuidado.

Megan Fox ha aprendido bastante pronto que ruido+desnudez=fama. A Hollywood llegan todos los días docenas de chicas guapas dispuestas a posar ligeras de ropa; ella, además, es astuta. Estudiante devota de las estrellas, sabe cómo ofrecer una historia que acompañe a las fotos insinuantes: ha relatado su aventura con un stripper llamado Nikita; ha comparado a Michael Bay, director de Transformers, con Hitler y ha desvelado dónde lleva tatuado el nombre de su novio: Junto a mi pastel, dice. Ninguno de esos comentarios es accidental, aunque alguno puede ser ficticio (no hubo ningún Nikita).

En cualquier caso, a los 23 años y tras haber aparecido sólo en Transformers I y II, donde los verdaderos protagonistas eran robots, se ha creado una personalidad rebelde, francamente sexual, y se ha abierto camino hacia los focos. El problema es que, cuando llegas tan lejos tan deprisa, ¿cómo te las arreglas para seguir siendo la chica del año? Fox parece tener esa duda en mente cuando hablamos en el hotel Four Seasons de Manhattan. Ha ido a Nueva York como invitada del programa televisivo Saturday night live. Abre la puerta de su habitación vestida con leggings negros, camiseta de tirantes muy escotada y rebeca larga y amplia de color gris. También lleva grandes gafas rectangulares que le dan un aire de bibliotecaria sexy que contrasta con su imagen de pin-up.

Fox es pequeña y estrecha, de cintura diminuta, y lleva la melena espesa, larga y morena, partida por la mitad, con un aspecto vagamente indio. No es cariñosa ni especialmente amable y tampoco parece interesarle en absoluto charlar de nada en particular. Es autosuficiente y algo recelosa. Contesta a cualquier pregunta, pero se resiste a mantener un diálogo de verdad.

A pesar de tantas entrevistas salaces y fotos atractivas, su última película, "El cuerpo de Jennifer", fue bastante mal. En ella, Fox representaba a una alumna de instituto sexualmente sofisticada que se transformaba en un demonio zombi que seducía a los hombres para alimentarse de ellos. Estaba pensada para mujeres y el público masculino, a pesar de 64 segundos muy publicitados de rollo lésbico, compró pocas entradas. Pero a las chicas tampoco les interesó. "Se esperaba que recaudase mucho dinero- reconoce Fox- , pero yo tenía mis dudas. La película trata de una animadora lesbiana y caníbal, y eso deja fuera a toda la clase media americana".

Fox y su equipo empezaron a ponerse nerviosos por la imagen mediática de la actriz. La pose escandalosa que la había convertido en una estrella no atraía a un público de pago, y mucho menos a las mujeres. Confiaban en que su participación en Saturday night live y algunas entrevistas en las que se presentó de forma recatada, ayudaran a cambiar su imagen hacia la Fox que ellos conocen: una chica hogareña con novio de toda la vida (el actor Brian Austin Green, de 36 años).

Aseguran que ésa es la persona que las chicas deberían ver, pero Fox no lo tiene tan claro. "Las mujeres se destrozan entre sí.- explica- Las chicas piensan que soy una puta aunque tenga la misma pareja desde los 18 años. Si creen que eres atractiva, eres tonta o eres puta, o eres una puta tonta. El instinto femenino es lanzarse a la yugular".

Fox cree que Hollywood refuerza esos estereotipos. Por lo visto, opina que sus referencias constantes al sexo son una especie de postura feminista porque, aunque parezcan una provocación en busca de titulares, lo único que hace es navegar por un mundo complejo y machista.

"Si hubiera sido la típica estrella y hubiera dicho todo lo correcto, no habría llegado hasta aquí -asegura-. Ha sido un año loco. He aprendido que el famoso es un chivo expiatorio. En algún momento, independientemente de la altura del pedestal en que te hayan colocado, te van a derribar. He creado un personaje en ofrenda para el sacrificio. No estoy dispuesta a dar mi persona de verdad. Lo cierto es que me escondo detrás de tanta locura. Nadie puede encontrarme".


Camino hacia la luz

Megan nació en Oak Ridge (Tennesee). Tenía tres años cuando su madre se separó de su padre, un agente de la condicional. Luego se casó con un hombre mucho mayor, que se llevó a toda la familia a Florida. El padrastro de Fox era un hombre muy estricto. Ella fue educada en la fe pentecostal y asisitió a un instituto religioso. "Siempre estaba sola -recuerda-. Me retraí. Pero quería ser actriz desde que tenía dos años. Mi madre dice que es lo único que he dicho que quería ser".

Su primer papel fue en Holiday in the sun, una película de las gemelas Olsen que pasó directamente a vídeo. A los 15 años convenció a su madre para que la llevara a Los Ángeles en la temporada de pilotos, cuando las cadenas buscan actores para sus nuevos programas. A los 17 se mudó a Los Ángeles y consiguió el papel de rival de Lindsay Lohan en "Quiero ser superfamosa". Un año después, vivía por su cuenta.

Se trasladó a Nueva York para coprotagonizar Hope & faith. Tenía dos frases por programa -dice-, pero estaba encantada de trabajar". Brian Austin Green, del reparto original de Sensación de vivir, actuó como estrella invitada en la serie y surgió el amor, a pesar de sus casi 13 años de diferencia. Llevan un lustro juntos y viven en Hollywood Hills, con una colección de animales.

Sin embargo, la larga dicha doméstica no ha afectado a su imagen de símbolo sexual. Las mujeres que leen prensa rosa no se identifican con ella. Es demasiado extrema. Fox se dio cuenta cuando la seleccionaron para Transformers. "En esta industria tienen que encasillarte para poder venderte -explica-. Necesitan visitas en sus blogs o vender revistas. Por eso todo el mundo es algo. Y, si no me van las fiestas, que no me van, entonces tengo una personalidad escandalosa".

Podría ampliar el público de su personaje con un papel que atrajera a las mujeres. "Podría ser una buena táctica -reconoce-. Y me mandan guiones de comedias románticas; pero me dan miedo. Tengo 23 años. Aún no encajo en ese género. Son películas muy seguras, pensadas para el americano medio, y por eso hacen tanto dinero. Pero no quiero hacerlas por ahora".


Otra vuelta de tuerca

Un mes después de nuestra primera cita, vuelvo a ver a Megan Fox. Está en Los Ángeles, comiendo patatas fritas trufadas en un restaurante del hotel Beverly Wilshire. Va vestida como una mamá del medio oeste americano que sale a cenar, con pantalones entallados y camiseta marinera de manga corta. Acaba de firmar un contrato con Armani para sustituir a Victoria Beckham como modelo de ropa interior y vaqueros.

También está a punto de empezar el rodaje de Passion play (ahora en posproducción), con Mickey Rourke. Él encarna a un trompetista que se mete en líos por acostarse con la mujer de un mafioso. "Vaga por el desierto -explica Fox mientras engulle media patata- y se encuentra con un circo ambulante. Yo formo parte de él, soy una chica a la que le salieron alas en la espalda durante la pubertad. Me exhiben y la gente paga por verme. Mickey y yo tenemos una historia de amor trágico". Es la primera película de Fox en que tiene que interpretar a un personaje complicado.

Luego llegará Jonah Hex, basada en un cómic, en la que hace de prostituta. "Fue mi primera escena de sexo -dice-. Iba en ropa interior y llevaba cubiertas de silicona sobre el pecho. Jamás saldría desnuda en una película. No hay que decir nunca, pero mi cuerpo es lo único que tengo que sea sólo mío. El mundo tiene todo lo demás". Hace una pausa. Resulta algo confuso ver cómo retrocede la antigua personalidad de Fox ante mis ojos.

En cuestión de semanas, ha pasado de extravagante despreocupada a virginal y controlada. Es, tal vez, una actitud más sana, pero pálida en comparación con la anterior. "Ahora tengo que dar marcha atrás -explica-. Vivo en una caja de cristal y me exhiben para que los hombres paguen por verme. Eso me preocupa. No quiero vivir ese personaje".

© Lynn Hirschberg para The New York Times Magazine.