Ni blanco ni negro, gris. Así empezó todo. Tras unos días, semanas, en las que todo me salía "al revés", decidí tomar una medida drástica para levantar el ánimo: pintarme los labios a diario. En un principio me dio miedo que la promesa fuera a parar al mismo cajón de mi conciencia en el que está guardado el propósito "voy a desmaquillarme todas las noches", pero por suerte no ha sido así.
El primer día de mi cruzada "rojo contra la crisis" (que ya no se llama así, como veréis) rebusqué en mi neceser los labiales que tenía empezados pero que nunca había usado de forma habitual (debo confesar que la mayoría no los había comprado -ni robado-, sino que habían llegado a la redacción).
Al probar varios tonos rojos me di cuenta de que ninguno me ayudaba a sentirme mejor ni, como consecuencia de lo primero, a verme más guapa.
Mi primer día de labios pintados transcurrió como los anteriores, ni fú ni fa, y encima tuve que escuchar un comentario revelador: "Los labios rojos son muy evidentes, es como si quisieras transmitir la idea 'soy sexy".
Lejos de salir corriendo al lavabo para limpiarme la boca, lo que hice fue retocarme ligeramente, leer el post de Pilar Lucas sobre labios rojos y seguir tecleando. Eso sí, al salir de la redacción mi fui a una perfumería con la intención de probar todos los labiales que necesarios para materializar mi "cruzada" con éxito.
No me hizo falta ni mucho tiempo ni mucho labio. Al probar el primer producto naranja me di cuenta de que era mi color. Efectivamente, no es tan directo como el rojo y, además, me aporta más luz a la cara. Es más, llevo con él dos semanas y no me canso de verlo. Cómo será, que un compañero de la oficina me comentó ayer lo bien que me sentaba el corte de pelo, y ese cambio de look ocurrió hace casi un mes. ¿Cosas de hombres o el mágico efecto del pintalabios naranja?
- PD: Mi cruzada se denominó erróneamente "rojo contra la crisis" por mi mal entendido "efecto labial" (Lipstick index) que tuvo lugar durante la gran depresión de los años 30. Me explico, según Leonard Lauder, presidente de la firma Estée Lauder, el "Lipstick index" es un indicador económico que se utiliza para describir el aumento de ventas de productos de belleza durante las recesiones económicas. Para Lauder, el consumo de cosméticos -labiales en particular- es inversamente proporcional a la salud de la economía. Su teoría se basa en la evolución de las ventas de la compañía, que reflejan que, en épocas de crisis, las mujeres sustituyen el gasto de productos más costosos como vestidos, bolsos o zapatos por el de pintalabios.