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Foto: Se llaman “marcas nicho”, un término algo fúnebre, pero que da nombre a un segmento muy exclusivo. Y no sólo por el ...

El valor de lo exclusivo

  • Destacar entre la multitud. Ser diferente. Ir a otro ritmo. Es la tendencia en un mundo global, donde la uniformidad se extiende. Y la cosmética no es una excepción.

Se llaman “marcas nicho”, un término algo fúnebre, pero que da nombre a un segmento muy exclusivo. Y no sólo por el precio –que también es un factor a considerar– también por su distribución: están pensadas para la consumidora que, al más puro estilo Indiana Jones, recorre la ciudad de punta a punta para encontrar el cosmético soñado. Lejos de las campañas de publicidad, se dan a conocer a través del boca a boca, la prescripción de los famosos, las recomendaciones en prensa especializada y una red de ventas tan exquisita como personalizada. La mujer que las busca está al tanto de las novedades cosméticas, es curiosa y le gusta sentir que ha encontrado algo único. ¿Dónde? En tiendas especializadas, oasis con un espacio reservado para lo más exquisito: Perfumería Urbieta, en San Sebastián; Regia, en Barcelona; Barfumería, Ramas o Le Secret du Marais, en Madrid; Beauty Cube, en Santiago; Q, en Valencia… Las grandes cadenas no son ajenas a este fenómeno. Sephora ofrece cremas de culto como Amatokin o líneas de maquillaje como Smashbox o Cargo; Douglas lanza la línea MBR, Medical Beauty Research, de destacado contenido médico; y centros escogidos de El Corte Inglés ofertan productos como Aloe Ferox, sérum ultra regenerador de Veld’s, o Benefit, una deliciosa marca de maquillaje.