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Lo consiguió todo, menos retener a su lado a las tres mujeres a las que más quería: su madre, su esposa y su hija. Ahora que se cumplen 35 años de su muerte, el mundo recuerda al que siempre será El Rey.

"Soy Lisa, papá está muerto". La llamada de su hija a Linda Thompson, una de las últimas parejas de Elvis, minutos después de que lo encontraran muerto en el baño, confirmaba la noticia.

¿Cómo es posible? Se lamentaban los fanes que idolatraban al cantante más carismático de la historia. Podría haber sido la dieta de 100.000 calorías diarias que alternaba con ayunos salvajes o también las pastillas que, en la última etapa de su vida, tomaba para dormirse, despertarse, animarse o relajarse. Sin embargo, los que le conocieron bien saben que murió de éxito.

En su mansión de Graceland, rodeado de sus Cadillacs, su parque de atracciones, máquinas tragaperras, su fuente de Pepsi y todos los caprichos extravagantes que solo la mente de un niño pobre es capaz de imaginar, el mito se sentía muy solo dentro de las murallas que había tenido que construir para defenderse de los que lo adoraban. Solo después de su muerte pudieron sus admiradoras atravesar las rejas decoradas con notas musicales.

La responsable de su éxito
Ellas, desoladas, dejaron atrás trabajos, maridos e hijos y peregrinaron a Memphis para dar el último adiós a su ídolo. Y eso que Elvis había dejado de ser Elvis hacía mucho tiempo. Así lo describe uno de sus guardaespaldas: "Un artista loco, borracho de fama, que pasó de tener un cuerpo de galán a convertirse en un barril de grasa. Que se transformó de humilde y agradable muchacho de campo a un hombre que iba siempre armado, esclavo de sus pastillas y con perversiones sexuales tan sórdidas y ocultas como sus obsesiones religiosas". (Elvis. Richard Mann. Ed. Clie).

El hombre que falleció con una fortuna de más de 100 millones de dólares había nacido en la más absoluta de las miserias en Tupelo, un pueblucho de Misisipi. Tal vez por la falta de atención médica, el 8 de enero de 1935 solo uno de los gemelos Presley sobrevivió a un parto complicado: 35 minutos después de nacer, el fantasma de la soledad, que le acompañaría durante toda su vida, hacía acto de presencia llevándose a su hermano Jesse Garon.

Gladys, su madre, una mujer fuerte y protectora que llevaba las riendas de la familia, convirtió el éxito de su hijo en su proyecto personal. Iba con él todos los días a la iglesia (evangélica) y a su lado escuchó sus primeras canciones: himnos religiosos y gospel. Fue ella la que l¡le inscribió en el concurso de música 'country' de la feria de Misisipi en el que recibió sus primeros aplausos.

Fue también quien decidió que al niño se le compraría una guitarra por su cumpleaños y no la bicicleta que él quería. Y, por supuesto, fue a Gladys a quien se cameló unos años más tarde el coronel Parker, el famoso agente del cantante, para conseguir el contrato que le haría de oro.

Cuando tenía 12 años, la familia se mudó a Memphis en busca de trabajo. El joven Elvis, como el resto de sus amigos, llevaba tupé, enormes patillas y recorría Beale Street en su tiempo libre, desde la tienda de los hermanos Lanski, cuyo escaparate contenía el traje amarillo limón de sus sueños, hasta los legendarios Sun Records donde consiguió que le hicieran una prueba. Tenía la voz ideal para vender música negra al público blanco, lo que la industria andaba buscando. El éxito fue inmediato... y escandaloso.

Sentimientos encontrados
Elvis no solo cantaba; aullaba, se contorsionaba... Lo mismo empuñaba la guitarra como un arma, que la acariciaba lascivo. Los conciertos solían terminar en batallas campales en las que cientos de mujeres enloquecidas se amenazaban y se arañaban.

En Jacksonville, una masa enardecida de adolescentes subió al escenario y arrancó la ropa a jirones de su ídolo, que tuvo que ser rescatado por su equipo de seguridad.

Igual de airadas eran las críticas de la sociedad biempensante de la época que, desde los medios y los púlpitos atacaban a "ese enviado del demonio". Los críticos de cine no fueron más amables con su debut en el celuloide: "¿Es un nuevo personaje de Walt Disney?", se preguntaban al ver 'Love me tender.' También se referían a él como "cadáver" y "salchicha cantante".
 
A él le daba igual. La productora recuperó la inversión en solo tres días y el dinero empezó a entrar a espuertas. El parque móvil de la estrella crecía tanto como su lista de amantes: Debra Paget, Juliet Prowse, Connie Stevens, Tuesday Weld, Dolores Hart, Natalie Wood...

Una de ellas, Ann Margret, contaba cómo "cuando a Elvis le gustaba alguna chica mandaba a alguno de sus guardaespaldas para que le concertara una cita. Jamás osaba decirle cara cara a una mujer que le gustaba. Pero conmigo fue diferente. Una tarde pasó a recogerme en su Cadillac blanco y dorado. Me abrazó tímidamente dándome un beso en la mejilla y enrojeció. Para disimular me enseñó algunas de las cosas de su coche que le gustaban: la radio, el mecanismo del descapotable... Al anochecer, reunió coraje y me besó". (Elvis, la rebelión domesticada. Antonio Tello. Ed. Bruguera).

El cambio radical
En marzo de 1958, el cantante se alistó voluntario en el ejército y le destinaron a Alemania. Dos años de parón musical, en los que cambiaron muchas cosas en su vida. Regresó a casa para despedir a su madre, con novia, enganchado a las anfetaminas y rodeado de la troupe de amigotes, conocidos como "la mafia de Memphis", que le acompañaría hasta su muerte.

Cuando se conocieron, el cantante tenía 23 años y Priscila Beaulieu, solo 14. Con el escándalo de Jerry Lee Lewis y su boda con su prima de 13 años demasiado reciente, decidieron que la joven viviría con el padre de Elvis hasta la boda, en mayo de 1967. Sus años de convivencia con Cila, como él la llamaba, sobre todo tras el nacimiento de su hija, Lisa Marie, son lo más parecido a la felicidad que conoce en su vida.

Sin embargo, para su esposa, que Elvis mantenía escondida en Graceland, el matrimonio no era un camino de rosas: "El temperamento de Elvis es del todo insoportable", dijo. Un día, Priscila se fugó con el monitor de kárate de su marido, Mike Stone. Elvis nunca se recuperó. "Ha destrozado a mi familia, se ha llevado lo más preciado y lo más querido que tenía", dijo Elvis, que contrató a un matón para que acabara con Stone.

El 'profesional' cogió los 10.000 dólares y huyó sin hacer el trabajo. A partir de aquí, la vida de Elvis se convirtió en una sucesión de desvaríos, a menudo revelados por las mujeres que compartieron su vida: Sheyla Ryan, modelo de Playboy, Diane Goodman –miss Georgia– o Linda Thompson –miss Tenesee–, quien contaba: "Vivíamos como ermitaños en su enorme mansión. Veíamos la tele durante horas o pasábamos el tiempo contando los cuadros que había en la pared. Estaba completamente loco". 

"No quiero nada. No necesito nada. He estado en todas partes y lo he probado y hecho todo", decía un Elvis obeso, hipertenso y descentrado pocos días antes de morir. Había desarrollado una fascinación por la muerte y alternaba su afición por la numerología o la parapsicología con raptos místicos en los que se declaraba enviado de Dios en la tierra.

Murió el 16 de agosto de 1977, la misma semana del mismo mes y a la misma edad que su madre.

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