Decir México es decir Muerte y de la Muerte Chavela Vargas sabía un rato: agarrarse a la Parca como el borracho que amortigua una caída que no provoca el tequila, sino el dolor ardoroso de amores imposibles. Nacida un 17 de abril de 1919 en la población costarricense de San Joaquín de las Flores, Isabel Vargas Lizcano alimentó el coraje desde niña. Hija de padres divorciados, pasó a depender de sus tíos y cargó toneladas de fruta con sólo siete años. La intemperie infantil se agravó con una afección ocular de la que la salvó un chamán: de ese misticismo selvático, el medallón que Chavela conservó sobre su pecho en el hospital de Cuernavaca donde aguardaba la hora redonda.
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