La puntería de Lola Flores en el tiro de pichón, el sorprendente anonimato de Alfred Hitchcock, la ira de Lana Turner, el cubo de agua de fernando Trueba o la confusión mística de Willem Dafoe han dado también contenido a la historia cinematográfica de un festival que, en estos días, vuelve a desplegar su fabulosa alfombra roja.
Nadie se fijó en él porque nadie le conocía.
Alfred Hitchcock paseó su orondo perfil por la Concha y callejeó por el casco antiguo de San Sebastián disfrutando del anonimato que le proporcionaba aquella España tan alejada de todo. Aun así,
el festival que se celebraba en esos días ya contaba con cierto reconocimiento, sobre todo entre los donostiarras.
Estos comenzaron a ser conscientes de que el cine les estaba colocando en el mapa del glamour internacional en
ese verano de 1958, cuando también recibieron a Kirk Douglas, el primer mito de Hollywood que había aceptado la invitación del certamen, entonces en su quinto aniversario.
Es verdad que en la segunda edición, Gloria Swanson ya se había alojado en el hotel María Cristina, una diosa del pasado mudo de la que, la verdad sea dicha, casi nadie se acordaba. Mucha más repercusión había tenido el elenco de ídolos patrios que se había dejado ver por allí.
De hecho,
la presencia de Carmen Sevilla, Paquita Rico y Paco Rabal en la primera edición (1953) proporcionó un éxito inesperado a aquella idea que había tenido una decena de empresarios de Donostia, interesados casi exclusivamente en dar más vida comercial a los veranos de la ciudad. No es de extrañar que ese espíritu festivo llevara a más público y famosos a los toros y a los bailes junto al mar que a las proyecciones de las películas –todas sometidas a censura–.
Tiro al pichón
Tal es así que
en una ocasión se suspendió el programa del festival durante unas horas para que los invitados pudieran asistir al concurso de tiro de pichón que tradicionalmente se celebraba en esa semana y que
Lola Flores ganó en alguna ocasión. Pero todo cambió en 1958, con el hoyuelo de Kirk Douglas provocando vahídos femeninos y la presencia de Sara Montiel, del brazo de su marido, Anthony Mann, generando pasiones masculinas.
Y con ellos, ese Hitchcock anónimo que, tras su paseo matutino, se personó en el teatro Victoria Eugenia para asistir al estreno mundial de su película 'Vértigo'.
La experiencia debió de resultarle satisfactoria, porque al año siguiente también presentó en San Sebastián, en otra 'premiere' mundial, 'Con la muerte en los talones'. Definitivamente,
Hollywood había dado al festival carta de naturaleza internacional.
A partir de entonces, cada septiembre la ciudad se convirtió en una fabulosa alfombra roja por la que han desfilado ilustres como
Liz Taylor, Deborah Kerr, Audrey Hepburn, Francis Ford Coppola, Fritz Lang, Howard Hawks, Orson Welles, Fernando Rey, Luis Buñuel, Steven Spielberg, Richard Burton, Gina Lollobrigida, Harrison Ford, Charlton Heston, Sophia Loren, Mel Gibson, Keanu Reaves o Antonio Banderas.
Presencias que han dado historia a un certamen que celebra este año su 60 edición con las galas de antaño y un prestigio cinematográfico intacto. Prueba de ello es la visita de los cinco galardonados con el premio Donosti 2012, en homenaje a toda su carrera: Dustin Hoffman, John Travolta, Tommy Lee Jones, Ewan McGregor y el director Oliver Stone. Estos y las decenas de notables invitados generarán como siempre una actividad frenética de la organización, dispuesta a que todos se sientan como en casa, lo que a veces resulta una ardua tarea.
Son numerosas las anécdotas que certifican que tratar con estrellas puede ser agotador. En 1994, Lana Turner protagonizó un incidente que pudo acabar a bofetadas. Semanas antes de que la actriz acudiera a San Sebastián para recibir el premio Donosti, Mickey Rooney, que también estaba entre los invitados, había publicado unas memorias en las que aseguraba haber tenido una hija secreta con ella.
Turner no solo lo desmintió, sino que juró cruzarle la cara. Rooney detectó la oportunidad de promocionar tanto el libro como una película que acababa de estrenar, así que esperó la llegada de su supuesta examante en el hall del María Cristina, buscando un tumulto mediático.
Sin embargo, minutos antes de que Mrs. Turner hiciera acto de presencia, la televisión rusa asaltó al actor para solicitarle una entrevista. Rooney se sintió tan halagado que accedió a salir a los jardines con los reporteros. El equipo de grabación era tan anticuado que se paraba cada pocos minutos, con lo que la entrevista se hizo interminable. Mientras, la actriz llegó y se recogió en sus habitaciones. La organización había evitado el incidente al convencer a los periodistas para que hicieran esa labor de distracción.
Pero no fue el único enfrentamiento personal. En 1982, Fernando Trueba estrenó 'Mientras el cuerpo aguante', que se ganó un dura crítica del periodista Diego Galán, años después director del festival. Trueba no lo encajó bien, hasta el punto de que le esperó a las puertas del teatro Victoria Eugenia con un cubo de agua helada y un reportero al que había avisado para difundir la previsible reacción violenta del crítico. Galán recibió el regalo, sin inmutarse, con lo que la fría venganza de Trueba no fue retribuida.
De tabernas
Glenn Ford tampoco resultó un invitado fácil. El actor fue el premio Donosti de 1987.
Un año antes, se había instituido este galardón honorífico, concedido entonces a Gregory Peck, un 'gentleman' que aportó la elegancia de la que careció Ford, cuya carrera hacía tiempo que reposaba en el fondo de una botella.
En aquella gala se proyectó 'Gilda' y Glenn
no dejó de llorar durante la hora y media, aunque luego se animó cuando le acompañaron a recorrer las tabernas. Se sintió tan embriagado por la belleza de la ciudad y su servicio de hostelería que
se negó a coger el avión de vuelta. No había manera de convencerlo de que el festival se había acabado y que la organización no podía seguir pagando su juerga.
Igual de gratificante le resultó la vida nocturna donostiarra a Willem Dafoe, que acudió al festival para presentar 'La última tentación de Cristo'.
Tras una
intensa cata de ‘chiquitos’ de vino, observó la enorme figura en piedra del Cristo que domina la ciudad desde el monte Urgull. Asombrado comentó:
"Vaya, aquí sí sabéis cómo promocionar una película". De inmediato, le explicaron que aquello no era 'atrezzo'. Pero San Sebastián no solo ha sido un lugar de encuentro para figuras consagradas, sino también un
punto de partida para carreras brillantes, como la de Roman Polanski, Almodóvar o Francis Ford Coppola.
Apenas era conocido en Europa cuando,
en 1969, este director logró la Concha de Oro por 'Llueve sobre mi corazón'. Aunque quizá la mayor contribución del festival fue el dinero que Coppola obtuvo al vender la Concha, entonces de oro macizo –ahora solo tiene un delgado baño–, con lo que
obtuvo fondos para otros proyectos.
Sí, la historia de este certamen daría para un excelente guión.
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