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Siempre estuvo al lado de su hermana. Como dos siamesas, pese a no ser ni tan siquiera mellizas. Belén Ordóñez y Carmina eran inseparables. Tanto, que cuando esta última falleció, la salud de la hija menor de Antonio Ordóñez y Carmen González se resintió. Ahora, cuando se acaban de cumplir ocho años de la muerte de la hermana mayor, la pequeña se despide de la familia. La tía de Francisco y Cayetano Rivera falleció el pasado jueves 2 de agosto, a los 56 años, en el centro madrileño en el que permanecía ingresada desde hace semanas.

Había cumplido los 56 hacía un mes y lo había hecho almorzando con sus amigas y recibiendo la visita de sus sobrinos, a quienes siempre ha estado muy unida. De hecho, según cuenta la agencia de noticias EP, Cayetano había acudido con su novia, la modelo Eva González, al centro en el que reside y ella aseguraba que le habían hecho un regalo que le había encantado.
 
Según publica el diario ABC, aquel día, dio las que serían sus últimas declaraciones a los medios de comunicación: "Cumplo 56 años y gracias a Dios los cumplo. Esto es una cosa que no va a mejorar mucho más, porque es crónico pero me siento un poco mejor. Tengo que tener paciencia".

Y es que los achaques la llevaron a pasar una y otra vez por los centros hospitalarios. Ella misma llegó a decir en una ocasión que era "una enferma con una salud de hierro” . Lo de la salud de hierro tenía bastante de cierto, ya que con su tesón, logró superar un cáncer linfático hace siete años. Justo un año después del bajón anímico que supuso para ella el fallecimiento de su hermana Carmina, con quien se llevaba unos meses de diferencia.

El enfisema pulmonar que sufría se vio empeorado por este suceso. También por su adicción al tabaco. Pero haber dicho adiós a su hermana fue, sin duda, el golpe más duro que recibió en su vida. “Me falta la mitad. Carmen era mi mitad y yo la suya. No puedo vivir sin ella”, escribió en ‘Recuerdos’, un libro publicado en 2006. Y, como a su hermana Carmina, los rumores de una vida desordenada la acompañaron durante un tiempo  e, incluso, hubo quien habló de que vivía poco menos que en la indigencia, algo que ella desmintió rotundamente.

Se casó dos veces, la primera con Juan Carlos Beca Belmonte y luego con el torero José Luis Cobo. Pero su gran amor sería otro: Curro, su Curro, Francisco Ruiz Wagner, el padre de su hija Belencita. Ella reconocería, tiempo después, que él era el amor de su vida. Sin embargo, su amor falleció a causa de un cáncer, la misma enfermedad que ella, años después lograría superar en Houston. 

Ayer, 2 de agosto, siete años después de aquello, la hija menor de Ordóñez, la mujer que tanto lloró y añoró a Carmina, cerró los ojos para siempre. Su hija Belencita y sus sobrinos, a quienes adoraba, serán quienes le den el último adiós.

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