Alejandra Prat hizo hace cinco años las maletas y cambió Madrid por Barcelona. Hoy, la tranquilidad de la capital catalana le permite disfrutar de lo que más quiere: sus tres hijos y su marido, Juan Manuel Alcaraz.
Hija de un gran comunicador. Madre de tres hijos. Mujer locamente enamorada de su marido con el que se casó hace cinco años. Y muy unida a su madre y a sus tres hermanos.
Hablamos con Alejandra Prat en los Jardines del Palacio de Fortuny de su presente, su pasado y su futuro.
Hoy Corazón De Madrid a Barcelona, ¿cómo fue ese cambio?
Alejandra Prat Había vivido siempre en Madrid y hace cinco años me marché a Barcelona. Me costó adaptarme a esa nueva etapa, con nuevos amigos pero ahora estoy feliz. Me encanta el estilo de vida que tengo porque me permite pasar mucho tiempo con mis hijos, que es lo que más me gusta en el mundo, y el clima es superagradecido. Tengo mi pandilla de amigos que son como una familia más. Ya solo me queda presentar un programa en TV3, porque casi casi domino el catalán (risas). La vida es más tranquila que en Madrid, tienes más tiempo para saborear los momentos, no tienes ese ritmo frenético y acelerado.
H.C. ¿Cómo van a celebrar el primer cumpleaños de Amaro? Porque no falta nada.
A.P. Van a cumplir todos ahora. Adriana el 9 de octubre, Alejandro el 22 y Amaro el 27. A Adriana y Alejandro les haré una fiesta conjunta. Y a Amaro le haré su fiesta de primer año, como les hice a los otros. Me hace ilusión porque, además, ya se empieza a dar cuenta de las cosas, ya disfruta, le encanta estar con niños y con sus hermanos. Me apetece que él tenga su celebración y la felicidad de la fiesta del primer añito.
H.C. ¿Cómo es la relación entre hermanos? Porque a veces aparecen los celos.
A.P. Están encantados. Se pelean por cogerle, por enseñarle cosas, por hablar, por besarle... Imagínate, casi no pueden con él porque, además, Amaro es enorme, es una pequeña bestia. Llevan al pobre niño a rastras por la casa. Pero juegan mucho juntos. Adriana y Alejandro se necesitan, se buscan, se quieren y se apoyan. Son grandes amigos y buenos hermanos. Y quieren que Amaro participe.
H.C. 35 años, tres hijos, un marido maravilloso... ¿Qué le pide a la vida?
A.P. No me falta nada. Soy una mujer afortunada. ¿Por pedir? Siempre puedes pedir más cosas: que estuviese mi padre para disfrutar de sus nietos, vivir en la misma ciudad que mis hermanos, trabajar más en televisión... Pero hay que disfrutar de lo que uno tiene e ir buscando la suerte.
H.C. ¿Cómo es la vida con Juanma, su marido?
A.P. Muy fácil. Tiene un carácter que es como la seda: siempre se ríe y está contento. Facilita mucho todo y es mi amigo, mi confidente, mi marido, mi novio... Lo es todo. Mi compañero.
H.C. ¿Qué le aporta usted a él y al revés?
A.P. Somos bastante equilibrados, porque somos muy tranquilos y nos gustan las mismas cosas. Siempre estamos el uno para el otro. Nos gusta hacer y decidir todo juntos. En los momentos clave siempre el otro sabe estar a la altura. Por lo menos Juanma siempre ha estado, nunca me ha fallado.
H.C. ¿Qué vio para decir: "Es el hombre de mi vida"?
A.P. Todo. A veces te empeñas en una relación y no es la persona adecuada. De repente conoces a alguien y dices: «Qué fácil es todo, qué bien, tenemos los mismos intereses, la misma educación, las mismas ganas de formar una familia». Te lo encuentras en el camino y dices: «Este es».
H.C. Cinco años de casados y ni una crisis de la que nos hayamos enterado. ¿Es un matrimonio idílico?
A.P. Eso no se puede decir nunca, porque ¿cuántos matrimonios idílicos vemos en las revistas o a nuestro alrededor que, de un día para otro, no sabes qué ha pasado y se acaban? A día de hoy es un matrimonio sólido y estable, que queremos que funcione y lo mimamos. Nunca se puede decir que es para siempre. ¡Ojalá que sí!
H.C. ¿Le echa una mano con los niños? ¿Es un padre responsable?
A.P. Sí. Le encanta hacer cosas con ellos. Ahora que ya tienen una edad, porque los bebés siempre son más de las madres, se los lleva a hacer cosas, les explica su trabajo. Y ellos cada vez le buscan más.
H.C. ¿De verdad que con el tercer hijo se plantan?
A.P. Sí, me planto, me planto.
H.C. ¿Segura?
A.P. De momento sí. Hoy por hoy es una decisión cerrada y consensuada, aunque nunca puedes decir nunca, yo qué sé, pero de momento no está en nuestros planes tener más hijos.
H.C. ¿Qué le ha aportado la maternidad?
A.P. Es lo mejor que me ha pasado nunca. Te hace crecer como persona y como mujer, porque es lo más generoso que haces en tu vida. Y tener la generosidad de dejarles hacer su vida. Les quieres tanto que, pensar que algún día les tienes que dejar ir, es un gran reto.
H.C. ¿Cuáles son los valores que intenta inculcar a tus hijos?
A.P. Cuando eres hija dices que los padres son muy pesados, te insisten.. y luego te das cuenta de todo lo que te ha servido y quieres que ellos sean felices. Y la manera de ser felices es enseñarles y que absorban. Ofrecerles la mejor educación posible para que sean las mejores personas que puedan ser. Quieres que aprendan a compartir, que jueguen entre ellos, que tengan amigos, que les guste hacer deporte, ser sanos... Y que eso sea una cosa para toda la vida.
H.C. ¿Soñaba con tener una familia numerosa como esta?
A.P. Siempre. Mi madre dice que los Prat somos muy niñeros. Nos encanta estar con niños, hacer planes y el payaso con ellos.
H.C. ¿Cuál es el secreto para volver a estar tan estupenda después de dar a luz?
A.P. (Suelta una carcajada). Secreto ninguno: cerrar el pico y hacer todo el ejercicio que puedas. Luego siempre he tenido una persona que me ha ayudado en las recuperaciones con unos ejercicios específicos, la gimnasia hipopresiva.
H.C. ¿Qué es lo que recuerda con más cariño de su padre?
A.P. Todo. Me acuerdo de él todos los días: de canciones, del tacto de su piel, de su olor, de su risa, de lo enamorado que estaba de mi madre y cómo la cogía... Y de lo buen padre que ha sido, el cariño que nos ha dado, los valores que nos ha inculcado... Era una persona maravillosa. Ya no solo es que me acuerde yo, es que vas por la calle y la gente te dice: «Ay, tu padre, yo era superadmiradora, cómo era, qué señor...». Es una persona que está muy viva.
H.C. ¿Qué es lo más importante que le enseñó?
A.P. No sabría qué decirte, hay tantas cosas. Nos decía: «Quiere tú primero para que te quieran». Que hay que ser humilde y tratar a todo el mundo igual. Y que hiciéramos siempre lo que nos hiciera felices.
H.C. ¿Qué cree que sentiría ahora al ver cómo es su vida?
A.P. Siempre ha estado orgulloso de todos nosotros porque éramos fantásticos, como para todos los padres sus hijos, pero estaría encantado de ver que tengo una familia, que estoy felizmente casada y que mis hijos son niños sanos.
H.C. ¿Alguna vez le ha pesado el apellido?
A.P. Cualquiera, aunque su padre no sea una persona pública, quiere dejar a sus padres en un buen lugar y demostrar que le han inculcado unos valores.
H.C. Y su madre, ¿le ayuda con los nietos?
A.P. No es abuelaza de estas pesadas, pero los niños la adoran. La llaman todo el día para ver dónde está, qué hace, le preguntan por Cosita, su perro. Además, como mi hermano pequeño, Federico, vive con ella le preguntan qué hace el tío Fede. Para ellos, como vive con su madre, es como si fuese un niño y le preguntan las mismas cosas que me preguntan a mí de ellos: que si se ha portado bien, que si se lo ha comido todo, que si le ha castigado... Mi madre está muy presente sin ser pesada. Me ayuda muchísimo y es la única en la que delego cuando me voy de viaje o tengo que hacer alguna cosa. Y supongo que para mis hijos será la mejor abuela del mundo.
H.C. ¿Qué tal la relación con sus hermanos? La suya y la de sus hijos.
A.P. Somos una piña y nos necesitamos. Nos queremos, nos consolamos y nos reímos juntos. Quizás por la muerte de mi padre, como te tienes que apoyar más, el núcleo familiar se hace más fuerte. Y como tíos, todos emocionados. De momento son los únicos sobrinos, ya vendrán los que tengan que venir del resto, pero son unos mimados. Cada uno de mis hermanos es padrino de uno de mis hijos. Luego, por ejemplo, mi hermano Joaquín es muy niñero y muy payaso, y tanto mis hijos como sus amigos están encantados. Este verano vino a Ibiza con nosotros. Él se sentaba y los niños alrededor y, como es muy golfillo, les contaba historias y les hacía cosas con las que se morían de risa. Deben pensar: "¿Cómo un señor de esta edad nos está haciendo esto?" Porque ellos le ven súper mayor. Luego Fede es como un niño más: juega, pelea con ellos, hace las mismas cosas. Y Andrea es monísima: les cuida, les lleva al parque, les hace juegos... Es como otra madre.
H.C. Vamos que Joaquín va a ser un padrazo...
A.P. Va a ser un padrazo espectacular, pero aún no...
H.C. Tiene un hermano que es marino y se dedica a las labores humanitarias, Fede.
A.P. Estuvo hace unos meses en la India. Era un momento de su vida que lo necesitaba y que le vino muy bien. Tener la suerte de poder ocupar tu tiempo en ayudar a otras personas es un lujo y él ha tenido esa oportunidad y la ha aprovechado.
H.C. ¿No le da miedo cuando se va tan lejos de casa?
A.P. Eso siempre, pero entonces no vives. Ese miedo lo tengo con mi madre, con mis hermanos, con mis hijos... Pero te puede pasar igual cruzando la calle.
H.C. Pero la mayoría de ustedes han heredado la pasión por la comunicación, como su padre... ¿Se lo enchufaba en el biberón?
A.P. Al final tiras por lo que ves en tu casa. Como el que su padre es médico y estudia Medicina. Al final lo mamas. Lo ves tan de cerca que le coges el gustillo. Nosotros al final de cuatro, tres. Andrea está en Marca TV presentando 'Pista Azul', Joaquín con Ana Rosa y con mil proyectos más y Fede, aunque no se dedique a la comunicación podría haberlo hecho, porque es un trasto y allá donde va todo el mundo le conoce.
H.C. Hablando del terreno profesional, ¿cómo le va? Porque tiene un programa en Mitele, de Tendencias...
A.P. De momento está en el aire y no sabemos si seguirá o no. Mi vida profesional está un poco en 'stand by'. A ver si podemos hacer algo en Barcelona. Me estoy dedicando más a la publicidad. Si surge algo de tele, encantada, pero la crisis existe como en todas las profesiones, aunque la gente se piense que esto es un camino de rosas. Hay que luchar y adaptarse.
H.C. ¿Cómo se compagina criar a tres niños con el trabajo?
A.P. Con organización germánica total y absoluta. Horarios, todos lo mismo, disciplina... Es la única manera. Estoy acostumbrada desde pequeña porque montaba a caballo y compaginaba mis estudios con la equitación, a la que dedicaba tres horas cada tarde más muchas horas del fin de semana. Estaba acostumbrada a organizar mi vida para que me diera tiempo a todo. Y con los niños hago lo mismo. Y creo que los niños lo agradecen y los padres más.
H.C. ¿Qué le queda por hacer en su vida laboral?
A.P. Todo. Estamos con el camino recién empezado. Entre que eres joven, que estudias, los niños... Encauzas tu vida y, de repente, me encuentro otra vez como empezando.
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