Carles Puyol, que se encuentra recuperándose de unja lesión, intentó por todos los medios que Miki Roqué, salido de la cantera culé, se aferrara a la vida y le ganara la batalla al cáncer. Tanto que se encargó de costear la operación en mayo de 2011, dos meses después de que Roqué, entonces en las filas del Betis, anunciara que dejaba el fútbol hasta haberse recuperado por completo.
Por eso ayer Puyol era uno de los más afectados en el entierro de su amigo celebrado en Tremp, Lérida, localidad de nacimiento del número 26 del club sevillano, que se echó a las calles para despedir a su vecino.
Cabizbajo y ocultando los ojos con unas gafas de sol, hacía acto de presencia en un funeral al que también acudieron varios miembros de la familia bética; el presidente del Sevilla, José María del Nido; los jugadores verdiblancos Cañas y Beñat, y Emilio Butragueño, entre otros muchos.
300 niños de los clubes deportivos de Tremp hicieron pasillo al féretro que llevaban a hombros amigos de toda la vida y compañeros de equipo ante el dolor incontenible de sus familiares.
El propio Puyol escribía en su cuenta oficial de Twitter nada más terminar el entierro: "Miki ya descansa en paz, ha sido un ejemplo de entereza y valentía. La despedida muy emotiva, Uno nunca se va mientras es recordado...".
Miki Roqué, fallecía el pasado domingo e, instantáneamente, el mundo del deporte empezaba a enviar sus condolencias y a mostrar su dolor a través de las redes sociales.
Los futbolistas de la Selección española de fútbol solo tienen en mente una cosa: ganar la Eurocopa y dedicársela a dos 'cracks' que nos han dejado recientemente: Manolo Preciado y Miki Roqué.
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