Tanto la boda como la luna de miel responden al carácter de ambos: discretas, exentas de grandes celebraciones ni manifestaciones románticas. El 3 de agosto Felipe González y Mar García Vaquero firmaban en la Junta Municipal del Distrito de Retiro (Madrid) los papeles que les convertían en matrimonio después de tres años y medio de relación –al menos la parte conocida–.
Las únicas testigos fueron María, la hija del expresidente, y una de las dos hijas que Mar tuvo en su primer matrimonio, finalizado hace 11 años. El enlace civil fue un deseo consumado tras obtener el expresidente la confirmación del divorcio de Carmen Romero en marzo –su relación de hecho había acabado muchos años atrás, como confesó en una entrevista la propia Carmen–. No parece que fuera más que un trámite para oficializar un amor del que jamás ninguno ha dicho públicamente una sola palabra.
Simples vacaciones
Casi de inmediato, partían para Ibiza junto a algunos familiares y amigos con los que compartir lo que parecen más unas simples vacaciones que una dulce luna de miel, aunque el expresidente tuvo que interrumpirlas para regresar a Madrid y dar el último adiós a su amigo Sancho Gracia. Estas imágenes, las primeras tras la boda, muestran uno de sus salidas en barco, siempre en compañía.
Lo más destacado: el bikini de Mar, un bonito adorno a unos 50 años muy bien llevados, y los sempiternos puros de González (20 años mayor), que prefirió no probar el agua ni tomar demasiado sol. Cuando acaben estos días de descanso, continuarán con la vida que llevaban, muy desligada de eventos y apariciones públicas.