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Desde su infancia Inés Sastre es uno de los rostros más conocidos y más bellos de nuestro país, pero al mismo tiempo, es una de las personas de cuya vida menos se sabe. Descubrimos a la mujer que hay tras la modelo y actriz en una entrevista íntima y exclusiva en un rincón de Sevilla.

Inés Sastre empezó en el cine de la mano de Carlos Saura siendo una niña y ha sido durante años la imagen de España en el exterior. Amante de la cultura, intelectual, sencilla, reflexiva, vital, luchadora, aventurera y discreta, confiesa rozar la locura por una personita que levanta algo más de tres palmos del suelo y que se llama Diego, su hijo.

Nos cruzamos con ella frente a una taberna sevillana del Barrio de Santa Cruz y, tras un improvisado reportaje fotográfico, hablamos cobijados por las paredes de un viejo palacio convertido en hotel.


Hoy Corazón: ¿Qué siente en su interior Inés Sastre?
Inés Sastre:
Me siento sobre todo muy feliz de hacer el trabajo que me gusta. Empecé muy joven haciendo una película con Saura y volví al cine con Antonioni. Además, me encanta hacer fotos, representar también un cierto tipo de mujer, a través de mis imágenes y, sobre todo, esto me da una posibilidad de comunicarme, a pesar de haber sido relativamente tímida.
H.C.: ¿Qué papel juega la cultura en su vida?
I.S.:
Uno muy importante. Creo que vivimos en una España y una Europa llena, con mucha riqueza y muchas opciones. Siempre tuve curiosidad por conocer, con lo cual, casi todo me interesa. Soy muy sensible a la belleza.
H.C.: ¿También disfruta de las cosas sencillas?
I.S.:
Es que he sido siempre muy 'disfrutona'. Siempre he disfrutado mucho de todo, de las cosas pequeñas y de las más sofisticadas. Siempre digo que me divierto las 24 horas del día. Soy una persona a la que le gusta gozar y disfrutar de cada momento, me divierto con facilidad.
H.C.: Me han dicho que ha leído usted el 'Cantar de Cantares' y la 'Biblia'…
I.S.:
Cuando hice Filología Francesa en La Sorbona siempre me interesó la Literatura Española y cómo reflejaba ese crisol de culturas que España había acogido en su seno. En esos momentos estaba leyendo también Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, una pequeña joya.
H.C.: ¿Cómo se compagina la fama con el recogimiento?
I.S.:
Hay que tomarse tiempo para uno mismo. Las cosas van demasiado rápidas y, de vez en cuando, hay que dar un paso atrás para permitirse la reflexión, ya sea en la naturaleza o en una iglesia. Me parece que es importante perderle un paso a la vida para analizar las cosas con distancia y, en cierto modo, no perderse. Para mantenerse fiel a uno mismo y mantener nuestra propia esencia.
H.C.: Es embajadora de Unicef. ¿Qué aporta?
I.S.:
Siempre he estado muy interesada en todo lo relativo a la infancia, más aún desde que tuve a mi hijo. Ahora colaboro con una fundación que se llama Premup, de embarazos y prematuridad. Tiene sentido porque los embarazos ahora son más tardíos que antes, y hay muchos múltiples… Es un fenómeno social que necesita más información y formación. Colaboro en la recaudación de fondos y en la comunicación. Es importante poder implicarse en causas que tocan a nuestra sociedad y, sobre todo, un sector tan desprotegido como puede ser la infancia.
H.C.: Transmite serenidad. ¿Ha encontrado la paz interior?
I.S.:
Yo siempre he sido de naturaleza reflexiva. Creo que es un proceso, hay momentos más fáciles y otros difíciles, pero es que la vida es una aventura y todo depende de cómo vas aceptando lo que sobreviene. La verdad es que me encuentro muy feliz y muy, muy tranquila.
H.C.: ¿Qué tiene Sevilla que le hace volver con frecuencia?
I.S.:
Sevilla es una ciudad maravillosa y una de las más bonitas del mundo. Llevo muchos años viviendo en el extranjero y es una de las cosas que me faltaba. Necesito mucho este sol, este ambiente. Necesito la luz de España…
H.C.: Hay quien dice que necesitamos el Sur para encontrar el Norte…
I.S.:
En cierto modo sí. Es una maravilla. Sus calles y sus gentes tienen una alegría que se contagia. Tiene un ambiente especial. Es necesario venir aquí para tener buena salud mental.
H.C.: ¿Cómo es su hijo?
I.S.:
Es lo más grande (risas). La verdad es que he tenido suerte porque me ha salido un niño muy simpático, muy bueno. Tiene cinco años y medio. Es deportista, despierto, un niño realmente fácil. ¡Estoy loca con él!
H.C.: Con 12 años ya tuvo su primera experiencia laboral…
I.S.:
Es cierto que tuve unos inicios precoces y que también luego me tomé mi tiempo, que es típico en los niños que empezamos a trabajar pronto. Necesitaba vivir todas las etapas.
H.C.: ¿Tenía claro desde pequeña lo que quería ser de mayor?
I.S.:
No. Creo que en cierto modo el destino en mi caso siempre ha estado marcado. Siempre le digo a mi hijo que «la aventura es la aventura» (risas). Cuando la gente planifica demasiado las cosas, pueden dejar escapar un momento de magia.
H.C.: Nació en Valladolid y de niña se fue a Madrid. ¿Con qué soñaba la pequeña Inés?
I.S.:
Era muy soñadora. Me encantaba leer, escuchar la radio… Era muy tímida pero muy imaginativa, y jugué hasta muy tarde con legos, construcciones… y luego empecé a jugar con otras cosas (risas). Es importante vivir esos años y desarrollar esa inocencia. La infancia es decisiva.
H.C.: Su primera película fue  'El Dorado', de Carlos Saura. ¿Qué aprendió de él?
I.S.:
¡Muchísimo! Fue una película difícil de rodar. Cuando volví del rodaje no quería hablar de ella para no suscitar envidias. Lo que quería era volver al colegio. Cuando se es niño la interpretación se vive de verdad, se ve todo de una manera natural. Recuerdo con cierta angustia la escena de mi muerte. Yo lloraba mucho, porque me moría de verdad. De niño se tiene cierta tendencia a creerse la ficción con facilidad.
H.C.: ¿Cómo es ahora su vida en París?
I.S.:
Muy agradable. Es una ciudad que conozco bien. Allí nació Diego, es donde está escolarizado y donde desarrollo una gran parte de mi carrera… Pero la verdad es que echo de menos España. Por eso intento volver cada vez que puedo. Es una ciudad cómoda, a diferencia de Londres, donde estuve viviendo una temporada y, además, por su condición anglosajona, es una ciudad más masculina y siempre he pensado que París es una ciudad más femenina.
H.C.: ¿Qué podría decirme que no se sepa de usted misma?
I.S.:
(Risas)A mí muchas veces se me ha tachado de ser una persona fría y distante, pero creo que eso ya está superado. Con el paso de los años se han dado cuenta de que lo que escondía era timidez. El hecho de haber estado desde pequeña expuesta públicamente me ha hecho protegerme y mantener un espacio y una distancia.
H.C.: ¿Qué proyectos tiene?
I.S.:
Estoy planteándome una vuelta al cine sin pausas pero sin prisas. Ahora el cine es un mundo más grande y más autónomo. Quiero seguir trabajando para la Fundación Premup y ocuparme de Diego.
H.C.: ¿Cómo se imagina usted misma el día de mañana?
I.S.:
No me gusta plantearme el medio-largo plazo porque todo cambia de un día para otro. Soy persona de vivir el día a día y de no perderme las cosas que la aventura diaria me ha ido planteando.
H.C.: Es usted Escorpio y estos son amantes de la vida… ¿Se acerca a esta descripción?
I.S.:
Totalmente, amante de la vida y de la intensidad. Es más, es que mi vida está rodeada de escorpios y tenemos cumpleaños de dos en dos.
H.C.: ¿Cómo hace para estar tan guapa siempre?
I.S.:
Soy muy dormilona. Necesito dormir ocho horas y beber agua. Son dos cosas que funcionan, aunque el estado anímico también cuenta mucho. Hay que reírse. Tener sentido del humor. También le insisto a mi hijo en que debe tener cierto espíritu deportivo porque en momentos difíciles ayuda.
H.C.: ¿Tiene una receta para ser feliz?
I.S.:
Dormir mucho (risas). Fuera de bromas, hay que transmitir valores positivos, trabajar en lo que te gusta y disfrutar con el día a día. Reírse mucho ayuda a estar feliz, creo que hay que obligarse a reír.

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