Isabel Preysler ha sufrido lo que considera una burda manipulación de
sus palabras en el contexto de una entrevista realizada por una
reportera que se presentó como perteneciente al programa de reportajes
que emite Cuatro, Callejeros.
Le preguntó sobre la marcha, durante la
entrega de unos premios, cómo veía la crisis en el mundo de la moda y si
ella era consciente de lo que estaba pasando en la calle. Isabel
contestó, según me cuenta, que claro que se notaba la crisis en el mundo
de la moda, como en todo, y que ella era muy consciente de lo que
ocurría en la calle porque lo vivía muy de cerca con gente muy allegada.
Estaba presente en la corta entrevista su hija Ana Boyer, quien al igual
que ella quedó sorprendida al ver los titulares de diversos medios
informativos al referir como suya la frase: "En casa también lo estamos
pasando muy mal".
Isabel Preysler Según está el país sería ridículo que dijera algo
así, con intención en ese sentido, cuando sé y soy consciente de que lo
mío es una situación de privilegio frente a los casos que conozco y que
me tocan muy cercanos. Y podría decir que lo estoy pasando muy mal
viendo los casos que veo y atendiendo a las peticiones de ayuda que
recibo, pero, por favor, no cabe en ninguna cabeza que pudiera decir
algo así, porque sería muy injusta con tanto sufrimiento como existe
ahora mismo y yo soy una persona que tengo los pies en la tierra.
Hoy Corazón ¿Quizá se la comprendió mal al decir que sentías la crisis como todo el mundo?
I.P. Es que es cierto que siento la crisis como todo el mundo. Es
evidente. Y sufro cuando me llegan, como digo, peticiones de ayuda por
parte de amigas, de gente que trabaja con nosotros y que tienen hijos
que no encuentran trabajo. Peticiones de personas que han colaborado con
nosotros y que buscan la posibilidad de que les pongamos en contacto
con quienes pudieran ofrecerles algo. ¿Cómo voy a ser tan inconsciente
de decir que lo estamos pasando muy mal nosotros con lo que siento y veo
a mi alrededor. Casos que ponen la piel de gallina y a los que,
desgraciadamente, muchas veces no se consigue esa ayuda porque no hay
ese puesto de trabajo que necesitan.
H.C. Nunca la había visto tan disgustada…
I.P. Es que no se puede frivolizar con el dolor. No se puede poner
una intención determinada en mis palabras y menos cuando no se han dicho
en ese contexto que se pretende. Hay mucho sufrimiento ahora mismo como
para que alguien pueda pensar que yo estoy quejándome. Como te he
dicho, tengo los pies en la tierra y vivo muy de cerca lo que está
pasando, tanto por la información obvia, como por la inmediatez de
algunos casos. Por eso me disgusta profundamente que se pueda manipular
con tanta frivolidad unas declaraciones con titulares en algunos medios y
comentarios en algún programa de televisión en los que daban por bueno
algo que yo jamás manifesté y una intencionalidad que solo sería posible
en alguien con menos de dos dedos de frente.
H.C. Me comentaba que usted también se ha apretado el cinturón…
I.P. Como todo el mundo. A ver, la crisis ha alcanzado a todos los
estamentos de esta sociedad. Pero es innegable que en mayor medida a
unos que a otros. Por eso no se puede tomar a la ligera unas
declaraciones que pueden resultar dolorosas e hirientes en un momento
así. Yo también me aprieto el cinturón. Eso es innegable. Este es el año
en el que menos hemos gastado. Pero es lógico. De eso a quejarme porque
lo estamos pasando muy mal sería una irresponsabilidad y una
comparación odiosa frente a casos que existen y que todos conocemos
verdaderamente dramáticos.
H.C. ¿Por qué cree que se ha titulado así?
I.P. Tú lo has dicho, porque es un titular perfecto para dar qué
hablar. Pero no se debe manipular. Se hace mucho daño. No se puede jugar
con temas tan delicados que tanto sufrimiento están provocando.
H.C. Además, no se enteró del revuelo del dichoso titular hasta una semana después.
I.P. Es cierto. Me encontré la sorpresa al volver de viaje de
Filipinas y fue una auténtica bofetada a la inteligencia, porque he
sentido vergüenza ajena al leer y ver comentarios que partían de una
intencionalidad que nunca había existido.
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