Isabel Preysler y la tarde en la que me enamoré de ella

  • Isabel Preysler tiene tanto 'glamour', que un servidor se enamoró de ella la primera vez que la vi... aunque llevara un chándal.

Se me ha puesto un culito duro, firme y respingón gracias a Paulina Rubio. Prueben ustedes, resultado garantizado. Pónganse los cascos y escuchen su último tema, Boys Will Be Boys, mientras salen a pasear. 

Pero, por favor, no se dejen llevar como yo, que mis vecinos me señalan con el dedo cuando me ven moviendo las caderas y dando saltitos, que solo me faltan los rizos dorados –¡ay!– para ser la réplica masculina de la ex de Nicolás.

Vamos al grano, que luego me da la bronca la 'dire'. Yo me enamoré de Isabel Preysler una tarde de primavera de los 90 del siglo pasado. Habíamos quedado para un encuentro con un colega que le iba a pedir colaborar en un medio de papel cuché y yo hacía el papel de introductor, ya que ellos no se conocían.

Isabel nos citó en su casa de Puerta de Hierro. A la hora concertada, tocamos el timbre junto a la gran puerta metálica que divide el mundo del glamour del resto de los mortales.

Los mortales accedimos a un sendero larguísimo que recorre el jardín hasta las columnas y escaleras que forman la entrada del edificio. Allí un mayordomo nos guió hasta uno de los salones, donde ambos nos hicimos muy pequeñitos, incrustados en un sofá que nos devoraba.

Y llegó ella. En chándal. Un chándal monísimo. Y sentí no llevar una cámara y ponerme de rodillas para suplicarle que me dejara hacerle una foto: la primera imagen de Isabel en chándal, pero me contuve porque sus ojos se clavaron en los míos y ahí me enamoré.

No por sus palabras que suenan caramelo ni por el suave balanceo de su cuello cuando sonríe. Sus ojos fueron los culpables de que me hiciera para siempre suyo. Mi colega también quedó hipnotizado y, al volver al mundo, se dio cuenta de que se le había olvidado proponerle la colaboración, motivo de la cita.

Ahora que está luchando junto a Mikel –como ella le llama– por superar ese bache de salud, quiero enviarle el recuerdo de aquel encuentro y un beso lleno de fuerza.

Una indiscreción...

Tienda de zapatos de la calle Claudio Coello de Madrid. Una dependienta ve que enfrente hay fotógrafos y se lo dice a su clienta Ana Obregón. Ana aparece en la puerta del local tapándose con un bolso y gritando: "¿Queréis que llame a la policía? Que la llamo, ¿eh?… Ya veréis como la llamo".

Un matrimonio observa la escena y el marido le dice a su mujer: "Si no nos habíamos enterado de que estaba la Obregón, ya se ha encargado ella de que lo supiéramos".

...y una pregunta

¿Quién es la famosa novia de un famoso futbolista que comienza a tener dudas sobre la boda?

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