Acaba de celebrar su boda con Vittorio Manuel en una finca de Toledo hace pocas semanas. En contra de lo que ocurrió cuando se casó con Chente Escribano, esta vez, Marisa Jara ha optado por una ceremonia privada, con pocos invitados, y con la esperanza de que esta unión «será la definitiva».
Hoy Corazón Este verano la han elegido madrina de las nuevas aplicaciones de Blackberry (una de las más curiosas es la ahuyenta mosquitos), pero nos gustaría saber en qué se va a aplicar esta temporada.
Marisa Jara Lo primero, en la dieta y en estas vacaciones, que estaré por Cádiz, por Caños de Meca; no me apetece volver a Ibiza. He estado muchos años, y paso por otro momento de mi vida. Iré primero un par de semanas a Huelva y luego con mi chico a las playas gaditanas.
H.C. ¿Qué le pierde para saltarse un régimen?
M.J. Mi problema es que me gusta todo. Soy muy golosa y a veces se me va la olla y me tomo una tableta de chocolate entera. No tengo medida. Por eso me va muy bien con el tratamiento de la Clínica Ravena. Es el único método que me mantiene en línea ya que me considero una adicta a la comida. Si no fuera por ellos, no cabría por la puerta. Te llaman, te controlan, te cuidan, te dan cariño y están pendientes de ti. He hecho muchas dietas pero nunca me curé el ansia por los atracones. Llevo dos años con ellos y sigo con el mantenimiento. En cuanto me ven en las fotos con dos o tres kilos de más ya me están llamando.
H.C. Está en un momento muy especial de su vida, enamorada y trabajando en Italia.
M.J. Sí. En Italia, en Londres, en Alemania, donde sigo haciendo catálogos… Entre unas cosas y otras no he parado. En España tampoco me puedo quejar, casi todas las semanas tengo algo.
H.C. ¿Es usted de las que logran librarse de la crisis?
M.J. No, me afecta como a todos. Pero aunque haya menos, sigo teniendo ofertas. Hoy, con tener trabajo, aunque sea poco, ya me conformo. En mi familia estamos sufriendo la crisis con mi hermano, que está en el paro, pasándolo fatal; también tengo un primo que tampoco tiene empleo… Solo con hacer algo, tengo motivos para estar contenta.
H.C. Su marido tiene una tienda de antigüedades, ¿usted ya se involucra en el negocio?
M.J. Bueno, es de su padre. La verdad es que me interesa desde que estoy aprendiendo. Es muy curioso cómo un tapete puede costar tanto dinero. El otro día le decía: «Cariño, pero si esta pieza parece que la han cogido de la basura», y él se moría de la risa. Para mí es un mundo nuevo que tiene cosas apasionantes.
H.C. Su primera boda fue con toda la ilusión del mundo, pero las cosas no salen siempre como uno quiere. ¿No tenía miedo ante una segunda boda?
M.J. No, porque tenía ganas e ilusión. Pienso que porque me haya salido una vez mal no tiene por qué volver a ocurrirme. Voy a luchar todos los días, y más después de haber tenido un fracaso, para hacer las cosas bien, con cabeza y convencida de que esta vez todo irá bien.
H.C. Lo que está claro es que cree en el matrimonio. Se casa apenas nueve meses después de conocerle.
M.J. Sí que creo. Tengo en mi casa el ejemplo de mis padres, que llevan toda la vida juntos y hay que ver cómo se quieren. Es impresionante el amor que se tienen y cómo se cuidan después de más de 30 años casados. Es que no pueden vivir el uno sin el otro. A veces la casa parece como la serie Escenas de matrimonio, como pasa en muchas familias, pero es una pasada ver cómo se cuidan. Y eso es lo que yo quiero para mí. Tener un amor para toda la vida. Incluso con sus celitos. Me encantaría que me pasara como a ellos.
H.C. ¿Y qué tiene su marido para saber que es el hombre de su vida?
M.J. Somos muy parecidos. Fíjate que los dos somos Acuario, cumplimos años el mismo día, el 1 de febrero. Es un hombre muy tradicional, me encanta porque no le gusta llamar la atención, discreto, prefiere estar en un segundo plano. Le encanta estar conmigo en mis cosas, porque respeta mi profesión, pero no quiere aparecer en los medios. Además es muy cariñoso y me lo demuestra día a día. Nos reímos muchísimo juntos y hay algo especial entre los dos.
H.C. ¿Le preocupa que por esa forma de ser tradicional pueda ponerle reparos a la hora de seguir con su carrera?
M.J. He bajado mucho el ritmo de viajes porque, sinceramente, llevo desde los 15 años recorriendo el mundo con la maleta sola y a mis 31 años ya no me apetece para nada seguir así. Ahora le suelo pedir que me acompañe cuando voy a Alemania dos días y así estamos juntos más tiempo.
H.C. Deduzco que ahora quiere apostar por su vida personal antes que la profesional.
M.J. Sí. Quiero ser feliz y no estar todo el día desesperada fuera de casa y dejar a mi pareja sola. La distancia a veces puede estropear mucho las cosas. Creo que hay que cuidar el matrimonio. Si te casas y te vas por trabajo a rodar tres o cuatro semanas, es una pasada de tiempo y no creo que las cosas funcionen así.
H.C. ¿Tienen planes de hijos?
M.J. Por supuesto. Soy muy niñera y aunque ahora mismo no, espero que dentro de un año pueda ser mamá.
H.C. ¿Por qué decidió casarse vestida de blanco?
M.J. Porque quería una boda boda, aunque fuera por lo civil. Aunque solo estuvieran nuestros íntimos y la familia.
H.C. ¿Tiene previsto seguir viviendo en Madrid?
M.J. Sí, aquí tenemos nuestra casa. Ahora estoy viviendo un momento de muchos cambios. Es curioso, porque he estado muy enamorada de mi profesión como actriz pero ahora solo quiero acabar la temporada que tengo pendiente y dejarlo. No me apetece más ser actriz, y a mi pareja tampoco le hace gracia ese trabajo. Por suerte nunca he tenido que interpretar escenas fuertes, pero ahora no lo haría nunca. Ni un desnudo en una publicación ni porque lo exija el guión en una película. Le daría algo. No, ahora quiero apostar por mi matrimonio. Además ya he vivido experiencias fantásticas, ir a los Festivales de Cannes o Venecia, saber lo que es el éxito de protagonizar una película... Pero todo eso no me ciega. Soy más feliz en mi casa. Como ahora, que me paso horas pegando cristalitos en los bolsos de fiesta que hago para mi primera colección o preparándome un café. Esto me llena más que todo lo otro.
H.C. ¿Cuáles han sido sus regalos de pedida?
M.J. Un anillo que no me quito nunca y el suyo, un reloj.