Silvia Abascal, que el pasado mes de abril sufrió un derrame contra cuyas secuelas lucha, protagonizó el momento más emotivo de la gala al reaparecer en público.
Casi un año sin aparecer. Por eso, la gran familia del cine esperaba con los brazos abiertos a una Silvia Abascal que estuvo espectacular en su regreso a la vida pública.
Cuando apareció en el escenario del Palacio de Congresos de Madrid, del brazo de Miguel Ángel Silvestre, sonó uno de los aplausos más sonoros de la noche. No era para menos. Tras debatirse entre la vida y la muerte, la actriz, que aún no está recuperada del todo, volvía a sonreír sobre las tablas, que es su hábitat.
Momentos antes de que comenzara la ceremonia, sobre la alfombra roja decía estar "emocionada de estar aquí. Para mí estar aquí significa mucho más que estar en los Goya".
"Han sido 10 meses de mucho esfuerzo", aseguraba aludiendo al lento proceso de recuperación que está teniendo que seguir para volver a ser la de antes y darnos papeles como los de 'La dama boba' o 'Pepa y Pepe'.
También tuvo tiempo para acordarse de sus familiares y de sus compañeros de profesión: "El mayor premio es el amor de tu gente. Ese es el verdero Goya".
Anoche Silvia Abascal se llevó la estatuilla más grande de todas las que se entregaron: la ovación de sus colegas de profesión.
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