Silvia Gómez-Cuétara y Juan Antonio Pérez Simón han pasado juntos este verano en la espectacular mansión que él tiene en el pueblo asturiano de Niembro. La prensa local ha dado algunos detalles, como que han salido poco, aunque se les ha visto por el romántico paseo de San Pedro, en Llanes, así como en algunos restaurantes y sidrerías de la localidad.
También han hecho excursiones a Ribadesella u Oviedo, y han recibido la visita de algunos amigos, como Carmen Martínez-Bordiú y Jaime de Marichalar, invitados a una fiesta que la pareja organizó a principios de agosto. O Plácido Domingo y su mujer, Marta Ornelas, que celebraban sus bodas de oro y a quienes Pérez Simón mandó su avión privado a Verona para poder pasar juntos un par de días en su residencia asturiana. A los cuatro se les fotografió durante una visita al Museo de Bellas Artes de Oviedo.
Los más cercanos a la pareja les ven felices y no se equivocan. Silvia y Juan Antonio se conocieron el año pasado y poco a poco fue surgiendo una relación más estrecha de lo que en principio cabía esperar. Este ha sido su primer verano en pareja y, como es habitual en ambos, todo ha quedado (casi) en casa porque no son de airear intimidades.
Tampoco se esconden, porque no hay nada que ocultar. Simplemente disfrutan de su tiempo libre juntos sin temores, lo que sin duda ha facilitado que la relación saliera a la luz. Aunque poco mediática por su extrema discreción, Silvia, de 48 años, fue tristemente noticia hace dos, cuando falleció su marido, el empresario y promotor inmobiliario Luis García Cereceda, creador de la exclusiva urbanización La Finca, en las afueras de Madrid. Sin embargo, Pérez Simón es un personaje desconocido para el cuché.
Indiano del siglo XXI
La historia de Juan Antonio tiene poco que ver con la de Silvia. Nacido hace 71 años en un hogar humilde de Turanzas, en Llanes, tuvo que emigrar con solo cinco años en busca de una vida mejor. Primero se marchó su padre y luego le siguieron él y su madre.
Tras una infancia que él describe como feliz en el campo asturiano, rodeado de vacas, se tuvo que enfrentar a una realidad muy distinta, sobre todo después de la muerte del cabeza de familia. Fue entonces cuando asumió la difícil responsabilidad de sacar adelante a su madre y a sus tres hermanos. Descubrió el arte a los 15 años gracias a una novia y a partir de ese momento se convirtió para él en una obsesión.
No solo la pintura y la escultura que colecciona, sino también la música y la literatura. De hecho, asegura tener cinco libros escritos que nunca ha querido publicar. Tras estudiar Económicas, viajó a Europa, donde pasó una semana entera en el Museo del Louvre. En Madrid empezó su colección con dos reproducciones que compró al salir del Prado.
Para los cuadros auténticos aún tuvo que esperar a los años 70, cuando sus pasos se cruzaron con los de Carlos Slim, a quien en alguna ocasión ha descrito como su "hermano". Juntos crearon lo que hoy es el gigantesco Grupo Carso. El 70% fue para Slim y el 30% para el asturiano.
En la actualidad tiene más de 1.500 obras de artistas como Goya, Rubens, Miró, Dalí, el Greco..., y asegura que desconfía del futuro de algunas obras del arte contemporáneo, que puede ser difícil de entender. Comprar una gran obra para él es "inexplicable, algo así como una experiencia mística, religiosa, comparable al éxtasis y a la levitación", según declaró en una entrevista concedida al 'XL Semanal'. El niño que hace más de medio siglo viajó con un billete de tercera clase a América, hoy tiene pinturas en todos los cuartos y regaló a su pueblo un paseo de casi un kilómetro que une la población con la vecina Posada.
Íntegro y generoso
Porque Pérez Simón es extremadamente generoso. Los que le conocen le describen como un hombre de una educación exquisita y un bagaje cultural asombroso. Aseguran que se pueden pasar horas escuchándole contar historias porque da gusto oírlo y porque sabe de lo que habla. Hecho a sí mismo y convertido en multimillonario, no ha perdido jamás el contacto con la realidad más mundana.
Sabe y conoce de cerca los malos momentos que atraviesa el mundo más allá de lo que pueda perjudicarle empresarialmente. Tiene una gran conciencia solidaria y unos valores muy sólidos. Su familia siempre será lo primero. Y lo demuestra la fantástica relación que mantiene con su exmujer, Josefina Carrera, de quien se separó hace ya 12 años.
Padres de una única hija, se ven con muchísima frecuencia en actos familiares en los que aprovechan para reunirse con sus nietos y ejercer de abuelos. Jamás se oirá en boca de Juan Antonio una mala palabra sobre Josefina. Muy al contrario, todo son alabanzas, a pesar de que aquello finalmente acabó en ruptura. Pero en la mejor de las rupturas. En una de esas en las que triunfa el amor profesado durante tantos años, el cariño, el profundo respeto y una sincerísima amistad.
Así es Juan Antonio Pérez Simón. Un trabajador incansable que se ha ganado a pulso su imperio y que, después de padre y abuelo, se concede el capricho de coleccionar arte. Aunque hay una cosa que se le ha resistido. En cierta ocasión pujaba por un Zuloaga y no fue capaz de conseguirlo. Se lo llevó otra coleccionista muy conocida: la baronesa Thyssen. Afortunadamente, la última adquisición para su inmensa colección ha sido un Velázquez que ya cuelga en una de sus paredes.
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