Desde que la Infanta doña Cristina contrajo matrimonio con Iñaki Urdangarin, su presencia ha sido habitual tanto en el desfile militar como en la recepción que los Reyes ofrecen posteriormente. Ni siquiera entre el millar de asistentes Urdangarin podía pasar inadvertido en los salones del Palacio Real, ya que su cabeza sobresalía dos palmos por encima de las de los demás.
En esta ocasión, sin embargo, ni doña Cristina ni su marido asistirán a la celebración institucional más importante del año. Su ausencia ese día será el signo más visible de la decisión que anunció la Casa del Rey el pasado diciembre, cuando apartó de la actividad oficial a Urdangarin por su comportamiento poco ejemplar en el manejo de sus negocios.
De momento, la pareja continúa instalada en su casa de Pedralbes, a la espera de trasladarse a otra vivienda más discreta, también en Barcelona, y de alquilar o vender el chalé que, para la opinión pública, simboliza el rápido enriquecimiento personal del duque de Palma. Mientras la Infanta acude cada día a su trabajo, su marido, visiblemente desmejorado, apenas sale de la residencia, donde aguarda la celebración de un juicio que podría demorarse aún hasta primavera.
La próxima Fiesta Nacional será también la primera para Mariano Rajoy como presidente del Gobierno y para todos los ministros de su equipo, que se estrenarán con la celebración más austera y sobria de los últimos tiempos. En el desfile militar, que volverá a recorrer el trayecto comprendido entre la madrileña plaza del Emperador Carlos V -Atocha- y la de Cuzco, con la tribuna presidencial en Neptuno, no participarán aviones ni tanques. Solo se salvará la Patrulla Águila, que pintará la bandera nacional en el cielo, como es tradición en esta celebración.
Tras el desfile no faltará la recepción que don Juan Carlos y doña Sofía ofrecen en el Palacio Real a representantes de todos los sectores de la sociedad y a la que asisten desde las altas autoridades del Estado a periodistas, pasando por políticos de todos los tiempos e ideologías, profesores, académicos, actores, empresarios, escritores o científicos. En la recepción se servirá un austero vino español, que corre a cargo del presupuesto de la Casa del Rey.
Lo que no se sabe todavía es si se mantendrá el saludo individual de todos los invitados a la Familia Real -Reyes, Príncipes de Asturias e Infanta Doña Elena-, como se hacía hasta 2010, o se repetirá la fórmula del año pasado, en el que se suprimió el besamanos. Y es que el saludo, uno por uno, solía durar más de una hora.
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