Epidemia ficticia de embarazos en las casas reales europeas

  • Las princesas europeas están en el punto de mira gracias a una epidema de rumores en los que se dice que Letizia, Charlene y Catalina, esperan bebé.

A falta de otras noticias contrastables, determinados medios de comunicación han publicado estos días los supuestos embarazos de tres princesas europeas: Charlene de Mónaco, Catalina de Cambridge e, incluso, la Princesa de Asturias.

En el primer caso, el embarazo no solo es deseable, sino que urge para garantizar la continuidad de la dinastía con la descendencia directa y legítima del príncipe Alberto, que ya tiene 54 años.

En el segundo caso, el príncipe Guillermo ya ha adelantado su deseo de ser padre, por lo que el anuncio del embarazo podría producirse en breve. En las familias reales se suele esperar a los tres meses de gestación, como periodo de seguridad, para comunicar oficialmente este tipo de noticias.

Pero lo curioso es que ni siquiera doña Letizia se haya escapado de los rumores. A los Príncipes de Asturias les ha protegido el convencimiento extendido, y bastante razonable, de que, aunque a ellos les gustaría tener más hijos, no se arriesgarían a tener un tercero y que fuera varón.

Aunque en estos momentos, sus dos hijas son Infantas de España y, si naciera un varón, sería igualmente Infante, lo cierto es que si se produjera el hecho sucesorio –es decir, que don Felipe fuera proclamado rey–, este arrebataría a Leonor el puesto que ocupa en la línea de sucesión a la Corona, salvo que se modificara la preferencia del varón sobre la mujer en la Constitución.

Y, la verdad, parece poco probable que se realice esta reforma a medio plazo, lo que es una pena, porque prácticamente todas las Monarquías europeas han conseguido abolir esta discriminación.

Las últimas han sido la de Luxemburgo y la casa real británica, que resolvió esta cuestión el pasado octubre, por lo que los duques de Cambridge serán los primeros que se beneficien del cambio. Pero en ambos casos, la modificación legal ha sido mucho más sencilla de lo que sería en España, donde exigiría un referéndum, la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones, entre otros trámites.

Tan importante es esta cuestión constitucional que cuando los Príncipes de Asturias anunciaron que esperaban un segundo hijo consideraron aconsejable dar a conocer también el sexo del bebé antes de que naciera, lo que no había ocurrido nunca antes en la Familia Real. De hecho, en cuanto el ginecólogo que atendía a la Princesa, el doctor Luis Ignacio Recasens, les comunicó que era oLetra niña, Zarzuela lo anunció esa misma noche. Cinco meses después nació la Infanta Sofía.

Siempre habrá quien diga que los Príncipes podrían recurrir ahora a una técnica para elegir el sexo del bebé, y tener un tercer hijo que fuera también niña, pero estas sugerencias forman parte de las maledicencias que ya se dijeron –y publicaron– durante el primer embarazo, cuando hicieron creer a la opinión pública que habían elegido a un varón... y, para sorpresa de todos, nació Leonor.
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