Hace mes y medio una avalancha de nieve dejó sin oxígeno a su marido durante
más de una hora. Ahora la vida del segundo hijo de la reina Beatriz depende
de las máquinas a las que está conectado. Ella decidirá qué debe hacerse ahora.
Mabel acude todos los días al hospital. Le coge la mano y le habla. Tiene la esperanza de que, de alguna manera, él sienta que está a su lado y que lo quiere de vuelta. Pero 75 minutos... Fue demasiado tiempo.Una eternidad para que el cerebro del príncipe Friso (43 años) lograse sobrevivir sin oxígeno.
Los doctores son realistas y la familia, también.
Lo único que hace que siga latiendo el corazón del segundo hijo de la reina Beatriz de Holanda son las máquinas a las que está conectado.
¿Durante cuánto tiempo? Quizá hasta que Mabel, la mujer por la que abdicó de sus derechos reales y por la que abandonó su país,
decida que ya no tiene sentido esperar un milagro.
Tenía solo unos meses cuando el príncipe estuvo por primera vez en la estación de montaña de Lech, en Austria, donde desde hace más de 50 años la familia real holandesa descansar y practica el esquí –la princesa Diana también era una visitante habitual-.
Pasión por la nieve
No mucho después,
el pequeño Friso ya hacía gala de su habilidad en ese deporte y de un carácter en el que encajaban bien los desafíos. Sí,
el príncipe era un esquiador experto y arriesgado, lo que resultó una combinación trágica cuando el pasado 17 de febrero decidió esquiar fuera de pista a pesar de la amenaza de aludes.
Una avalancha le tuvo
sepultado durante 25 minutos hasta que los equipos de rescate lograron retirar los dos metros de nieve que le aplastaban. Los
intentos de reanimación se prolongaron otros 50 minutos. Cuando el equipo sanitario estaba a punto de darse por vencido, notaron el pulso.
"La privación de oxígeno ha causado daños masivos en el cerebro –afirmó el doctor Koller, del hospital de Innsbruck, a donde fue trasladado–. No se puede decir si recuperará la conciencia".
Su mujer y el resto de
la familia decidieron pocos días más tarde llevarlo a casa, en Londres. Permanece internado en la
clínica Wellington, no muy lejos del barrio de Notting Hill.
Era
lo más lógico, sobre todo para las dos hijas del matrimonio, Luana (siete años) y Zaria (cinco), que quieren estar con su padre pero que necesitan la estabilidad que les da el día a día.
Para
su madre, ahora la rutina consiste en pasar horas junto a la cama de Friso mientras las niñas están en el colegio y en recibir a los miembros de la familia real que, con mucha frecuencia, viajan de incógnito a la capital británica para seguir la evolución y acompañar a Mabel, una mujer desecha.
Cualquiera en su lugar pensaría que lo sucedido no es justo;
ya habían pasado demasiado juntos como para que el destino les tuviera reservado el golpe más duro ahora que tenían al fin la vida que deseaban. Esa que le prometió Friso cuando, en
una luna de miel anticipada en México, le pidió que se casara con él.
Inicio de un romance
Cuando comenzó a salir con el hijo de la reina Beatriz, Mabel Wisse Smit (43 años) parecía una más de las rubias con las que el príncipe se solía dejar ver. Aunque para gran parte de la prensa de su país, aquella continuada demostración de 'sex-appeal' real no era más que una tapadera ante los insistentes rumores sobre su homosexualidad.
Mabel terminó por acallar los comentarios. Desde el principio, fue muy bien acogida en la familia, especialmente por la reina: el niño de sus ojos al fin se había enamorado y había escogido bien. Licenciada en Economía y Política, trabajaba en la Fundación filantrópica George Soros. Era inteligente, cariñosa y simpática.
Beatriz de Holanda estaba convencida de que era perfecta para Friso, por el que –todos lo han sabido siempre– siente debilidad, al igual que sus compatriotas. Y no es de extrañar, porque desde pequeño el príncipe ha demostrado encanto.
De sonrisa y chiste fácil, siempre se mostró cercano con todo el mundo, lo que le hacía muy popular en el colegio, a pesar de su fama de empollón. "Podéis pegar a Guillermo, pero por favor, no le matéis porque no me apetece nada ser rey", dijo una vez a los compañeros de clase.
Por entonces, su mundo eran solo los libros, hasta que, tras pasar por la Universidad de Berkeley y obtener su título de ingeniero industrial y un MBA en finanzas de empresa, se dio cuenta de que no solo de letras y números vive el hombre. Así que dejó salir su gusto innato por la aventura: en la montaña, como piloto de carreras, y con las rubias. Luego llegó Mabel y todo cambió mucho más de lo que él pudo imaginar.
El lado oscuro
Los
medios airearon la cara B de la que a ojos de todos parecía la chica ideal. En los 80 se había
relacionado con Klaas Bruinsma, un poderoso narcotraficante involucrado en varios asesinatos, que en 1991 murió tiroteado en Amsterdam.
Ella siempre ha sostenido que aquello nunca fue más allá de una amistad nacida en su infancia, a pesar de que socios y guardaespaldas de Bruinsma aseguraron que fue mucho más.
Muhamed Sacirbey fue su segunda 'amistad' desafortunada. Bosnio de religión musulmana, durante la guerra de los Balcanes se convirtió en un notorio traficante de armas.
Extremista en sus ideas políticas, de
fendió y apoyó acciones que fueron calificadas como crímenes de guerra.
Mabel no pudo negar que su trato con él fue muy cercano, pero otra vez afirmó que no existió una relación. Sea como fuere, el daño ya estaba hecho.
Después de que se
anunciara el compromiso de Friso y Mabel, a finales de 2003, el gobierno holandés rechazó pedir permiso al parlamento del país para celebrar el matrimonio –requisito constitucional para las bodas de los miembros de la casa real–.
Sin embargo, la pareja no varió sus planes, aunque eso significó que antes del enlace
él tuvo que abdicar de sus derechos a la corona. Se lo tomó con humor:
"Bueno, al fin y al cabo, solo era un pretendiente al trono en la reserva".
Una pesadilla real
Pero no cambiaron tantas cosas. Para la mayoría de los holandeses siguió siendo el mismo personaje con encanto. Por eso, la ceremonia resultó tan brillante como una boda real. Mabel estaba radiante con un vestido valorado en 65.000 euros y él declaró que no podía ser más feliz. Beatriz y el resto de la familia también lo estaban.
El enlace fue una reivindicación de la pareja ante las críticas de los más conservadores y las exigencias políticas. Solo hubo un momento de incertidumbre, cuando Guillermo, el heredero, se detuvo antes de firmar como testigo la partida de matrimonio. Se quedó mirando a Friso durante un rato que pareció interminable, hasta que, finalmente, escribió su nombre. Nunca trascendió la razón de ese momento de duda.
Ese mismo año, se trasladaron a Londres para llevar una vida más o menos anónima, un sueño hecho realidad para Friso. Allí nacieron sus dos hijas y desarrollaban sus carreras: él, en el banco Goldman Sachs y luego como director financiero de Urenco, un consorcio de uranio enriquecido; ella, como jefa ejecutiva de Global Elders, una organización que trabaja por la paz y los derechos humanos.
Hasta que en febrero volvieron a escapar unos días con las niñas a Lech, como todos los años, y aquellos terribles 75 minutos pusieron fin a todos sus planes. "Los miembros de la familia de su Alteza Real el príncipe Friso necesitan asimilar la situación y reorganizar sus vidas de acuerdo a ello", decía el último comunicado de la casa real holandesa. Ya solo queda esperar.
Si se confirma el estado vegetativo irreversible, Mabel tendrá la última palabra.