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Tres años después de su traslado a Estados Unidos, los duques de Palma han decidido regresar a Barcelona, la ciudad en la que se casaron hace casi tres lustros, en la que nacieron sus cuatro hijos y en la que vivieron los momentos más felices de su matrimonio.  La Infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, llevaban varios meses preparando su regreso a España y así se lo comentaron a sus amigos más próximos, como adelantó 'Hoy Corazón', pero la decisión no se cerró hasta finales del pasado mes de julio, después de consultarla con la Casa del Rey y con la empresa Telefónica, para la que el duque de Palma ha estado trabajando, primero en España y después en Estados Unidos, desde 2006 y hasta el pasado martes.

Excedencia temporal
Ese día Urdangarin anunció públicamente, mediante un comunicado que difundió a través de la agencia Efe, que había pedido una excedencia temporal con el fin de que el procedimiento judicial en el que está imputado por un supuesto caso de corrupción no perjudique a la compañía. Esta decisión era la mejor fórmula de las posibles para poner fin a una relación laboral que, en las actuales circunstancias, parecía insostenible, ya que suscitaba críticas en algunos sectores de la opinión pública, sobre todo desde el pasado mes de julio, cuando la compañía le renovó el contrato. No obstante, en ese mismo comunicado, Urdangarin dejó la puerta abierta a futuras colaboraciones con esa empresa.

Aunque la decisión del regreso y de dejar Telefónica se cerró en julio, no se hizo pública hasta esta semana con el fin de evitar una mayor presión mediática sobre la pareja durante las vacaciones que ha pasado en España y en el sur de Francia. Y también para que los duques de Palma pudieran realizar con tranquilidad los trámites habituales del traslado, como la reserva de matrícula en el colegio de los niños, la mudanza desde Estados Unidos y la devolución a su propietario de la casa de Washington en la que han estado viviendo los tres últimos años en régimen de alquiler.

Una decisión meditada

Cuando la Infanta y su marido se instalaron a finales de julio durante diez días en el palacete de Pedralbes, estancia que algunos medios de comunicación calificaron de encierro, fue cuando la pareja cerró definitivamente una decisión a la que llevaban meses dando vueltas. Y es que, en las actuales circunstancias, ya no había ninguna razón para seguir viviendo en Washington. Los duques de Palma se trasladaron a esa ciudad en agosto de 2009, después de que el asesor jurídico del Rey recomendara insistentemente a Urdangarin que se desvinculara del Instituto Nóos y que buscara una nueva salida profesional por cuenta ajena y, a ser posible, en el extranjero. Ahora, en cambio, toda la familia tenía razones para regresar a España, sobre todo el duque, que en los próximos meses deberá afrontar un juicio en Mallorca y responder a serias acusaciones por su participación en el citado caso Nóos.
En esta nueva etapa en Barcelona, la Infanta Cristina seguirá trabajando en la Fundación La Caixa y los cuatro niños volverán al mismo colegio en el que estudiaban antes de trasladarse a América, el Liceo Francés; pero no todo será igual que antes. 


Cambiarán de casa en Barcelona
De hecho, los duques de Palma no quieren seguir viviendo en la casa de Pedralbes, que simboliza ante la opinión pública el enriquecimiento de Urdangarin durante los años que ahora se investigan. En principio, la familia pondrá en venta o alquilará Pedralbes y se trasladará a una vivienda más discreta.

Pero, sobre todo, esta nueva etapa en Barcelona estará marcada por la situación que viven desde que se supo que Urdangarin estaba siendo investigado por un supuesto caso de corrupción. Esta circunstancia llevó a la Casa del Rey a apartar de la actividad institucional al marido de la Infanta y, aunque en el caso de doña Cristina se dijo que «ya se verá», lo cierto es que nueve meses después también ha sido apartada de hecho de la actividad oficial. El último acto institucional al que asistieron fue la celebración de la Fiesta Nacional el 12 de octubre del año pasado.

Este aislamiento también se ha extendido a la vida privada de la Familia Real, ya que ni la Infanta ni su marido han asistido a las principales reuniones familiares del último año. No acudieron las pasadas Navidades a la tradicional cena de Nochebuena en el Palacio de La Zarzuela y tampoco han estado este verano unos días en el Palacio de Marivent de Palma de Mallorca, como venían haciendo en los últimos 13 años. Solo sus hijos, Juan, Pablo, Miguel e Irene, pasaron tres días en la isla con su abuela la Reina Sofía. Hasta ahora, con el océano Atlántico de por medio, las ausencias eran menos llamativas, pero una vez instalados en España resultará inevitable que no llamen la atención.

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