Desde que se casó en junio de 1993 con el por entonces príncipe jordano, Abdalá coronado rey en 1999 convirtiendo a su esposa en la reina más joven del mundo con 29 años, se erigió en el objetivo de los fotógrafos por su belleza y su elegancia. Pero los tiempos en los que Rania deslumbraba al mundo, son agua pasada. La reina ha cambiado esas grandes fiestas internacionales en las que el 'glamour' es el ingrediente fundamental, por los actos que reivindican una labor social.
Muestra de ello son sus dos últimas apariciones públicas. La primera de ellas, el 18 de diceimbre, fue la asistencia a una comida en la que el objetivio era revisar el Plan de Acciones para Ayudas a los Niños. La segunda, un día después, la visita a un centro de caridad. Además, evita vestirse de manera demasiado ostentosa y, siempre que es posible, luce el 'caftán' típico jordano.
División de opiniones
No son pocos los jordanos que apoyan a su monarca y alaban la actitud de una Rania que supone un plus positivo para la imagen del país. Pero hay otra facción mucho más crítica. Los primeros alegan que no hay nadie que haya hecho más por Jordania y su gente que la esposa del rey.
Amén de las organizaciones benéficas en las que participa y los proyectos en los que se encuentra inmersa, posa con estilo cuando la ocasión lo requiere y atrae al turismo, lo que es sinónimo de dinero para la caja de un estado que no anda muy sobrado de recursos. Además, ha conseguido la legalización del divorcio y, gracias a sus iniciativas, que la tasa de alfabetización se eleve hasta el 92% de la población, todo un triunfo en una sociedad reacia a los cambios.
Por su parte, los detractores que se arriesgan a una pena de hasta tres años de cárcel por verter críticas contra la familia real opinan que, en virtud de la austeridad con la que tienen que desarrollar su vida los jordanos, debería evitar ser un objeto de exhibición que acuda a las galas con vestidos largos en los que abunda la lentejuela y la purpurina. No entienden cómo una soberana que presume de ser cercana a sus súbditos, vuele con asiduidad EE.UU. para vestirse a la última.
Se estima que la reina se haya llegado a gastar hasta dos millones de euros anuales en ropa y peluquería, y desde hace años figura en la lista 'Forbes' de las 100 mujeres más poderosas del planeta. Si a este cóctel le añadimos su procedencia palestina y el que parte del pueblo la tache de culpable de que Noor cediese la corona a Abdalá, el drama está servido.
Peligro nacional
Hay ya quienes alzan la voz para que Abdalá se busque otra mujer más arraigada al territorio jordano en un partido de fútbol se exhibió una pancarta ofreciéndole dos esposas si se separaba de Rania. Pero la medida más radical se produjo a raíz de las revueltas populares del mundo árabe, que comenzaron a principios de 2011.
Representantes de 36 tribus nacionales arremetieron contra Rania en un comunicado emitido el pasado 8 de febrero. En él la tachaban de "un peligro para la nación" y pedían a Abdalá que frenase la "interferencia en las decisiones ejecutivas de aquellos que no tienen poderes ejecutivos". Una interferencia que no era otra que la de Rania. Las líneas de estos mandatarios acababan con una amenenaza velada: "ignorar el contenido del comunicado nos llevará a lo que ocurrió en Túnez y Egipto".
Retiro benéfico
Ante esta guerra en la que nada entre dos aguas y que han llevado a desatar los rumores de divorcio en varias ocasiones la última vez en febrero de 2011, sus apariciones públicas han ido disminuyendo. Por no hablar de las salidas internacionales, que son poco menos que inexistentes.
De ella se sabe poco más que el que se dedica a acudir a escuelas, a reunirse con las mujeres del país en el que reina junto a las que lucha por ampliar sus derechos y a recorrer las calles de su país para que se vea, aunque sea a través de sus redes sociales, que está al lado de los ciudadanos de a pie. Para darle más autenticidad a estos encuentros, ha dejado los Gucci y los Dior en el armario y se cubre con algo más tradicional: el caftán.
Operación
Las críticas no han sido el único motivo de que la actividad de Rania de Jordania haya disminuido. El 26 de septiembre de 2010 pasaba por el quirófano en un hospital de Nueva York para someterse a una operación en el corazón. A pesar de que su reaparición pública no se hizo esperar el 26 de octubre acudió a un acto en una escuela del oeste de la capital jordana, lo cierto es que la mayoría de los eventos a los que acude no se encuentran entre los cubiertos por las agencias de noticias.
En los últimos dos años, hay pocas informaciones sobre ella. Muy poco queda de la Rania que asombró al mundo delante de la prensa a principios del siglo XXI. La metamorfosis: de mariposa a gusano de seda Desde que luciera el espectacular modelo de Elie Saab en la gala de los Premios Bambi en 2007 hasta hoy, que trata de ponerse siempre que puede el típico caftán, Rania de Jordania ha ido moderando su manera de vestir a la hora de hacer sus apariciones públicas.
En 2009 ya se la pudo ver en la gala de los Premios Ahel Al Himmeh con una vestimenta más cercana a lo oriental que a lo occidental aunque las incrustaciones de cristales en las mangas y en la cintura distaban de la sencillez que se le pide. Conocida antaño como la reina de los bolsos, hoy en día es menos habitual verla con ese complemento. Así se quita del medio un problema, ya que nadie podrá indagar sobre la marca gran aficionada a los Channel y los Louis Vouitton para echar más leña al fuego.
No son los bolsos lo único que compra en tiendas de lujo. Sus vuelos a Dubai a tres de los centros comerciales más exclusivos es otro de los motivos de enfado de sus súbditos. Allí se la podía ver gastando sin reparos en sus tiendas favoritas: Gucci y Prada, sin dejar de lado Givenchy y Armani.
Hay quienes dicen que no acude a los desfiles de alta costura porque grandes diseñadores como Gian Franco Ferrè, Dior o Hungaro acuden a palacio para satisfacer sus deseos sartoriales, encargándoles dos vestidos del mismo modelo: uno para lucirlo y el otro, con más lujo, para su colección privada.
Pero la transformación de Rania, de más a menos en lo que a la majestuosidad de sus apariciones se refiere, no es el único punto con el que pretende pasar desapercibida. Las agencias de fotografías han disminuido su actividad en torno a Rania. Y, sin embargo, ella ha aumentado la suya en Facebook, mostrando su lado más solidario y vistiendo con un estilo más de calle.
Esta metamorfosis parece consistir en dar una de cal y otra de arena. Por un lado deja de dar qué hablar por su ropa y se viste más tradicional. Pero por otro, no está dispuesta a abandonar su actividad en la Red tiene 1.223.000 seguidores en Facebook, más de 2.500.000 followers en Twitter y una web personal, donde aprovecha para seguir proyectando la imagen de mujer cercana y solidaria.
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