Puede que no haya sido el año más fácil de la vida de doña Sofía. Un nieto que tuvo un percance con una escopeta. Un yerno imputado en un caso de corrupción por el que tendrá que declarar en breve. Un marido al que le toca pedir perdón público por un viaje y un accidente desafortunado. Y, por si fuera poco, una agencia de contactos usa su imagen de manera irreverente y obliga a su Majestad a presentar una denuncia.
Sin embargo, su elegancia, su talante, su saber estar y ese protagonismo en segunda línea que siempre ha sabido desempeñar con corrección, hacen de nuestra Reina uno de los miembros, si no el que más, más respetados y queridos por los ciudadanos. Porque su tarea no es fácil, pero ella hace que parezca de lo más normal.
Comprometida con numerosas causas sociales, no hay semana en la que no tenga que acudir a un acto en defensa de los animales, un viaje de cooperación o la visita a algún lugar donde las inclemencias meteorológicas hayan causado destrozos. Y, todo ello, vestida siempre de la mejor de las maneras, sin llamar la atención, sin desentonar, correcta hasta el extremo.
Felices y agitados 74
Hoy, 2 de noviembre, cumple nada menos que 74 años, de los cuales, los últimos 37 los ha pasado como Reina de España -exactamente ese aniversario se cumplirá el próximo día 22- y lleva 50 casada con don Juan Carlos, a quien dio el 'sí quiero' el 14 de mayo de 1962.
Doña Sofía no es solo es la esposa del Rey, sino que es además una madre entregada a cada uno de sus tres hijos y una abuela que adora a sus ocho nietos. No son palabras vacías ni tópicos, porque en el último año ha sabido apoyar a una familia que no atravesaba su etapa más dulce.
Fue la encargada de dar la cara desde la puerta del hospital donde se encontraba ingresado Froilán cuando, por accidente, se disparó en un pie. Le quitó hierro al asunto asegurando que los niños siempre andan trasteando y que era una travesura más de la que no se debía hacer un mundo.
Acompañó a su marido, también en un centro médico, cuando tuvo que ser operado de la cadera, haciendo oídos sordos a la tempestad que se anunciaba. Sonriendo a su llegada y a su salida. Cruzando palabras con los medios apostados e informando de cómo evolucionaba el Monarca.
Tuvo palabras de apoyo hacia su hijo, asegurando que "Felipe es el príncipe de toda Europa mejor preparado para ser rey". Esta era una de las frases que publicaba hace unos meses Pilar Urbano en 'XL Semanal', donde, además, recogía otro testimonio en el que dejaba claro quién es el ojito derecho de doña Sofía: "Mi hijo no es muy Borbón. Mis hijas, sí, pero Felipe es griego".
A pesar de que él sea su predilecto, no ha dudado en estar al lado de la Infanta Cristina en el calvario que atraviesa desde hace más de un año. Hasta que los duques de Palma se trasladaron de nuevo a Barcelona, no fueron pocas las veces que cogió un avión hasta Washington para estar al lado de ella y de sus nietos. Y no dudó en desplazarse al País Vasco cuando su consuegro falleció para apoyar a Iñaki Urdangarin.
Muestras de cariño
Por todo esto es por lo que doña Sofía es una mujer no solo respetada, sino muy querida. Por su familia, por los deportistas españoles a los que no duda animar desde la grada siempre que la ocasión lo requiere o por aquellas personas más desfavorecidas a las que ha llevado un poco de consuelo.
Y esto lo hemos visto en numerosas ocasiones, cuando la Reina ha sido besada y ha correspondido con la misma ternura las muestras de cariño recibidas. Este verano pudimos verla en los Juegos Olímpicos de Londres entre el público, junto a los Príncipes de Asturias, en la semifinal de baloncesto.
Para Pau Gasol el gesto no pasó desapercibido y, al acabar el encuentro, antes de irse a celebrar la victoria con sus compañeros, se acercó a ella para agradecerle su presencia. Un gesto idéntico al que vimos tras la final de fútbol de Sudáfrica, cuando todos los seleccionados le dieron un tierno beso en señal de agradecimiento. O aquel Rafa Nadal que hacía lo propio tras ganar Roland Garros en 2010.
Doña Sofía despierta pasiones. Por su sencillez y por su cercanía. Y por saber reconocer que, a pesar de los baches que se ha encontrado en el camino, "han valido todas las penas. Volvería a vivirlo".
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