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Muchos vecinos de la zona de Palma donde se ubica el Palacio de Marivent y la mayoría de los comerciantes del centro de la ciudad notan que este no es un verano como otros que han conocido. Los turistas llenan hoteles y calles, siguen haciéndose presentes los numerosos periodistas gráficos que tradicionalmente esperan hacer su agosto, pero quienes durante años han acaparado actos y reportajes, posados y paseos, casi no se han dejado ver en público.  

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El Rey apenas ha permanecido una semana en la isla, al igual que don Felipe y doña Letizia, o la Infanta Elena con sus hijos; los duques de Palma ni tan siquiera han aparecido, a pesar de que la Casa Real había anunciado su presencia, sin que se hayan conocido los motivos, aunque muchos puedan imaginarlos. Viajes relámpago, estancias breves y una falta de coincidencia en las fechas de las visitas han dibujado una imagen de familia diferente a la de años anteriores, alejada de las agendas apretadas y las salidas en grupo de otras veces. Solo la Reina se mantiene como una referencia estable en Marivent, la única que no ha renunciado a unas vacaciones prolongadas, quien ha estado con casi todos –a excepción de su hija Cristina– y quien ha procurado conservar allí el ambiente entrañable y cercano que los Borbón han sabido crear durante sus estancias en Mallorca.

Con su mejor amiga

“¡Qué raro ver a la Reina sola con su hermana! Antes lo normal era que viniera de compras con sus hijas y Letizia, o con su hijo. Sí, es raro”, comentaba hace unos días un comerciante que vio a doña Sofía pasar por delante de su establecimiento. Había salido a dar una vuelta con su hermana, la princesa Irene, amiga íntima y fiel –el apoyo que la Reina ha encontrado siempre en su hermana para llevar el peso de la Corona ha sido inestimable–. Un paseo que agradecieron los vecinos con saludos y sonrisas que fueron correspondidos con simpatía natural. Estas imágenes recogen esa aparición pública, en la que también estuvo acompañada por otros dos amigos incondicionales, su prima Tatiana Radziwill y el marido de ésta, John Fruchaud.

Pantalones blancos, camisa de flores y las sempiternas abarcas de las que doña Sofía casi no se desprende cuando está allí. El atuendo veraniego de siempre en un agosto que apenas recuerda a ninguno de los otros que ha vivido allí desde 1973. Pero el tiempo pasa y las circunstancias cambian, incluso de un día para otro. Por eso, la agenda de la Familia Real durante este mes nunca ha parecido cerrada, al menos para la prensa, que ha estado pendiente de unas idas y venidas a las que a veces ha sido difícil seguir la pista.

El día 29 llegaban a la isla la Reina y la Infanta Elena con sus dos hijos. Sin salir del aeropuerto, esperaron a los cuatro hijos de los duques de Palma que venían solos desde Barcelona, donde se quedaron sus padres. Doña Sofía solo tuvo dos días para disfrutar de ver a sus nietos mayores reunidos, porque Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarín regresaban a la Ciudad Condal el 31 para celebrar con una cena familiar el santo de su padre. El palacio volvió a parecer algo vacío hasta que el 3 de agosto recibió encantada a las Infantas Leonor y Sofía, que llegaron en compañía solo de don Felipe. Y de nuevo una reunión efímera, porque el día 5, casi al tiempo que la Princesa de Asturias aterrizaba en Palma, doña Elena y sus hijos dejaban la isla para seguir sus vacaciones: la Infanta en los Pirineos con unos amigos y Felipe y Victoria en Sotogrande con su padre, Jaime de Marichalar.

Una foto muy distinta

El Rey no hizo acto de presencia hasta el miércoles 8, justo a tiempo de asistir a la tradicional cena que don Juan Carlos ofrece a las autoridades locales en el Palacio de La Almudaina. Una foto oficial escueta en comparación con la del año pasado, en la que también figuraron la Infanta Elena y los duques de Palma, el antepenúltimo acto al que asistió Iñaki Urdangarín antes de ser apartado de la actividad institucional, tres meses después. A la mañana siguiente, el monarca se convertía en el único ocupante de Marivent, al volar su esposa y los Príncipes hacia Londres para asistir a las últimas jornadas de las Olimpiadas, aunque doña Letizia llegó un día más tarde porque hizo escala en Madrid para dejar a sus hijas. La única que regresó después a Palma fue la Reina, el domingo 12, coincidiendo con el Rey un par de días.

El lunes 13 don Juan Carlos pasó la mañana navegando, solo, y el 14 recibió a Mariano Rajoy en su residencia, con lo que prácticamente ponía fin a un descanso que ha sido corto y austero. Desde entonces doña Sofía es la única, con la princesa Irene, que da vida y calor a las estancias de Marivent; la única de la Familia Real que pasea por las calles de Palma y disfruta del dulce verano balear, quizá empeñada en que las cosas cambien lo menos posible y probablemente triste al darse cuenta de que es muy difícil que nada vuelva a ser como antes.
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