Entrar a formar parte de una Familia Real conlleva algunos privilegios, pero también una serie de servidumbres. Y ambas caras de la moneda son inseparables. Quienes nacen en el seno de una Familia Real van aprendiendo desde niños esas normas que, en cualquier caso, hay que ir adaptando a los nuevos tiempos. Por eso, algunas pautas que don Felipe y doña Letizia dan hoy a sus hijas, para que vayan aprendiendo a desenvolverse en público son distintas a las que el Príncipe recibió de los Reyes.
Sin embargo, quienes se convierten en príncipes o princesas por su matrimonio suelen tener un periodo de aprendizaje muy corto. Además, no existe ningún manual que oriente a los consortes sobre su nueva vida, ya que las posibles formas de cometer errores son infinitas. Y descuidos menores, como que a una princesa se le levante un poco la falda con el viento, pueden acabar convertidos en fotos que dan la vuelta al mundo.
En los actos oficiales a los consortes les pueden asesorar sus colaboradores, pero
en su vida privada que lo hagan bien o mal depende exclusivamente de su sentido común. Y esto es
lo que le ha faltado a la duquesa de Cambridge cuando se ha puesto a tomar el sol en 'topless'. No hacía falta ser muy astuto para sospechar que a la mujer más fotografiada del mundo en estos momentos la podían estar apuntando con un teleobjetivo.
Y es que, en la actualidad, una de las principales servidumbres de los miembros de Familias Reales es precisamente
la falta de privacidad a la que están expuestos, algo que afecta a casi todas las consortes europeas. La
Princesa de Asturias y Máxima de Holanda han compartido en más de una ocasión su preocupación por esta cuestión, aunque sus experiencias son distintas, ya que en Holanda ahora existe una mayor protección legal de la privacidad que en España.
Aunque los tribunales den la razón a las princesas y condenen a los medios que fotos robadas, a veces, el daño es irreparable, como le ha ocurrido a Catalina. El mundo entero ha visto en 'topless' a quien está llamada a ser reina de Inglaterra.
Lo curioso del caso es que
el príncipe Guillermo no advirtiera de los riesgos a su joven esposa. Y eso que el duque de Cambridge ya ha sufrido en numerosas ocasiones los excesos de los 'paparazzi'. Primero
en la piel de su madre, la princesa Diana de Gales, acosada hasta el último momento; después en la de su padre, el príncipe Carlos, a quien le llegaron a pinchar el teléfono y reprodujeron sus conversaciones más íntimas con Camila y, por último, en la suya propia, durante su largo noviazgo con Catalina.
Tal y como están las cosas,
la única forma de evitar estos disgustos es no hacer nada en privado, salvo en la más estricta intimidad del hogar, que no se esté dispuesto a hacer en público.