El Príncipe Felipe, muy orgulloso de la plata obtenida por la selección femenina de waterpolo, sufrió como un espactador más en las gradas del Waterpolo Arena de Londres.
A lo largo de las dos semanas que llevamos de competiciones deportivas en los Juegos Olímpicos de Londres hemos visto cómo las realezas europeas apoyaban a sus deportistas desde la grada.
Nuestra Casa Real solo había estado presente en la ceremonia de inauguración, con doña Sofía como representante. Pero ayer era un momento histórico: las chicas del waterpolo, debutantes en una competición olímpica, se jugaban el oro contra Estados Unidos.
Por eso don Felipe, que estará el próximo domingo en la ceremonia de clausura en compañía de doña Letizia, hizo un hueco en en su real agenda para dar aliento a las pupilas de Miki Oca.
Como buen deportista que es -recordemos que fue nuestro abanderado en Barcelona'92- no pudo contener la tensión inherente a una final de este calibre. Saltó con cada uno de los cinco goles que salieron de los brazos de las jugadoras españolas -tres de ellos fueron marcados por su capitana, Jennifer Pareja-. Gritó intentando que las muchachas le escucharan desde la piscina.
Y, a pesar de no poder conseguir la victoria, bajó al vestuario una vez finalizado el encuentro para fotografiarse a su lado, transmitirles lo orgulloso que está todo el país de ellas y ayudarles a levantar el ánimo.
Nada más finalizar el partido el Príncipe de Asturias declaró : "Esta medalla de plata sabe prácticamente a oro. El esfuerzo que han hecho para llegar aquí para participar en unos Juegos Olímpicos y llegar a una final es espectacular".
Y, además, pidió a los españoles que valorasen con justicia lo que nuestra delegación está consiguiendo en Londres: "Las medallas van llegando, todos querríamos más, pero hay que valorar lo difícil que es conseguir una medalla".