Hoy Corazón: ¿Cómo surgió la idea de mudarse a Los Ángeles?
Silvia Damiani: Siempre pensamos que uno de los hermanos debía venir aquí para continuar la expansión de la firma en Estados Unidos. Tenemos mucho contacto con el mundo del cine y en Los Ángeles están todas las estrellas. Además, pensé que era lo mejor para mi hijo. Venimos de Milán, una ciudad frenética. ¿Por qué no darle la oportunidad de vivir en un sitio como este, en medio de la naturaleza, con buen clima, mar, campo, montañas...? Esta ciudad tiene muchísimo que ofrecer y, como transición después de mi divorcio, será muy bueno el cambio para mi hijo Leo y para mí.
H.C.: ¿Se ha recuperado totalmente después de la dura experiencia de atravesar una separación y un divorcio?
S.D.: Es muy doloroso, aunque se haga de mutuo acuerdo. Son momentos de mucha tristeza y mucha confusión. Yo estuve enamoradísima durante tantos años… El hecho de aceptar que eso ha terminado sin saber realmente por qué es muy duro. Hoy en día aprecio mucho a mi exmarido y le deseo lo mejor.
H.C.: ¿La separación ha sido el momento más duro de su vida?
S.D.: No. El momento más duro de mi vida fue el día que perdí a mi padre en un accidente de coche. Estaba unidísima a él. Fue algo tan totalmente inesperado. Durante al menos seis meses yo tenía el sentimiento de que en cualquier momento iba a volver, a regresar a casa, que iba a atravesar el umbral de la puerta como si todo hubiera sido una pesadilla… No podía creerlo.
H.C.: ¿Qué ha significado para usted la maternidad?
S.D.: Me ha cambiado completamente. Cuando nació mi hijo era la primera vez en la vida que sentía que otra persona era más importante que yo misma. Después de dar a luz era incapaz de separarme de él. Tras sentirle dentro de mí durante nueve meses, cruzar la puerta de casa para salir, aunque fuera a dar un paseo corto, me costaba muchísimo. La primera vez que salí a cenar, fue cuando mi marido cumplió 50 años. Lo pasé fatal (risas). Solo pensaba en volver a casa.
H.C.: ¿Cómo compagina la maternidad con la vida profesional?
S.D.: Leo ha equilibrado mucho mi vida. Yo era de las personas que podía trabajar fácilmente catorce horas al día. Ahora, trato de repartir mi tiempo lo mejor que puedo entre mi vida profesional y personal, pero no es fácil. Yo tengo esa típica dualidad por la que me siento mal si no estoy trabajando y me siento mal en el trabajo cuando quiero estar con mi hijo… Pero estoy aprendiendo a manejarla. Como consecuencia de eso, mimo demasiado a mi hijo para compensar. Lo más importante es la calidad del tiempo que pasas con ellos. Algunos días que sólo puedo verle, por ejemplo, entre las siete y las ocho y media de la tarde, apago mi teléfono móvil, mi mail… Me desconecto por completo para no sucumbir a las tentaciones.
H.C.: ¿Qué es lo que más le gusta de su vida profesional?
S.D.: Hay dos privilegios en mi trabajo: uno, puede sonar a cliché, pero es auténtico: formar parte del día a día de la gente que viste nuestras joyas. Acompañarles en sus momentos más íntimos e importantes de la vida. Tocas su vida de alguna forma y eres parte de ella. Lo segundo, la gente tan creativa con la que tengo el gusto de tratar.
H.C.: Muchas caras conocidas han representado la firma y usted mantiene una relación cercana con ellas. ¿Podría describir a cada uno de ellos?
S.D.: Siempre he buscado que tuvieran un sentido único de elegancia, cada uno a su manera. Sharon Stone, nuestra imagen ahora, es espontánea y dice lo que piensa. Es real, auténtica y provocativa. Isabella Rosellini es el glamour y la elegancia en su máxima expresión. Cuando entra en una habitación, sabes que está ahí aunque aún no la hayas visto. Brad Pitt tiene un sentido fabuloso del estilo. Me impresionó su humildad a la hora de diseñar nuestra línea. Sabía hasta dónde podía llegar y dónde tenía que delegar. Gwyneth Paltrow parece una princesa, aunque esté recién levantada y en vaqueros. Su elegancia es perfecta. Natasha Kinsky, curiosamente, tiene algo tan especial en su fragilidad que la hace muy fuerte. Jennifer Aniston es muy divertida y amena. Su piel, sus ojos, su sonrisa... siempre está radiante, tiene mucha luz. Sophia Loren, qué puedo decir... es majestuosa.
H.C.: ¿Qué ha aprendido de ellos?
S.D.: Es gente que vale muchísimo por muchas razones. Entiendes por qué son quienes son. Hay una parte de suerte, seguro, pero cuando llegan hasta ahí, al conocerles bien entiendes que el factor suerte ha sido el más pequeño.
H.C.: Si fuera una piedra… ¿Cuál sería?
S.D.: Adoro los diamantes. Aunque también me encantan las perlas. Tengo un collar larguísimo que tardé mucho en crear porque no conseguía la calidad de las perlas que quería… Me encanta la energía de las perlas. La verdad, no hay ninguna piedra que no me guste… Pero si tuviera que elegir sólo una, sería un diamante.
H.C.: ¿Por qué?
S.D.: En lo personal, por su belleza y porque sirve para expresar la creatividad. A nivel práctico, también es la que más puedes usar, puesto que no tiene color y hay muchas personas que desafortunadamente no tienen los medios suficientes para cambiar sus joyas a lo largo del día dependiendo qué llevan puesto.
H.C.: ¿De qué joya se sientes más orgullosa?
S.D.: Le copio una frase a Ferrari. Dijo un día que su mejor coche era el que aún no había construido. Igual con nuestras joyas, es un reto constante.