El motivo de ese abultamiento barriguil se debe a que la cantante, en su deseo de proteger a su hija, Blue Ivy Carter, del acoso de la medios de comunicación, decidió meter a la criatura dentro de su abrigo de lana y pelo.
Sin duda, Beyoncé consiguió su objetivo: ningún fotógrafo fue capaz de inmortalizar ni un solo cabello de la criatura. Sin embargo, desde aquí pensamos que la técnica de camuflaje es un poco arriesgada, porque ¿por dónde respiraba la pobre Blue Ivy?
Por otra parte, hay que recordar que hace apenas un mes, en las redes sociales, la cantante y su marido, Jay-Z, colgaron fotos de su pequeña.
Aunque bueno, qué se puede decir de una mujer que compra a su hija una cuna en forma de carroza valorada en 17.000 euros, pendientes de diamantes y biberones con incrustaciones de zafiro.