Hace unos días, la firma de pulseras Cruciani inauguraba tienda en el Jardín de Serrano. Están siendo una revolución. Por fin un soplo de aires asequibles entre tanto lujo y joyón. El cóctel fue un éxito rotundo, pero, honestamente, bastante inesperado. Especialmente porque de repente empezó a entrar gente que ni se la esperaba ni se sabía muy bien cómo habían ido a parar allí.
De repente Mercedes Milá, Mar Regueras, Jacqueline de la Vega (¿vive en una piña debajo del mar?), Boris Izaguirre, Bimba Bosé... Todo era extraño. Más aún cuando a última hora apareció Jaime de Marichalar, hombre silencioso, misterioso y de carácter imprevisible, porque nunca sabes por dónde va a salir.
Al ex duque de Lugo es mejor no saludarlo. De hecho, ni nos acercamos. Después de lo que nos pasó con él en Barcelona días atrás, era mejor no hacerlo. Resulta que nos lo presentaron en los Premios Mango y, como es lógico, saludamos educadamente y con gran interés.
Pero en cuanto le dijeron que éramos periodistas de Hoy Corazón, tuvo una reacción sorpredente: hizo el cangrejo unos segundos para distanciarse y nos regañó porque «una vez publicásteis una cosa mía que me dejábais fatal». ¿Nosotros? Imposible. Somos exquisitos con todo el mundo. «Bueno, no sé, no me acuerdo qué era, pero me poníais fatal».
Y se acabó la conversación porque nos dio la espalda. De ahí que en Cruciani el sentido común nos llevara a huir. Por suerte también estaban Alejandra de Rojas, Vega Royo-Villanova, Andrea Guasch y Juan Peña, con quienes siempre es una alegría coincidir. Básicamente porque su compañía es sinónimo de amabilidad y buena educación.