Las primeras mataron a sus víctimas para “salvarlos” del dolor y la enfermedad. Las segundas provocaron baños de sangre por puro placer. Pero todas actuaron con una frialdad inexplicable. Ninguna tuvo nunca el menor remordimiento por los crímenes que había cometido. ¿Su auténtico y más terrorífico móvil? Poseer el poder más absoluto: el poder para decidir sobre la vida y la muerte de aquellos que se convertían en su objetivo.

- Madres e hijas asesinas

- Matar en pareja, atracción fatal

- Viudas negras, enredadas en su telaraña