- 500 g de pasta corta (caracoles
- espirales
- lacitos…)
- 2 trufas al natural
- 200 g de queso parmesano
- 200 g de fiambre de pechuga de pavo natural (o braseada)
- 200 ml de nata líquida para cocinar (con menos de 35% de materia grasa)
- 3 cucharadas de leche semidesnatada
- Sal
- Pimienta negra.
Echa tres litros de agua con una cucharada de sal y una de aceite en una olla. Calienta y, cuando empiece a hervir, agrega la pasta.
Remueve hasta que se recupere el hervor de nuevo y deja que cueza durante ocho o 10 minutos más.
Luego, retira el agua caliente, enfría con agua y deja que termine de escurrirse. Reserva.Mientras, corta el pavo y el queso en dados. Lamina las trufas en rodajas muy finas y conserva el jugo en un cuenco.
Echa la nata líquida en una cazuela, junto con la leche, el jugo de las trufas y un poco de sal y pimienta negra molida.
Calienta a fuego suave durante cinco minutos y agrega los dados de pavo.
Remueve constantemente y, cuando empiece a estar caliente, incorpora la pasta y remueve durante dos o tres minutos, a fuego suave.
Después añade el queso partido en dados, reserva una pequeña porción, mezcla y, al minuto, pasa todo a una fuente amplia.
Sirve en platos individuales y reparte las rodajitas de trufa y unas lascas de queso parmesano recién hechas.
Sirve caliente, sin que el queso se derrita.