Tras repasar la evolución de la situación de la mujer como mujer, madre y profesional a lo largo de algunos momentos de la historia, Chinchilla ha analizado si la sociedad española, empresas, instituciones y personas están preparadas para compartir las responsabilidades familiares para hacer posible así una conciliación con la vida laboral y profesional de las mujeres.
Partiendo de que el feminismo "no se trata de disfrazarse de hombres, asumir roles masculinos ni emular sus actitudes, sus conductas ni modos de pensar, sino de ser nosotras mismas", la experta ha empezado por recordar que las empresas se han olvidado de la su parte humana y ha afirmado que todo parte de “repensar la empresa”. A su juicio, la “flexibilidad” es una de las claves para avanzar en la conciliación, ya que “si no hay flexibilidad, no hay familia”. Aunque, ha advertido, muchas veces la culpa parte de la propia mujer que se autoimpone un “techo de cemento” por el cual somos nosotras mismas las que creemos que no podemos llegar más arriba.
Chinchilla ha asegurado que la mujer ha entrado en la nueva realidad del mundo laboral al cien por cien, pero el hombre aún no lo ha hecho de la misma forma en el hogar, "lo que no significa el 50% de plancha para cada uno", ya que una familia y un hogar deben funcionar como "una PYME en la que dos CEOS". Para ello es necesaria una formación desde la escuela, formación en la complementariedad no en la igualdad, ni en la lucha de sexos, porque "desde el día 15 de nuestra creación ya somos físicamente diferentes".
Ha añadido que algunos de los retos de las empresas y del país pasan por aumentar la productividad, la competitividad y la flexibilidad para adaptarse a los cambios y ser sostenibles. En la actualidad hay tensiones con los paradigmas establecidos al concebir el entorno profesional y social como masculino-mecanicista en el que una persona es igual a máquina o parte de un sistema o una función, se busca el beneficio y el poder a corto plazo y se ignora a la persona única e irrepetible. Además de la tensión que genera el concepto por el cual la "mujer-madre" no "produce" en sentido técnico lo que dificulta el acceso y la permanencia en el ámbito laboral por el hecho de que sólo se valora el trabajo remunerado y se ignora o ridiculiza el trabajo no remunerado.
De lo que se trata es, según Chinchilla, de buscar la complementariedad entre el hombre y la mujer, que son entes diferentes biológicamente y psicológicamente pero la "mujer debe dejar sitio a los hombres en la casa porque somos nosotras las que no les dejamos sitio en el hogar, debemos ayudarles a que descubran su rol como marido y padre fomentando su liderazgo masculino, recuperar el nosotros".
La profesora de la Universidad de Navarra destaca la necesidad de que se produzcan "algunos cambios sociales". "La ausencia de flexibilidad laboral, la cultura de largas jornadas y dobles o triples jornadas, el techo de cemento que nosotras mismas nos ponemos porque creemos que si subimos un paso más no podremos tener tiempo para nuestra familia" son algunas de las tareas que debemos empezar a resolver, así como darnos cuenta de que "todo lo que es delegable se tiene que delegar tanto en casa como en el trabajo", ha explicado durante la jornada.
En la pareja, ha indicado Chinchilla, hay que sentarse para negociar, adaptarse a los cambios, sincronizar los tiempos de las trayectorias de ambos y comprometerse a querer lo mejor para los dos y la familia. Para ello hay que desarrollar habilidades como:
- Comunicación
- Asertividad
- Paciencia
- Empatía
- Gano-Ganas
- Creatividad (vs dilemas)
- Flexibilidad en dar y recibir
- Incluir los criterios de decisión del otro
- Aplicar herramientas de management al hogar
A su juicio, "primero
hay que concicliar con uno mismo porque sino no podemos conciliar con nada, no podemos pensar que la vida va por un lado y el trabajo por otro, lo que significa que si nos va bien en el trabajo nos va fatal en la vida privada y al revés". Estas son las causas del conflicto trabajo-familia que ha detectado en sus encuestas a afectados por esta problemática:
- Incompatibilidad horarios escolares con la jornada laboral
- Falta de políticas de empresas que faciliten el equilibrio entre trabajo y familia
- Las presiones que experimento en mi trabajo
- Carga familiar
- Pocas guarderías
- Mi manera de combinar trabajo y familia
- Tareas domésticas
- Falta de apoyo por parte de mi superior y compañeros
- El tiempo que pierdo por atascos de trafico al salir del trabajo
- La falta de puntualidad y/o combinación de trayectos de transportes públicos
Hay que elaborar un autodiagnóstico individual que, como ha expuesto Chinchilla, pasa por analizar el numero de horas de trabajo al día, el números de horas que se pasan con la familia y el solape entre trabajo y familia (nos llevamos el trabajo a casa, no conseguimos desconectar), lo cual genera huérfanos del smartphone o padres de niños horizontales (se van de casa cuando el niño duermo y llega cuando el niño duerme).
La profesora ha hablado también de tener muy claro "quién soy y adónde voy" para planificar y elegir, y también en escuchar a los demás: "cuando te den un feedback no hay que decir 'sí pero…', lo que hay que decir es 'sí, gracias' porque me tiene que ayudar a pensar en lo que me han dicho y así a mejorar aunque lo que me hayan dicho sólo sea cierto en un 5%", ha puntualizado. Finalmente,
Chinchilla ha resumido todo en tres paradigmas a abordar:
1. Diferencia sin igualdad:
- Subordinación de lo femenino a lo masculino
- Lo público es masculino; lo privado es femenino
2. Igualdad sin diferencia:
- Asimilación de lo femenino a lo masculino en desprecio de lo femenino
- Lo público es sobrevalorado
- Ambos quieren estar en lo público
- La familia es infravalorada
- La reproducción es un lastre
3. Igualdad en la diferencia:
- Complementariedad
- Participación de ambos en lo público y lo privado
- Lo humano como una comunión entre lo femenino y lo masculino
- Reciprocidad