MI AMOR POR KEN es muy tardío. Como de niña no me gustaban las muñecas, me enteré de la existencia de Barbie y, sobre todo, de la de su novio Ken, cuando ya era una jovencita. Y supongo que los desprecié olímpicamente por cursis y empalagosos. Probablemente, también hice la correspondiente crítica social sobre sus inconvenientes como modelo para los niños, que si el materialismo, la frivolidad, la obsesión por la belleza. De ahí siguió un largo período en mi vida en el que, simplemente, me olvidé de Ken. Hasta que vi en 2010 'Toy Story 3', la tercera entrega de mi saga cinematográfica preferida, con aquella genial escena en la que Barbie concebía una brillante estrategia de tortura para sonsacar información a Ken, aliado con los malos en la primera parte de la película. Lo ataba y comenzaba a desgarrar uno a uno los modelos de su vestuario, tortura a la que Ken solo resistía la destrucción de la primera camisa. A la segunda amenaza de Barbie, un mono a lo Elvis Presley, Ken lo contaba absolutamente todo, aterrorizado como estaba ante otra pérdida insoportable.
EN ESE MOMENTO caí seducida por Ken, cuando me di cuenta de que era en realidad el chico más interesante y rompedor del universo masculino de los muñecos. Un hombre heterosexual que adora la ropa y que deja que el mundo lo sepa. Y no uno de tantos y tantos muñecos guerreros y superhéroes que han sido para los niños lo que las Barbies y las Nancys para las niñas. Previsibles y conservadores, a diferencia de Ken, un chico a contracorriente en las ideas aún mayoritarias sobre la masculinidad y sus atributos.
ME ACORDÉ DE KEN cuando escribí en este mismo lugar sobre lo novedosa que es aún hoy en día la creciente afición de las mujeres al fútbol. Y lo chocante que sigue resultando también, en el otro lado, el interés de los hombres por la moda y la belleza. O su exhibición pública. Lo contaba de manera muy divertida Iván, un hombre que dejó un comentario en www.hoymujer.com en aquel artículo sobre nosotras y el fútbol. En una jornada de ciclismo entre cinco amigos, relataba, "y en una parada para descansar, cerveza en mano, símbolo de nuestra masculinidad, nos pusimos a hablar de la mejor manera para depilarse. Menos mal que estábamos solos y nadie se enteró", remataba Iván.
ME PREGUNTO si los hombres tienden a reprimirse cuando les gustaría hablar de ropa, de cremas y de tratamientos, como nosotras cuando se trata de hacerlo de fútbol, o de armas, o de puros. Supongo que sí, que sigue habiendo algo de tabú, que se cortan, que lo hacen en la más estricta intimidad, como Iván y sus amigos. No hay más que leer lo que escriben las propias mujeres sobre la belleza y la moda masculinas. Me asombra seguir encontrando tantos artículos en defensa de los viejos modelos. Lo poco que gustan a bastantes mujeres, por ejemplo, los chicos aficionados a la moda, o los que se ponen colores atrevidos, o los que llevan pelo largo. Tanta nostalgia de la vieja masculinidad. Ken cuenta con mi adoración, pero no lo tiene fácil.
P. D. La audiencia de los partidos de la Eurocopa ha registrado una impresionante cifra de espectadoras. Aproximadamente, un 45% de mujeres frente a un 55% de hombres, lo que demuestra que el fútbol ya no es, solo, cosa de hombres. ¿Y la belleza y la moda? ¿Cuándo serán, también, cosa de hombres?