LA LLAMAN en plena madrugada. Coge su bicicleta y pedalea lo más rápido que puede porque el tiempo va en su contra. Con suerte lleva un teléfono móvil. Y con algo más de suerte el aparato tiene suficiente batería. No pretende usarlo para llamar, sino para iluminar la noche africana y ayudar a una mujer a parir. Porque la han avisado que cerca del Centro de Salud de Atiriri Katione, en Uganda, yace una mujer desplomada en el suelo tras recorrer varios kilómetros. Salió de su poblado cuando sintió las primeras contracciones. Pero el camino es largo y antes de llegar al centro de salud el parto entra en una fase en la que no le queda más remedio que tumbarse en el suelo y parir. La mitad de las mujeres africanas dan a luz completamente solas.
PERO EN ESTE CASO avisan a Esther Madudu, y la matrona corre. Encuentra a la mujer, enciende el móvil y lo sujeta con la boca; necesita las manos libres para, colocar al bebé y confortar a la madre. Otra noche Madudu llega cuando el bebé ha nacido, pero está ahogándose en un pantano. Y lo salva. Otras veces la madre logra llegar al centro de salud. Si tiene suerte lo hará acompañada y un familiar podrá sujetar el suero que, en casos de extrema urgencia, porque es un bien escaso, se le administrará a la parturienta. Difícil ser matrona en África, sin recursos humanos o materiales suficientes. Auscultando al feto muchas veces con rudimentarias trompetillas. Trabajando más con el corazón y la imaginación que con el escasísimo instrumental médico.
Y AÚN ASÍ, las mujeres que pueden parir con matronas como Madudu tienen una suerte extraordinaria. Muchas de ellas se salvarán. Y sus hijos también. En el África subsahariana cada año fallecen 200.000 mujeres al dar a luz, una de cada 16 parturientas. 200.000 muertas que dejan huérfanos a un millón y medio de niños. Cada año. La mayoría de estos fallecimientos son fácilmente evitables con la intervención de una persona: la matrona.
PARA DAR a los niños africanos la oportunidad de crecer con sus madres, AMREF, la mayor organización de salud pública del continente, ha puesto en marcha la campaña internacional Stand Up for African Mothers. Su objetivo es formar a 15.000 matronas africanas de aquí a 2015. Cada una podrá atender 500 partos al año. Y aunque la falta de medios les impide hacer milagros, con este esfuerzo esperan reducir la mortalidad materna en un 25%. Es decir, salvar a 50.000 madres al año. O lo que es lo mismo, evitar que más de 700.000 niños se queden huérfanos. A nosotros, occidentales que parimos con todas las comodidades, solo nos piden una firma. Tan sencillo como entrar en su web y rellenar un formulario. Un gesto que en unos pocos segundos puede regalar a un bebé africano la oportunidad de crecer con su madre.
P. D.: Por cierto, hagan un hueco en su memoria para recordar a Esther Madudu. Es candidata al Premio Nobel de la Paz 2015 como representación de todas las matronas africanas que tantas vidas salvan. Quizá se lo den, y entonces recordarán haber leído de ella tres años antes. Y haber podido ayudar.