ES LA SEGUNDA vez que me pasa. Se lo cuento. Hace unos días una amiga me pidió que la
acompañara al tanatorio porque había fallecido un amigo suyo de toda la vida. Al principio me
resistí a lo que me estaba pidiendo porque yo apenas conocía al amigo de mi amiga, pero ella
insistió: "Si no es por ir sola, es por la situación. Estarán sus dos mujeres y claro, yo soy amiga de
la primera". "¿Cómo que estarán sus dos mujeres?", pregunté con cara de tonta. Me explicó que su
amigo había estado casado casi 40 años con una mujer pero que, cuando rondaba los 65, decidió
divorciarse y se volvió a casar.
EL SEGUNDO matrimonio no había durado más que cinco años, puesto que el hombre acababa
de morir a los 70. El caso es que la mujer del primer matrimonio, amiga de mi amiga, quería ir al
tanatorio y la segunda mujer no había tenido más remedio que ceder ante el pulso que le habían
echado los hijos de su ya fallecido marido.
"PERO, ¿POR QUÉ quieres ir al tanatorio? Al fin y al cabo estaban divorciados...", insistí.
“Pues porque, a pesar de que él la dejó plantada para casarse con otra mujer más joven y para ella
eso fue un golpe terrible, por mucho que duela no se pueden borrar de un plumazo los 40 años de
vida en común y los cuatro hijos que tuvieron. Yo, la verdad, es que cuando se casó por segunda
vez le dejé de ver, no por nada, sino porque me daba pena su primera mujer, que era mi amiga.
Imagínate el mal rato que va a pasar la pobre. Todos los amigos en común, incluso sus hijos, al lado
de la viuda... Por eso quiero ir, para que no se sienta tan sola".
TOTAL, QUE a regañadientes la acompañé y la verdad es que pasé un mal rato. Los hijos habían
acordado con la segunda esposa que no estuviera durante una hora para que así pudiera su madre
despedirse del que había su marido durante 40 años. La segunda esposa había accedido en principio
pero, al final, o bien se le adelantó el reloj, o bien decidió que su lugar estaba junto al finado. El caso
es que se presentó antes de tiempo con el consiguiente alboroto, porque los amigos iban de una
"viuda" a otra, sin saber muy bien a quién consolar.
NO SÉ SI fue el escritor gallego Álvaro Cunqueiro el que dijo que los viejos no deben enamorarse,
pero convendrán conmigo que un divorcio a los 30, a los 40 o los 50, no es lo mismo que a los 70 o
75, cuando ya tienen toda una vida hecha. Y ¡ojo¡ No digo que uno no pueda divorciarse a los 70.
¡Faltaría más! ¡Todos tenemos derecho a enamorarnos e intentar ser felices a la edad que sea, a los
20 o a los 80. El caso es que es la segunda vez que acudo a un velatorio con "dos" viudas y la verdad
es que yo termino sufriendo por las dos.
P. D.: En aquella escena recordé el entierro de Miterrand, al que
asistió su otra viuda, con la que había tenido una hija oculta.
Sentí una profunda admiración por Danielle Mitterand cuando
la vi en televisión, por su generosidad, por su fortaleza, por su
seguridad en sí misma, en quién era, en lo que representaba.