'Destilando amor', 'Mariana de la noche' o 'La pícara soñadora': así son los títulos de algunas de las telenovelas que la actual primera dama de México, Angélica Rivera, protagonizó en sus años como actriz. Era la más popular del país y, de hecho, la siguen llamando “la Gaviota” por su papel protagonista en una de ellas.
Angélica se enamoró hace tres años del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, cuando participó en una campaña montada con personajes populares para dar a conocer su labor. Hoy, él es el presidente del país, tras las elecciones de junio y la toma de posesión el 1 de diciembre, y Angélica es su esposa.
Tras la boda, anunció públicamente su retirada de los sets de rodaje porque estar al lado de él le obligaba a una gran responsabilidad: ocuparse de su casa y de su hijos, según explicó.
Atractiva, de voz fuerte y sonrisa abierta, Angélica peleó desde la adolescencia por abrirse camino como actriz y mantuvo su casa.
Hoy, las lentejuelas, las ondas rubias y el maquillaje de “prima donna” han dado paso a los trajes de chaqueta, los vestidos de encaje a la rodilla y las blusas de raso. Muchos pensaron que su matrimonio era puro marketing para dar protagonismo a un desconocido Peña Nieto.
Angélica nunca fue una mujer sumisa y dependiente y hoy tampoco es una esposa de cartón piedra. Sin duda, ha elegido su destino y se la ve feliz en su nuevo papel.
En los vídeos que grabó con su móvil durante la campaña, no se le caen de la boca las palabras ”mi marido”: jamás le llama “Peña Nieto”, “Enrique” o “el candidato”.
Por eso, Angélica no necesita participar en política, como supuestamente hacen, en la sombra, muchas esposas de prohombres. Ella ha comprado billete para el mejor puesto que podía soñar una esposa burguesa: en primera fila, siempre al lado del que manda, en su intimidad.
Quien quiera acercarse a él, siempre la tendrá cerca. Ella es quien le llama “mi amor”, quien le limpia el sudor de la frente, quien regresa con él a casa tras las duras jornadas en las que toma decisiones. Es el papel de “la compañera” bendecida por los votos matrimoniales. La quintaesencia de la feminidad a la que Eva renunció por su exceso de curiosidad. ¿Para qué buscarte líos con tu propia campaña?