Parece apropiado que mi encuentro con Madonna tenga
lugar en su casa de Londres. La gigantesca mansión del
icono del pop está a un tiro de piedra de George Street,
donde vivía la norteamericana Wallis Simpson cuando
comenzó su apasionada relación con Eduardo, príncipe
de Gales, en los años 30. La vida de Simpson y su romance, que
conduciría a la abdicación de Eduardo VIII en 1936, es el tema de la
primera incursión de Madonna en la dirección de largometrajes. Su
película “W.E.”, todavía sin fecha de estreno en España, ha recibido
hasta la fecha críticas variopintas. Algunos han visto el mérito en su
objetividad y en las actuaciones brillantes de Andrea Riseborough
(Simpson) y James D’Arcy (Eduardo). Otros han menospreciado
la historia de amor actual (con los actores Abbie Cornish y Oscar
Isaac) que enmarca la narración histórica, y muchos han aprovechado
para criticar a la cantante y ocasional directora.
A Madonna no le sorprende. “En todo lo que hago, siempre espero
que la gente reaccione con dureza, así que no les hago caso”, dice.
Su conexión con la vilipendiada Simpson es personal: “Yo también
he sufrido que la gente diga que soy de cierta manera o que hago
cosas que, por supuesto, no son ciertas”, continúa, explicando que
su intención era retratar a Simpson como un ser humano equilibrado.
Madonna había quedado con Anne Sebba, la autora de
la biografía “Esa mujer: la vida íntima de Wallis Simpson” (Ed.
Lumen), para hablar sobre la duquesa y nos unimos a la conversación.
Ambas se pusieron de acuerdo en que había llegado la hora
de ver a Simpson de otra manera. “Nadie podría combinar todas
las cosas de las que se le ha acusado: nazi, zorra, prostituta”, dice
Sebba. Y Madonna agrega: “Hermafrodita, bruja, hechicera”.
Mujer hoy. ¿Es una simple casualidad que viva en la misma zona
de Londres donde residió Wallis Simpson?
Madonna. Sí, rodé muy cerca y fui a menudo a merodear frente
a su edificio sin hacer nada, como un bicho raro que espera
encontrar algo que permanece en el aire. Traté de imaginarme a
Eduardo VIII conduciendo hasta allí todos los días a las seis de la
tarde para tomar un cóctel. Una de las mejores amigas de mi hija
Lourdes vive en ese edificio, así que pude entrar. De hecho, hubo
toda clase de señales de que me aventuraría por este camino.
¿Cuáles fueron?
Madonna. En un momento dado pensé: “A ver, para; realmente
estoy intentando abarcar demasiado y no sé si debería hacerme
cargo de esta historia”. Un día sonó el timbre y al abrir vi una
furgoneta donde ponía “Mudanzas Montague”, que era el apellido
de la madre de Wallis. El timbre había sonado pero allí no había
nadie. Entonces pensé que era una señal.
¿Percibió alguna otra señal?
Madonna. Hace 25 años me hicieron la
carta astral y, al leerla otra vez, comprobé
que describía los rasgos de la personalidad
de alguien que tiene muchos planetas en
Saturno y citaba a Wallis Simpson.
¿Fue cuando empezó a interesarse por la
historia de Wallis?
Madonna. No, no recuerdo exactamente
cuándo me empezó a interesar. Yo había
oído hablar de ella desde que era pequeña.
Era la estadounidense de Baltimore divorciada
que acabó con el Imperio Británico.
Cuando leí la historia por primera vez me
dejé llevar por el romance, pero luego me
di cuenta de que era mucho más compleja.
¿Aumentó su interés cuando se casó y se
mudó a Gran Bretaña?
Madonna. Sí. Me gusta saber lo que pasa
en mi entorno, así que cuando vine empecé
a leer acerca de la historia inglesa
y las familias reales. Había montones de
afluentes que iban a parar al mismo río.
Anne Sebba. Wallis fue tratada como una
“outsider” por la sociedad de Baltimore
porque su padre había muerto joven, y sé
que tú sufriste por la temprana muerte de
tu madre. ¿Eso te ayudó a entenderla?
Madonna. No soy consciente de haberlo
relacionado con su niñez, pero sí con su
sentimiento de no pertenecer a ninguna
parte. Yo tuve que empezar de cero. Sentía
que no conocía a nadie y que no tenía amigos,
así que es probable que hubiera alguna
conexión inconsciente. En cambio, no
me entraba en la cabeza que un hombre lo
dejara todo por amor.
Anne Sebba. Has dado en el clavo de por
qué siempre ha resultado fascinante: porque
la gente no puede entenderla. Era
fuerte y débil a la vez. Y sigue siendo muy escurridiza.
Madonna. No puedes investigarlo todo y llegar al final de la historia.
Pero yo la he retratado con todos sus defectos, porque nunca
se la ha retratado como ser humano. Y eso me cabrea.
¿Por qué era este un buen momento para que ambas se fi jaran en
la historia de Wallis Simpson?
Madonna. Creo que su historia es oportuna en muchos sentidos.
Se podría interpretar como un ejemplo de cómo cogemos a los
personajes de la historia, o a los famosos, y los acabamos reduciéndoles
a eslóganes. Wallis es “la mujer
que destruyó la monarquía”.
Anne Sebba. La fecha clave es la muerte
de la reina madre, cuando salieron a la luz
ciertos documentos. Ahora la gente está
abierta a una nueva opinión sobre Wallis.
Por ejemplo, cuando ves algunas cartas de
Eduardo, te das cuenta de que realmente
no quería reinar. Era un adolescente atribulado
que estaba buscando una salida. Y
la encontró en Wallis.
Madonna. Yo tampoco creo que no quisiera
reinar. Creo que le destrozó no poder
luchar en la guerra, no poder demostrar
que era un hombre. Sintió que le iban a
romper las pelotas, así que ¿de qué servía
ejercer como rey? En realidad no estaba
en una posición de poder y creo que vio
a través de esa fachada. Era casi como un
mal chico en el colegio, como un niño travieso
haciendo las cosas a propósito para
que la gente se enfadara con él.
Anne Sebba. Siendo tú alguien que se
marca nuevos retos constantemente, ¿no
te pareció frustrante que Wallis decidiera
vivir de un hombre, cuando algunas mujeres
de su generación decidieron trabajar?
Madonna. ¿Quiénes? ¿Maestras o institutrices?
A comienzos del siglo pasado no había
muchas oportunidades, especialmente para
una chica apasionada, pícara e ingeniosa
como ella. ¿Te la imaginas de profesora?
Creo que quería tener seguridad.
Anne Sebba. Tú, igual que yo, ¿crees que la
inseguridad es la razón de que persiguiera
a Eduardo?
Madonna. Viendo la precaria existencia
que vivió su madre, sin saber qué comerían
al día siguiente, o si su tío les daría
dinero suficiente... Ella y su madre salieron
adelante juntas. Ahora damos por
hecho las oportunidades que tenemos,
pero no eran fáciles de conseguir para las mujeres de entonces.
Aparte de la miseria, ¿cree que la falta de una fi gura paterna afectó
a las opiniones y el comportamiento de Wallis?
Madonna. Claro, crecer sin uno de tus padres determina tu vida.
Seas o no consciente de ello, lo habitual es vivir buscando una
figura paterna, si se carece de padre; y una figura materna, si
lo que se ha perdido es la madre. Creo que el miedo a no tener
suficiente y el deseo de tener a su lado un modelo masculino
fuerte influyeron en sus decisiones y en sus matrimonios.
¿Qué provocó que Eduardo se enamorara de Wallis?
Madonna: Fue la idea de querer ser feliz. Iba en contra del mundo en el que él había crecido, la idea de ser rey. Uno no quiere que el rey haga esas cosas. Estaba ahí para servir al país y nada más. Wallis era una persona consciente de sí misma y él conectó con ese aspecto de su personalidad. Esa es mi opinión.
Anne Sebba. Yo iría un poco más allá. Él era una persona “necesitada”, y creo que su amor por ella era obsesivo. Estaba completamente enamorado y la necesitaba profundamente. Y tenía sex-appeal, claro está. Me imagino que la mayoría de las chicas inglesas bien educadas no tenían ni idea de sexo, mientras que ella estaba abierta a todo. Dicho esto, no creo que la relación se basara enteramente en un asunto sexual.
Madonna. Creo que era una criatura sexual, atractiva de un modo poco convencional: elegante, ingeniosa, inteligente, guapa.
La mayoría de la gente nunca se plantea los sacrificios que hizo Wallis para que su relación funcionara.
Madonna: Su reputación. Lo sacrificó todo. Si un hombre renuncia a su reino por ti, tienes que pasar el resto de tu vida haciéndole sentir como un rey. ¿Qué clase de responsabilidad es ésa? No me lo puedo ni imaginar. No la puedes echar a perder. Tienes que tener un aspecto increíble y dar las mejores cenas. Fue demonizada y cada día le llegaban sacos de cartas llenas de odio. Ser llamada “esa mujer”, ser acusada de destruir el Imperio y encima luego tener la responsabilidad de hacer que Eduardo se sintiera como un rey, es demasiado. ¿Quién no se deprimiría?
Anne Sebba. ¿Te ves como la defensora de Wallis?
Madonna: No me lo he propuesto, pero obviamente, desde mi experiencia personal, veo cómo uno a menudo puede ser incomprendida. La suerte es que tengo el privilegio y las oportunidades de defenderme como Wallis Simpson no pudo hacer.
¿Siente que los críticos del Festival de Venecia, donde se presentó W.E., fueron demasiado duros, despreciando el fi lme sólo porque usted es la directora?
Madonna: No leí nada, pero tengo entendido que lo fueron.
¿Esperaba esa reacción?
Madonna: Siempre espero reacciones excesivamente duras. No tiene importancia.
Anne Sebba. Después de cinco años con el proyecto, ¿Wallis te gusta más o menos?
Madonna: No fue un ser humano ejemplar, pero veo su humanidad y cada vez me gusta más. Me encanta. ■
LO QUE LA PELÍCULA NO CUENTA...
● Aunque Madonna la presenta en “W.E.”
como “la historia de amor más romántica
del siglo XX”, hay bastantes dudas al
respecto. Perteneciente a la burguesía
de Baltimore y arruinada en la crisis del
29, Wallis maquinó para reconquistar un
modo de vida perdido. Desde su llegada a
Inglaterra, invirtió todo el dinero de su ex
en ofrecer fi estas para lograr adentrarse en
el círculo aristocrático y, aunque se hubiera
conformado con seguir siendo la amante de
Eduardo (recibiendo “toneladas” de joyas),
su ambición llegó a lo más alto al lograr
que abdicara y que, además, la casa real le
ofreciera un generoso cheque.
● La abdicación puso en jaque las
aspiraciones diplomáticas de Eduardo,
que trató de seguir teniendo un papel
en el escenario internacional visitando
a Hitler en Alemania. La visita se saldó
con una fotografía del apretón de manos
entre Wallis y el Führer y algunos rumores
sobre un posible affaire con Ribbentrop,
el ministro de Asuntos Exteriores. Era
manifi esta la simpatía del Duque de
Windsor por el régimen. Y, al parecer, el
sentimiento era mutuo: según el FBI, Hitler
tenía planes de devolverle el trono.
● Aunque la película no sobrepasa el
umbral del dormitorio, una oscura leyenda
adorna el currículum de Wallis Simpson
con docenas de amantes y cuestiona la
sexualidad del duque.
currentVote
noRating
noWeight