Desde hace siete meses, vive entregada a una pasión: su hija Carla, una niña feliz que ha cambiado su vida. Con la actriz y presentadora, que se estrena como bloguera de
Mujerhoy.com, hablamos de maternidad, amor y responsabilidades.
A estas alturas, Carolina Cerezuela no es una persona, sino una tribu. No da un paso sin su hija Carla, de siete meses, y llega a la entrevista con su madre y su representante, Susana Uribarri, con la que muestra una evidente complicidad. Podría ser un cónclave de rubias, pero no lo es porque Carolina se ha "reinventado" y aparece con melena oscura, delgadísima. Al cuello, un pañuelo, "regalo de Carlos" [Moyá, tenista].
Durante la espera, Carla va de mano en mano, pero acaba en los brazos de la orgullosa abuela. Es el centro de la escena, su inocencia y su sonrisa ejercen de imán, y todos la seguimos embobados con voces cursis y aniñadas que suenan disonantes en un contexto profesional. Pero un bebé lo cambia todo y así se ha sentido Carolina, cambiada como mujer y como ser humano.
- Mujer Hoy. ¿Cómo es Carla?
- Carolina Cerezuela. Maravillosa, se adapta a cualquier circunstancia, viaja con nosotros, pasa del frío de Londres al calor de Punta Cana y jamás ha estado malita, tiene muy buen carácter y no llora nada. Qué voy a decir: es mi hija y es perfecta.
- ¿Se la imaginaba así?
- Carla ha superado todas mis expectativas, pero la maternidad sí la imaginaba como la estoy viviendo. Tenía claro que iba a seguir mi vida. No la excluyo porque forma parte de nuestra vida.
- ¿Se siente distinta ahora que es madre?
- Te cambia todo. Ahora vivo más en paz conmigo misma, más sosegada y con más peso como mujer. Antes estaba metida en el bucle de la vida, pero cuando tienes una hija te paras y dices: "¿Me voy a cruzar media España para estar en una cosa que ni siquiera me va a hacer feliz? Pues no, mi hija es lo primero". Mi chico tenía claro que o viajábamos siempre los tres juntos o dejaba de viajar. Cuando tuvimos a Carla nos convertimos en una familia.
- ¿Ha cambiado también la relación con su madre?
- Claro, porque te das cuenta de lo que ha sacrificado para sacarte adelante, por no hablar de lo mal que lo tuvo que pasar cuando empecé a volar de aquí para allá a los 16 años.
- ¿Piensa llevar a Carla a la escuela infantil?
- No, voy a hacerlo como mi madre, que me tuvo pegada hasta los cuatro años. Tenía contacto con niños, pero no iba al cole. Con mi hija lo voy a hacer igual, porque creo que no necesita estar sometida a horarios tan pequeña.
- Muchas madres quisieran alargar la baja, pero no pueden.
- La mayoría intenta exprimir todo el tiempo posible, aunque hay otras que que necesitan recuperar su vida, su trabajo y su independencia. Me parece igual de lícito, pero tengo que seguir mi instinto. Es como cuando me decían: "No cojas a la niña, que la vas a malcriar". No hacía ni caso porque para mí, 'malcriar' sería dejarla en el cochecito. No puedo dejar llorar a un bebé.
- El libro 'Duérmete niño' del dr. Estivill le parecerá un crimen…
- Estoy absolutamente en contra. Me encantaría sentarme con ese señor para decirle que hay muchas formas de que un bebé aprenda y que la peor es llorando.
Al principio, mi hija lo hacía en brazos, pero llegó un momento en que prefirió domirse sola sin ningún trauma. El bebé necesita confianza, necesita saber que no ha llegado a un mundo hostil, que no existe el abandono... He leído mucho de psicología infantil y es lo que mejor me ha funcionado.
- ¿Qué libro le ha gustado más?
- 'Amar sin miedo a malcriar' me encantó, aunque te digo que cada uno educa y cría como quiere.
- ¿Y piensa en tener más hijos?
- Si por mí fuera, tendría 17. He descubierto que el papel de mi vida es el de madre. En casa solo éramos dos hermanas, pero me encantan las familias grandes, así que a por tres hijos voy seguro, pero si se pueden más, mejor.
- Y la lactancia, ¿qué tal ha ido?
- Nunca le di pecho porque íbamos a viajar mucho y quería delegar en el padre, que estaba deseando involucrarse. Y no te puedes sacar el pecho en cualquier parte porque la gente te mira.