Cuando Condolezza nació una mujer negra solo tenía dos opciones: ser siempre la última o ser siempre la primera. Pero lo más habitual en Alabama, en plena segregación racial, para una chica negra era ser la última: no podía utilizar los probadores en las tiendas, le daban la peor comida en los restaurantes o le negaban habitación en los hoteles.
Pero se convirtió en “la primera” cuando cambiaron las leyes.
Fue la primera mujer, la primera negra, y la más joven, que fue rectora en la Universidad de Stanford. Fue la primera mujer negra (ya había habido un negro y una mujer antes, pero no todo al mismo tiempo) secretaria de Estado de un presidente de Estados Unidos. Y la primera que encabezó una lista Forbes, tras dejar la Casa Blanca.
Y he aquí que otro de esos clubes masculinos, y en general blancos, ha vuelto a convertirla en escaladora de “ochomiles”: es una de las dos únicas mujeres (y la primera negra) aceptadas como miembros del exclusivo Club de Golf de Augusta, que solo admitía mujeres como invitadas y que inscribió al primer negro en 1990.
“Nos ha ido bien así hasta ahora, ¿por qué cambiar?”, se preguntaba su presidente hace unos años.
Augusta se apoya en la tradición como argumento. No les hacemos mucho caso, porque los vemos más cercanos a la ranciedad que a la ofensa. Pero todavía hay demasiados señores serios y rancios que no aceptan compartir lo que sea que hacen en sus clubes de gastronomía, paleontología o bridge con ninguna mujer. Algunos siguen sin aceptar a los negros, pero al menos ya no se atreven a decirlo en público.
Estos señores suelen afirmar que toman las decisiones cuando lo creen oportuno, no porque proteste un grupo de indignadas, o los tiempos cambien, o lo diga la ley.
Condoleezza ha dado las gracias y se prepara para disfrutar de su deporte favorito. Se siente halagada, pero no lo considera una conquista, porque si hay algo que ella respeta son las reglas cuando se trata de un club privado.
¿QUIEN ES?
Nació en Alabama en 1954, hija única de dos profesores. Su padre era ministro presbiteriano.
Se doctoró “cum laude” en Ciencia Política en la Universidad de Stanford, donde luego dio clases y fue rectora.
En 2001, fue asesora de Seguridad Nacional y, en 2004, en secretaria de Estado de Defensa, con el presidente George W. Bush.
En 2009 volvió a la Universidad. Está soltera y no tiene hijos.
Práctica el golf desde hace siete años.
POR SUS PALABRAS LA CONOCERÉIS
“No importa de dónde vengas. Lo que importa es hacia dónde te diriges. (…) Mis padres no podían llevarme a un restaurante, pero me convencieron de que podía ser presidenta de Estados Unidos.”
(Convención del Partido Conservador, agosto de 2012)
“Soy negra y mujer. Cuando entro en una sala, trato de no pensar si me miran de forma extraña. La mejor manera de lidiar con los prejuicios es estar preparada. Tarde o temprano, te das cuenta de que no importa.” (Discurso, julio de 2008)