Hay personas cuyo destino cambia
como la intensidad de los focos de
un teatro. Pasan de la infelicidad
a la plenitud, de la vanidad al
recogimiento, de la nobleza a
la bohemia, del compromiso
a la frivolidad. Sin aparente vértigo, con
liviandad. Diane von Furstenberg es una de
estas personas: burguesa judía, aristócrata de
abolengo católico, musa de Warhol, diseñadora
visionaria, empresaria arruinada, vividora y
sensata. Quizá porque nunca se tomó muy en
serio, quizá porque jamás tuvo miedo: no era
una opción para una niña cuya madre había
sobrevivido a Auschwitz.
Y así, como sin querer, con esa mezcla de
determinación y azar que parece definir su
inaprensible identidad, Diane empezó un
día a hacer vestidos. Quería ser ella misma,
dice. Pero, ¿quién era ella? Se había casado
con un príncipe a los 18 años, tras quedarse
embarazada, y era una de las “it girls” de las
noches de Studio 54. Así que el resultado
era imprevisible. Simplemente se puso a
diseñar algo cómodo y asequible para las
mujeres de su generación. Y nació el “wrap
dress”: un prodigio de pragmatismo y belleza,
confeccionado en un punto de seda que no se
arrugaba, ligero, colorista y sexy. Fácil de poner
y fácil de quitar.
Apuntaló la magia con un eslogan mítico:
“Siéntete como una mujer. Ponte un vestido”.
Vendió cinco millones de prendas y se
convirtió en pionera de la liberación femenina.
Eran los primeros 70 y el hábito de las niñas
obedientes y las damas elegantes renacía a la
vida de la calle como un icono del feminismo.
“Simplicidad y atractivo, eso es lo que quiere
la gente. A un precio que no sea escandaloso”,
aseguraba. Nada de alta costura, nada de
poses de artista. Diane tenía en la cabeza mujeres que subían y bajaban del autobús y
apreciaban sus cuerpos como algo propio.
Fiel a su destino cambiante, se hizo
multimillonaria y, acto seguido, murió de
éxito. “He sido un milagro, una pionera, una
magnate, una reclusa, un icono del pasado,
ahora soy otra vez un icono”, decía en 1998.
Hoy es de nuevo rica: la más poderosa
de la moda mundial, según Forbes. Y la más
“cool”, aunque las nuevas “it girls”, expertas
en la alquimia del negocio y del estilo, no
sepan que un día sus vestidos fueron
banderas de libertad.
¿Quién es?
● Diane Simone
Michelle Halfin
nació en Bruselas
en 1946, hija de
un empresario
moldavo y una
superviviente
de Auschwitz de
origen griego.
● Estudió Economía.
Trabajó en París
como asistente de
fotografía y
en Italia en la
industria textil.
● Se casó en 1969
con el príncipe Egon
von Furstenberg, un
Agnelli. En Nueva
York fue un icono
pop. Tuvieron dos
hijos y se separaron
en 1972.
● En 1970, fundó
su marca DVF. Tras
perderlo todo, la
relanzó en 1997.
● En 2001 se casó
con el magnate de
prensa Barry Diller.
Por sus palabras
la conoceréis...
“Mi misión en la vida, de lo
que entiendo, son las mujeres.
Quería ser un cierto tipo de
mujer. Y me convertí en él.”
(The New York Times, 2012)
“El éxito de ese vestido me
enseñó todo lo que sé: sobre el
diseño, las mujeres, la vida. ” (cbsnews.com, mayo de 2011).