Podríamos decir que este, de nuevo, ha sido el año de Maribel Verdú. ¿Y cuántos van ya...? Suyo fue el 91, cuando encarnó a la abnegada Trini de 'Amantes' y su muerte helada; suyo fue el 97, con el personaje trágico de Marina y la dignidad de su amor entre un carnicero castrado y un delincuente enfermo en 'La buena estrella'; suyo fue el 2001, otra vez en el vértice de un triángulo, pero exudando ligereza y sinceridad, en la mexicana 'Y tu mamá también'; suyo fue el 2006, como la heroína, aparentemente cobarde, que se juega la vida entre la cocina y la oscuridad del bosque en 'El laberinto del fauno'; suyo fue también 2007, con su primer Goya, haciendo el más difícil todavía al filo de la tragicomedia con 'Siete mesas (de billar francés)'; como suyo ha sido, otra vez, el 2012, con un milagro silencioso: su poderosa interpretación de la madrastra de “Blancanieves”, un personaje de riesgo, que ella esculpe a base de miradas y matices, con una electrizante maldad...
Y es que Maribel Verdú, con 42 años y una filmografía de más de 60 películas, ya ha conseguido hacer lo más difícil en la carrera de un actor: permanecer sin dejar de crecer, que te sigan llamando, inspirar personajes para los que tu presencia resulte indispensable. Que la edad juegue a tu favor y no en tu contra. Ser, en definitiva, “la Verdú”. Y lo ha hecho, además, sin amaneramiento, sin divismos. Como si fuera fácil.
Alegría de vivir
Pero no ha sido coser y cantar. “De hecho, después del éxito de “Y tu mamá también”, pasé dos años y medio sin que me ofreciesen una película. Nadie puede imaginarse lo mucho que esa etapa me sirvió. Todo lo que aprendí en ese tiempo creo que está en mi vuelta. Hasta me veo en pantalla con una manera de mirar distinta, otros ojos. En ese tiempo –que, ¡ojo!, lo sufrí, lo pasé mal, pero lo llevé con cero victimismo, con mi alegría de siempre–, pensaba que esto se había acabado para mí, como se le acabó a Paco Rabal en su momento. Quizá por eso a la vuelta lo cogí con tanta fuerza”.
Todo el que la conoce destaca de ella su permanente sonrisa. De ella dijo Vicente Aranda: “Maribel me suena a juventud y cascabeles. Se ofrece a la vida con alegría, reparte su afán de vivir y lo esparce por donde quiera que va”. Tal vez por eso, sus cómplices en la profesión han sido siempre aquellos con los que ha compartido sentido del humor: Jorge Sanz, Carmen Maura, Antonio Resines, Fernando Trueba... Gracias a Trueba y a “Belle époque” acudió por primera vez una ceremonia de los Oscar: “Éramos muy jóvenes, y aquel viaje a Los Ángeles lo vivimos como paletos. Míriam [Díaz Aroca] y yo estábamos todo el día como Zipi y Zape. En el hotel nos dieron una suite para cada una, pero eran tan grandes que preferimos compartir. Nos pasábamos el día haciéndonos fotos con los famosos y riendo”. Incluso el día que hubo un terremoto y salieron en camisón a la escalera fue como una fiesta... Y es que Maribel no es una mujer con miedo. De pequeña decía que quería ser conductora de rallys, así que su padre, que era vendedor de coches, la enseñó a conducir en un descampado cuando tenía solo 13 años. “De hecho, conduje en el cine mucho antes de tener carné. ¡Como tantas otras cosas que he hecho en el cine antes que de verdad!”.
Mujer hoy. Su 2012 ha sido un año redondo. Ha protagonizado “Blancanieves”, candidata española a los Oscar; “Fin”, que ha sido un éxito de taquilla; y “15 años y un día”, dirigida por Gracia Querejeta y pendiente de estreno. ¿Cómo se ha sentido al saber que, además, ha recibido el premio de las lectoras de Mujer hoy?
Maribel Verdú. Teniendo en cuenta que tiene dos millones de lectoras, es un honor ser elegida por ellas como una de las ganadoras de este año. Estoy feliz. Es una revista de larga trayectoria y estar ahí entre las premiadas, me hace mucha ilusión.
P: A lo largo de su vida ha recibido múltiples galardones. ¿Qué relación tiene con ellos? ¿Los ha anhelado o la han abrumado?
R: Un premio siempre hace mucha ilusión, nunca abruma, lo que abruma es que no te los den. A mí me han tardado en llegar, pero ahora me estoy resarciendo, la verdad...
P: ¿Cómo se sintió a la la mañana siguiente de recibir el Goya?
R: Fue, junto con el premio Ariel de México [el equivalente a los Goya], lo más emocionante que me ha pasado. Un sueño.
Tengo entendido que conoce a Teresa Perales, otra de las premiadas, porque las dos colaboran en la Fundación Vicente Ferrer.
Teresa es una luchadora, es divertida, solidaria... La admiro profundamente. Y, sobre todo, hay una cosa de ella que me encanta y es que sonríe, siempre sonríe.
P: ¿En qué consiste su colaboración con la Fundación Vicente Ferrer?
R: Son muchos años colaborando con ellos y la iniciativa nueva, 'De mujer a mujer', es absolutamente fantástica. Me encantaría que las lectoras entrasen en la página web para crear una empresa con una mujer en la India solo por nueve euros al mes. Realmente, necesitan nuestra ayuda y para ella cada euro es vital. [www.fundacionvicenteferrer.org].
P: ¿Ha estado allí, en el centro de la Fundación?
R: Estuve en el año 92, durante un mes con Vicente [Ferrer] y Anna, su mujer. Fue una experiencia inolvidable.
P: ¿Qué fue lo que más le sorprendió de las mujeres que conoció en la India?
R: La sonrisa permanente, a pesar de todo. Es una lección de vida que nos dan día a día.
P: ¿Qué mujer es su modelo? ¿A quién admira?
R: Mi madre este año me ha dado la lección de mi vida. Ahora la tengo en un pedestal.
P: ¿Cómo está viviendo la crisis?
R: Con profunda preocupación y a la vez intentando que no sea la única conversación del día al tener a tanta gente alrededor afectada, como todos.
P: ¿Qué es lo peor de esta crisis?
R: El engaño y la ineptitud de nuestros políticos; el engaño y la avaricia de los bancos... pero, lo que más me avergüenza es vivir en un país donde los que deberían dar ejemplo son los más corruptos y ladrones de todos. Y, al final, el pueblo pagando las consecuencias.
P: ¿Le gusta refugiarse en el cine como espectadora?
R: Amo ir al cine. Al menos dos veces por semana suelo meterme en otras historias como espectadora. Siempre en versión original y con palomitas, no puedo evitarlo...
P: Su papel en 'Blancanieves' ha recibido críticas extraordinarias. ¿Cuál fue la mayor dificultad o reto de actuar sin palabras?
R: Lo único que hice fue jugar, pasarlo bien y tener una complicidad brutal con el director. Lo pasé pipa, francamente. Uno de los mejores regalos que me han hecho en esta profesión ha sido el personaje de esta madrastra. He disfrutando haciendo sufrir a los demás, siendo mala porque sí, sin justificarme: mala de profesión. Siempre me han tocado papeles de sufridora, así que este me ha parecido maravilloso.
P: ¿Es muy exigente con su trabajo?
R: Lo justo para no comerme en exceso la cabeza, sabiendo que la perfección no existe y que lo válido es darlo todo en cada momento con entusiasmo, profesionalidad y disciplina.
¿Cuál es su deseo para el nuevo año?
Sé que es una quimera: que a nadie le falte trabajo, ni casa ni nada que le haga sentirse un paria. Y salud, por encima de todo, salud.