Solo hay una nadadora que podría robarle el título honorífico de mujer más destacada en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 en el Centro Acuático de la capital británica: Natalie du Toit. Sin embargo, Eleanor Simmonds (Wallsal, West Midlands, 11 de noviembre de 1994), compite en casa.
Según aparece por los túneles de vestuarios, con su mochila a la espalda y el gorro bien colocado, el público enloquece. Ella, con una sonrisa que no pierde ni un instante hasta que se concentra en el agua, saluda agradeciendo el fervor. Una vez en la peana comienza su juego.
Eleanor es mucho más pequeña que el resto de sus rivales. Mide 1 metro y 23 centímetros. Esto se debe a que nació con acondroplasia, una enfermedad de origen genético que puede deberse a la edad avanzada del padre o por un cambio en el ADN del receptor durante la gestación.
Esa desventaja -por ejemplo a la hora de tocar la pared en una llegada ajustada, ya que sus brazos son más cortos- nunca ha sido un freno para ella. En los Juegos Paralímpicos de Pekín, con tan solo 13 años, dejó a todos con la boca abierta al conseguir dos oros. En los presentes Juegos Paralímpicos de Londres ha sumado dos oros más y un bronce. Y le queda una prueba por nadar...
Premios a diestro y siniestro
Su triunfo en Pekín a tan corta edad le valió también para recibir en 2009 un honor del que pocos británicos pueden presumir. El 18 de febrero de aquel año, la reina Isabell II le daba la bienvenida como Miembro de la real Orden del Imperio Británico, convirtiéndose en la persona más joven en obtener esta distinción.
En 2008 la BBC le reconoció sus logros con el Premio a la Personalidad Deportiva más Joven del Año. Y en 2011 fue nombrada Mejor Deportista con Discapacidad de Gran Bretaña. Ayer mismo, no asombraba verla en la gala de los Premios GQ al lado de fenómenos del deporte olímpico como Mo Farah o Bradley Wigins. A pesar de su discapacidad, en su país es una heroina deportiva al mismo nivel que los atletas sin minusvalías.
Todo este palmarés se empezó a forjar cuando tenía tan solo cinco años. Se metió en la piscina, ve que le gustaba y, desde entonces, no se imagina la vida fuera del agua. Le encanta sentir la velocidad mientras el agua baña su cuerpo y su lema de cabecera antes de lanzarse a la piscina no es otro que: "Llegar segunda no es una opción". Siempre se sumerge para ganar.
Una semana en su vida
Antes de comenzar la competición tiene dos manías. La primera es salir con los mismos pantalones bombachos: su prenda de la suerte. La segunda es colocarse unos cascos y escuchar música. Entre su 'playlist' hay una canción que no falta: 'Piece of Me', de Britney Spears, sobre todo antes de nadar su prueba favorita, los 400 metros libres. Rutinas típicas de deportista.
Entrena de lunes a sábado. Los domingos son para descansar y dedicarse a sus 'hobbies', entre los que se encuentra ir de compras -es extremadamente coqueta- e ir al cine. Eso siempre que no tenga que estudiar, porque para ella ir a clase con sus compañeros es un placer.
El único día que entrena antes de ir a la escuela es el lunes. A las 6 en punto de la mañana está lista para hacer ejercicios aeróbicos, correr y realizar ejercicios específicos para prevenir lesiones y para corregir las secuelas de una operación a la que tuvo que ser sometida el año pasado en sus piernas debido a la enfermedad que sufre.
El resto de los días combina la carrera a pie con los largos en la piscina. Sobre todo entrena los 'sprints', porque no hay nada más importante para Simmonds que ser la más rápida. Su vida transcurre, entre el colegio y la piscina -se desplaza en tren y pasa unas dos horas diarias en este medio de transporte-, a un ritmo vertiginoso.
Pisar el acelerador para llegar a esta cita en condiciones óptimas, mereció la pena. Eleannord Simmonds es sinónimo de 43 kilos de oro puro de 24 kilates.