Entre las dos mujeres cañón de 'Mad men' –la pelirroja Joan Harris (Christina Hendricks) y la angelical Betty Draper (January Jones )–, Peggy Olson (Elisabeth Moss) es el patito feo. Pero, como suele ocurrir en la mayoría de los cuentos, ella es la que llega más lejos. Moss (Los Ángeles, 1982) responde al teléfono desde Nueva Zelanda, donde está rodando una miniserie para Sundance Chanel. La quinta temporada de 'Mad men' está haciendo furor en España. Hemos esperado dos largos años para volver a meternos en la neoyorquina agencia de publicidad Sterling Cooper (ahora, Sterling Cooper Draper Pryce). "Es muy frustrante no poder contar lo que pasa en la quinta temporada. Pero es que no lo sé –repite Moss–. Leemos capítulo a capítulo. En cierto modo, lo agradezco, sería muy duro guardar tantos secretos. Es genial no tener que preocuparme porque se me pueda escapar algo". Da la impresión de que Elizabeth ha aprendido de su personaje la cautela para sobrevivir a situaciones comprometidas. Pero algo nos revela: "Vais a ver a una Peggy menos naif, más inteligente, más fuerte, que ha aprendido a creer en sí misma y a ir tras lo que quiere", dice. Y su evolución física da fe. Por si alguien no sabe de qué estamos hablando (aún podéis poneros al día; Sundance Channel acaba de estrenar la segunda temporada de "Mad men" y Canal Plus está emitiendo la quinta), Peggy Olson fue contratada como secretaria en el primer capítulo y, a estas alturas, ocupa ya un despacho de creativa con importantes clientes a su cargo. Una carrera vertiginosa. Al principio, muchos le colocamos la etiqueta de inocente y quizás lo era... pero su habilidad para moverse por los hilos del poder de la agencia reveló, perseverancia, ambición y frialdad. Moss se lo debe todo a este personaje. No solo sus cuatro Emmy, también el haberse convertido en un icono de la comunidad gay, alguien a quien acosan por la calle al grito de "¡Peggy!" (todo un triunfo en una ciudad llena de "celebrities" como Los Ángeles).
Peggy en la ciudad
En 2007, cuando empezó la serie, Elisabeth tenía 23 años y su personaje, 20. Peggy, de una familia humilde y muy religiosa de Brooklyn, procuró olvidar sus orígenes en cuanto se asomó al ambiente incipientemente liberal y sofisticado de la publicidad. Y Elisabeth, una chica urbana y estilosa de Los Ángeles, tuvo que convertirse en una joven de formas abundantes, que llevaba la ropa como si fuera prestada. "Tuve que engordar 20 kilos y llevar una prótesis para parecer más grande de lo que soy –dice la actriz–. Desde entonces las cosas han mejorado en cada temporada, Peggy ha cambiado su estilo y poco a poco hemos ido pareciéndonos más".
¿Cuánto hay de Elisabeth en Peggy? "Tenemos muchas cosas en común. Ella es positiva, cree en la bondad de las personas, no es calculadora e intenta hacer siempre lo correcto. Además, hace su trabajo y sobrevive. Día a día. Ese aspecto nos acerca mucho".
Moss creció en Los Ángeles en lo que ella llama "un hogar artístico". Su padre, británico, dirige un conjunto de jazz. Su madre toca la armónica. Su hermano menor trabaja en la industria, "pero al otro lado de la cámara", aclara Elisabeth. Ella, por su parte, fue bailarina durante varios años e hizo de todo, pequeños personajes en series de éxito y secundarios en el cine. Fue la hija del presidente Barlett en 'El ala oeste de la Casa Blanca', estuvo junto a Winona Ryder y Angelina Jolie en 'Inocencia interrumpida' y compartió cartel con Cate Blanchett y Tommy Lee Jones en 'Desapariciones'. "No ser la típica niña prodigio me salvó, me mantuvo trabajando", cuenta.
Dos veces tuvo que hacer la prueba para el personaje de Peggy, pero hubo química con Matt Weiner, director de la serie, desde el principio. "Sentí una conexión inmediata. Recuerdo haber llamado a mi agente para decirle: "Creo que acabaré trabajando con este hombre".
Poco se sabe de su vida privada. La única condición para esta entrevista, de hecho, es no hablar del asunto... especialmente de su matrimonio relámpago con Fred Armisen, estrella del programa de televisión Saturday Night Live. Se casaron en octubre de 2009 y en junio de 2010 ya estaban separados. Ella pidió el divorcio por "diferencias irreconciliables". Ha hablado poco de su ex pero, meses después del divorcio, dijo: "Me habían dicho que era muy bueno haciendo imitaciones, pero su mejor imitación es aparentar ser una persona normal". Después de aquello, ha dicho en alguna entrevista que se ha transformado en una "adicta a la libertad". "Es divertido salir por la noche y no saber lo qué va a pasar". De momento, los hijos no entran en sus planes: cree que aún es muy joven y que los compromisos de trabajo no le permitirían ejercer la maternidad como le gustaría.
Sexo y trabajo
Curiosamente, Peggy, su personaje, sí ha sido madre. Por accidente. Ese bebé que vive con su madre es su secreto mejor guardado. Y no es su único conflicto. Peggy quiere ser una mujer sexualmente deseada y una profesional respetada. "Creo que, a medida que avanza la serie, va siendo menos vulnerable a que nadie en la oficina la vea como una mujer atractiva. Sin embargo, sigue sufriendo. Quiere que se hable de su escote y de sus campañas con la misma pasión. Y creo que, finalmente, decide mantener ambas aspiraciones en territorios separados", explica Elisabeth. Peggy se mueve en un mundo de hombres. "Me hace gracia que a la gente le llame tanto la atención que todos beban y fumen en el trabajo y que a nadie le extrañe que engañen a sus mujeres. ¿Será que eso ya no resulta tan exótico? –se pregunta la actriz–. Las mujeres trabajadoras seguimos teniendo un desafío, tenemos que probar nuestra valía constantemente y siempre tenemos un conflicto entre ser madre, esposa y profesional. Los hombres nunca tienen problemas parecidos". Eso sí, según Moss, los sociólogos que han querido ver en Peggy un icono del feminismo van demasiado lejos. "Peggy es una superviviente y punto. Una chica que ama lo que hace y por eso cambia reglas y altera verdades establecidas. En ese sentido puede ser feminista, pero ella no lo sabe". Resulta curioso que sea la única mujer cercana a Draper que no ha acabado en su cama. "Y no creo que caiga, lo que los une son sus vidas misteriosas, lo que cada uno sabe del otro: es una relación más rica e interesante".
El encanto vintage
'Mad men' ha traído de vuelta toda la estética de los 60, desde el pintalabios rojo hasta las siluetas hiperfemeninas de pechos marcados y cintura en su sitio. ¿Es Elisabeth fan de la moda vintage? "No suelo llevar nada de la época en mi vida diaria, seguramente porque ya uso esa ropa en la grabación, pero sí creo que hay algo increíblemente sexy en los hombres y las mujeres de esa época. Creo que tiene que ver con que se enseñaba muy poco. Todo se cubría con vestidos maravillosos. Por otra parte, la ropa era exquisita, hecha con mucho cuidado por el detalle. El vestuario de la serie es original y es impresionante ver el cuidado en los botones y las costuras. Cuando te pones uno de esos vestidos es muy fácil sentirse sexy".
La serie le ha abierto muchas puertas, entre ellas las del cine. Pero Elisabeth no parece necesitar la gran pantalla. "La televisión es igualmente respetada. ¿Quiénes trabajan en las series de éxito? Glenn Close, Holly Hunter, Sally Field". Además, explica, "la intensidad del trabajo, las largas temporadas y la cercanía con la gente te ayudan a hacer buenos amigos". John Hamm (Don Draper), por ejemplo. "Tenemos una relación única, muy parecida a la que mantenemos en la serie; la diferencia es que, en la vida real, no le pido aumentos de sueldo" [Risas]. ¿Hay más paralelismos entre la realidad y la ficción? ¿Se fuma y se bebe tanto en la grabacion de 'Mad men' como en Sterling Cooper? "Yo no bebo ni fumo", contesta Moss. ¿Y el resto? "Ah, eso no lo puedo contar". Elisabeth sabe lo que hace. Suelta la información a medias. Guarda muchas cosas. Supera los silencios con medias sonrisas. Hace como que sabe mucho menos de lo que realmente sabe. Ha sido su estrategia en la serie. Y funciona.