Una campaña presidencial en Estados Unidos es un espectáculo único, un maratón, impulsado por el dinero, la publicidad y la televisión con el objetivo de convencer a ese 15% de indecisos a los que se puede hacer cambiar de opinión. Desde el cuartel general de los demócratas en Chicago, y desde el del aspirante republicano, en Bostón, un vigoroso ejército de partidarios ha trabajado en las calles, a través del teléfono o en las redes sociales –sin percibir ni un dólar– para que su candidato gane. Una forma de participar en el proceso democrático, al que tres españolas también han contribuido. Cada una a su manera, se han centrado en atraer votantes en la lucha contra la abstención y el desánimo que, según los expertos, son los grandes retos para los dos candidatos.
Eva Pareja, 35 años, periodista.
Su función: colabora con la empresa encargada de la publicidad hispana a favor de Obama.
Alario Group, con sede en Chicago, es una de las tres empresas encargadas de la publicidad para los latinos en la campaña de reelección del presidente. Uno de sus fundadores, el valenciano Rubén Figueres, fichó a Eva para que colaborara con ellos durante la convención demócrata, y ella les ayudó a coordinar los mensajes que se iban a comunicar, a elaborar los dossieres de prensa y a gestionar entrevistas con medios españoles y latinoamericanos. De hecho, su agencia preparó la entrevista de Obama para la cadena Univision.
“Hay 50 millones de latinos en Estados Unidos. La clave de estas elecciones será cuántos se van a registrar para votar. Hace cuatro años, Obama contó con el apoyo del 68% de los hispanos, pero los intereses de la comunidad cubana no son iguales que los de la mexicana y hay que saber dirigir el mensaje”. A ella le ha impresionado “la increíble velocidad con la que se contrarrestan los mensajes que uno y otro candidato se lanzan en contra. Los candidatos saben apelar muy bien a los sentimientos patrióticos y conectan con los votantes de forma emocional”. Eva cree que Obama conseguirá detener la apatía que se ha generado entre los demócratas. “Todavía es la esperanza, y a ella se agarran muchos estadounidenses porque son conscientes de que él representa el sueño americano que ellos también comparten”.
Mónica Pérez-Bedmar, 41 años, coordinadora de la Asociación de Programas Universitarios Norteamericanos en España (APUNE).
Su función: incrementar el registro de votantes entre los estudiantes estadounidenses en España.
Mónica es hija de una norteamericana de Florida y un madrileño. Estudió y vivió en Estados Unidos durante 11 años y ahora está casada con un español y reside en Madrid. No son las primeras elecciones presidenciales en las que participa. Ya estuvo vinculada a la carrera por la Casa Blanca de Obama en 2008 y de Kerry en 2004. Pero en esta ocasión su labor ha sido más neutral. Además de ser profesora en la sede madrileña de la St. Louis University desde julio, ha estado involucrada en la organización de “Rock the Vote” un evento cuyo propósito es movilizar al electorado más joven y que se ha celebrado por primera vez fuera de Estados Unidos.
“La idea partió de Jennifer Peters, la secretaria general del American Club de Madrid, porque España es el tercer destino elegido por los norteamericanos para estudiar fuera, tras Gran Bretaña e Italia”. En Estados Unidos los votantes no son registrados automáticamente al cumplir los 18 años como en España, y hacerlo no es fácil porque cada estado tiene sus plazos y su burocracia. “Es difícil conseguir este grado de compromiso dentro del electorado más joven, pero cuando lo hacen veo que los estudiantes norteamericanos están más inmersos en el proceso de primarias y no se dejan influir por unas siglas”.
Ana Salas, 30 años, asistente de protocolo Americans Abroad for Obama.
Su función:
captar el voto y las donaciones de los expatriados.
Ana trabaja mano a mano con el canario Juan Verde, codirector de la campaña internacional de Obama, el español más próximo al presidente de Estados Unidos. Ella forma parte de un activo equipo de 34 voluntarios, responsables de coordinar a 25 “country chair” repartidos por 30 países. “En principio, me he centrado en buscar a jugadores de baloncesto que jugaban en el extranjero y a exalumnos de Yale y Harvard”. Antes de dedicar su tiempo y energía a Obama, Ana fue auxiliar de vuelo en Spanair.
El día del trágico accidente en la T-4 de Barajas, estaba en el aeropuerto de Las Palmas asistiendo a los familiares de las víctimas. Fue entonces cuando se replanteó su vida. Hizo un curso de especialista en protocolo y, más tarde, se matriculó en la Universidad de Georgetown. “Como me venía a Estados Unidos, mandé desde España mi currículum a Juan Verde. Le dije que quería aprender. Y el 1 de enero llegaba a Washington”. Desde entonces, sus días son largos y las noches cortas. “Duermo con el teléfono, el iPad y el PC a mi lado”. Se estrenó preparando un informe sobre la Feria de Abril, destinado a un grupo de norteamericanos a los que invitaron a Sevilla. “Ahora hago de todo: traducciones, documentos, comunicación, organización de eventos… Una auténtica locura de trabajo”.