Su padre le contagió la afición al “kite”. A los ocho
años demostró una sorprendente
habilidad sobre la
tabla y, con 10, dejó su Barcelona
natal y se fue al sur
persiguiendo el viento. La
arriesgada apuesta dio los
frutos deseados: acaba de
cumplir 18 años y ya ha sido
ocho veces campeona del
mundo. Gisela pesa 56 kilos,
mide 1,65 y ha aprobado Selectividad.
Quiere estudiar Periodismo a distancia.
Habla inglés, francés, portugués, catalán,
se defi ende en italiano “y, cuando tenga
tiempo, me gustaría aprender alemán”.
Mujer hoy. He leído muchas cursiladas
cuando tratan de describirla, que si sirenita
del aire, princesa del mar…
Gisela Pulido. Sí, sí [risas]; pero a mí me
gustan. Otras veces, los periodistas del
diario Marca tratan de agradarme y me
comparan con los jugadores del Real Madrid
y dicen que soy "la CR7 de las olas".
Eso me hace mucha gracia, porque no saben
que soy del Barça.
[Me pide que espere un momento antes de
grabar para ponerse los pendientes]. No se
preocupe, la sesión de fotos viene luego.
Ya, pero me encuentro más cómoda con
los pendientes puestos. De camino a Madrid,
me los he quitado en el tren porque
tenía sueño y me molestaban. Luego, he
ido a la peluquería...
Y la han dejado irreconocible: adiós a la
melena rubia…
He cumplido 18 años... así
que tocaba cortarme el
pelo. ¡Ya está! Le acabo de
mandar una foto a mi padre
para ver qué le parece,
pero todavía no me ha contestado
[durante la entrevista
mantiene el teléfono
encendido sobre la mesa,
pendiente de su veredicto].
¿Cree que le va a cambiar mucho
la mayoría de edad?
No, no, en absoluto, lo que me va a cambiar
la vida es haber terminado el Bachillerato,
porque lo he hecho a distancia
para poder compaginarlo con el deporte
y han sido dos años muy duros.
Y habrá aprobado todo, como siempre.
Sí, nunca he suspendido nada, siempre he
sacado muy buenas notas. Pero es que he
ido muy preparada a todos los exámenes.
Tengo entendido que la nota más baja de
su currículo es en gimnasia.
Sí, porque faltaba bastante a clase por mis
viajes y la profesora exigía asistencia regular
y hacer unos ejercicios concretos.
Empollona, seria, responsable… y campeona
del mundo, ¿es una niña prodigio?
No sé, no sé; para aprobar hay que estudiar
y yo lo he hecho siempre.
¿Sale por las noches con sus amigos?
Salgo alguna vez, pero no es lo que más
me gusta porque al día siguiente tengo
que madrugar. Me levanto muy temprano,
me entreno y, luego, me voy al agua
a hacer “kite” un par de horas. Regreso
para comer y, por la tarde, como suelo estar
cansada, prefi ero quedarme tranquila
viendo una película y relajándome.
Tengo entendido que le gusta mucho el
audio-libro.
Sí, mucho más que leerlos, pero tiene que
ser una buena voz: dulce, tranquila…
Ahora estoy con “La mecánica del corazón”,
de Mathias Malzieu.
Y, además, toca el piano.
Bueno, sí; tengo un piano en casa y practico
siempre que tengo un poco de tiempo
porque me encanta, soy autodidacta.
¿Es verdad que es una experta haciendo el
cubo de Rubik?
Lo hago para concentrarme, son movimientos
mecánicos. Tengo un amigo que
lo hace en 47 segundos, yo tardo un minuto
y dos o tres segundos.
Tanta perfección me impresiona e incluso
me chirría en una adolescente de su edad
que acaba de cumplir los 18, ¿de verdad no
se ha rebelado nunca contra nada?
Intento esforzarme mucho en todas las
facetas de mi vida, tanto en los estudios
como en la competición... Y sí, a veces he
discutido con mi padre, no soy perfecta.
No sé si es bueno pasar esta etapa de la
viada de una manera tan sensata. comedida
y razonable...
No creo que sea mejor solo salir de fi esta
y no estudiar. Pero yo también he pasado
la edad del pavo, supongo.
¿Supone? ¿En qué lo notó?
Mi padre me lo decía: “¡Qué pavo tienes!”.
Había días que estaba bastante despistada,
a los 14 o 15 años.
Ahora dice que quiere estudiar Periodismo,
¿qué espera de esta profesión?
Disfruto escribiendo. Y, como me hacen
muchas entrevistas, siempre he pensado
que me gustaría ponerme en el otro lado.
Quisiera llegar a ser periodista deportivo.
¿Siempre consigue hacer lo que le gusta?
De momento, sí. Me puede salir bien o
mal, pero nunca estoy enfadada conmigo
misma por pensar que lo he podido hacer
mejor. No tengo motivos para no ser feliz.
¿Qué echa de menos?
Nada importante, soy afortunada dedicándome
a lo que más me gusta y, encima,
ser la mejor. Vivo
para el kite, no hay nada
más grande para mí, es
por lo que me levanto todos
los días.
¿Nunca ha estado triste?
Claro que sí, cuando
pierdo. Este año, en la
primera regata del mundial,
quedé cuarta y no
me lo esperaba. Me sentí
decepcionada y mi padre
me animó. Otras veces es él quien se desmotiva
y soy yo quien lo animo: somos un
equipo muy complementado.
[En este instante vibra su teléfono y lee el
mensaje] ¿Y bien?
No es mi padre; pero es una amiga a la
que le he mandado una foto con mi corte
de pelo y dice que me ha quedado muy
bien. Pero me falta la opinión de mi padre,
¡a ver qué me dice! Debe de tener el
móvil apagado y por eso no ha contestado.
¿Qué es lo más extraño que ha visto subida
a su tabla de “kitesurf”?
A veces ves delfi nes, pero ¿lo más raro?,
no sé, es que ves de todo: colchonetas,
zapatos, ropa... a lo mejor son restos de alguna
patera. Por suerte no me he encontrado
nunca a nadie fl otando, creo que
lo dejaría todo y lo arrastraría a la arena,
claro. ¡Qué miedo, ¿no?! Un amigo mío se encontró un paquete, lo recogió y resulta
que era droga; lo llevó a la policía.
Además de sus ocho medallas de oro, tiene
en su haber un récord Guiness.
Sí, por ser la campeona del mundo más
joven en una disciplina deportiva. No había
premio en metálico, solo me dieron un
diploma y me regalaron un libro sobre los
otros Guiness; pero he oído que muchos
de los que los consiguen lo que hacen es
pagar para que les homologuen el récord.
¿Qué importancia tiene el dinero?
Poca, el “kite” es un deporte poco conocido,
minoritario y apenas tiene 10 o 12
años de historia, por lo que los
premios no son muy grandes.
¿Cuánto le supone ganar una medalla
de oro?
Cuando eres la primera, el premio
es de unos 5.000 € en las
grandes competiciones; pero,
por suerte, tengo patrocinadores
fuertes como Movistar, Redbull,
Nissan y Nilox, que me apoyan
económicamente. Ellos son los
que me permiten viajar por todo
el mundo, e incluso comprarme
una casa y montar una escuela
de “kite” y una tienda...
¿Estupenda casa?
Sí, sí, estupenda casa: grande,
delante de la playa, tiene una
pista de padle... Me la compré
cuando cumplí 15 años.
¿Vive sola?
No, no, vivo con mi padre, es
muy grande [risas] y hay sitio
para los dos.
¿Le van bien la tienda y la escuela
en época de crisis?
Se nota la crisis. Abrimos la escuela
en 2008 y en la tienda
vendemos todo lo necesario para
hacer “kite”: cometas, barras,
ropa... La idea era hacer franquicias
y extenderlas por el mundo.
Hace cuatro años había mucha
gente que se apuntaba a cursos individuales,
que son más caros; ahora los que
vienen lo hacen en grupo porque sale más
económico. Esa es la única diferencia que
he notado, la gente sigue estando motivada
y quiere aprender este deporte.
¿Es caro hacer “kitesurf”?
No. Puedes conseguir un equipo muy barato
de segunda mano y, si lo quieres todo
nuevo, a partir de 1.000 € puedes conseguirlo
completo: arnés, barra, traje de
neopreno, cometa…
Su padre lleva los números y es su representante,
¿también es su socio?
Sí, todo lo que montamos lo hacemos a
medias. Cuando vivíamos en Barcelona le
dije que quería vivir en un sitio en el que hiciera viento para poder practicar y
él fue quien creyó en mí, lo dejó todo y nos
vinimos a Tarifa.
¿Y su madre? ¿Estaban separados?
No sé si ya estaban separados o fue todo a
la vez. Mi madre no se adaptó bien a Andalucía
y regresó a Barcelona. Siempre que
tiene vacaciones se viene conmigo a las
competiciones, también me apoya.
¿No cree que se han perdido las dos algo importante
separando sus vidas cuando usted
tan solo tenía 10 años?
Siempre se echa de menos a una madre, sí;
pero mi padre era mi padre, mi madre, mi
amigo… lo era todo.
Ahora ya es mayor de
edad, ¿no siente la necesidad
de tener más
independencia?
No, porque la relación
con mi padre es tan
buena... Llevamos viviendo
los dos solos ya
ocho años. Creo que
estamos hechos el uno
para el otro.
¿Él no tiene novia?
Digo yo que tendrá sus
novias, sí, pero no viven
con nosotros [risas].
¿Y usted?
Nunca he tenido novio
porque es difícil cuando
se viaja tanto como yo.
Además, nunca se sabe
si lo que les gusta es que eres campeona.
¿Le ha dado a alguien la oportunidad de
meterse en su vida?
Hoy por hoy, mi vida solo es el deporte y la
competición. Si tengo un novio que quiera
venir a las competiciones y seguirme… Yo
no voy a cambiar de vida ni a dejar de competir
por nadie.
¿Se ve en el papel de madre?
¿Cómo voy a querer tener un hijo ahora?
¡No, por favor! Pero creo que la maternidad
es lo mejor que te puede pasar. Será estupendo
poder educarle, enseñarle a hacer
kite, a montar en bici…
De mayor, ¿quiere hacer el mismo papel que
su padre ha hecho con usted?
¡Claro! Y yo estaré encantada si mi hijo me
dice que quiere competir.
Cuesta creer que a su edad le interese tan
poco el amor.
Si te he de ser sincera, no he creído mucho
en el amor. Supongo que, al no haber
encontrado nunca a alguien que realmente
me guste, lo he ignorado bastante.
Hace un par de años dijo que le daba pena
crecer, que querría quedarse en los 16, ¿sigue
pensando lo mismo?
Quizá ahora prefiera quedarme en los 18
porque tengo muchísimas ganas de sacarme
el carné de conducir.
¿Por qué no?
Porque la vida no es un
cuento de hadas, hay
que madurar poco a
poco y asumir responsabilidades…
Ya sé que no es un
cuento y que algún día
tendré que dejar de
competir, porque está
claro que esta es una
disciplina para gente
joven. La chica de más
edad que continúa
compitiendo tiene 26
años. Es muy triste
pensar que esto se acabará
algún día, no quiero
pensarlo.
Ahora su deporte, el
kitesurf, pasará a ser disciplina olímpica,
¿sueña con una medalla en los Juegos?
¡Ojalá! Aunque todavía no tengo decidido
si competiré en Brasil porque va a ser
otra disciplina distinta al “kite” llamada
“raising”. Me tengo que decidir cuando
termine esta temporada porque hay que
prepararse muy a fondo. Estoy centrada
y entreno mucho, pero soy consciente de
que el “raising” va a ser muy duro.
¿Qué imagen cree que tiene nuestro país en
el extranjero?
Estupenda. Yo me muevo en el mundo del
deporte y España es un país muy admirado.
Y ahora con “la roja” ni te cuento.