Ibiza, fiesta salvaje

  • Mesa VIP: 15.000 €; tumbona: 150 €. Mirones: gratis. Filosofía: puro y caro hedonismo. La isla se ha convertido en el destino de los clubbers más exclusivos, una liga de guapos VIP que desayunan con champán y vuelan de fiesta en fiesta.

Son las ocho y media de la tarde de un jueves de verano en el Hotel Ushuaïa, en Playa d’en Bossa, Ibiza. El sol se acaba de poner pero hay ya una multitud, en torno a la glamurosa piscina para las fiestas, emborrachándose con vodka Cîroc y Cristal. La fiesta se viene celebrando desde las cinco de la tarde, con 200 personas en la zona VIP, más otras 4.000 aproximadamente bailando al son de la música techno que pincha el DJ y productor musical suizo-chileno Luciano. Subido a un amplio escenario, lo vemos rodeado de trapecistas desnudos, el modista de las bailarinas go-go y un ejército de “ravers” o juerguistas muy bien vestidos. Conforme vaya oscureciendo, habrá fuegos artificiales y explosiones de confeti para mantener el ambiente en un nivel satisfactorio de excitación. En la zona VIP se ofrece un servicio de mesa para aquellos que puedan permitírselo: hasta 15.300 € por mesa según la época del año (los precios caen a una cantidad tan mísera como 4.500 € en temporada baja).

La tarifa supone un gasto mínimo. Aquí, derrochar en alcohol en una sola noche más que lo que la mayoría de la gente gastaría en un coche es asombrosamente fácil. La botella más barata de la carta (champán o vodka) sale por 255 €; la más cara, casi 103.000 €, por algo llamado Armand de Brignac Brut Gold Midas, que no tengo ni la más remota idea de que es. En consonancia con el dudoso gusto de los que pululan por el lugar, hay camas balinesas con dosel con capacidad para hasta una decena personas “sentadas”, aunque todos están de pie.
¿Y qué hace esta gente guapa en Ibiza? ¿No deberían estar en Saint Tropez? ¿No se había convertido Ibiza en el destino elegido por ingleses jóvenes y cerveceros en busca de unas vacaciones etílico-sexuales? ¿No es toda la isla un inmenso interior con clubes que abren a medianoche y cierran a las seis de la mañana? ¿Y fiestas de la espuma para 10.000 turistas? Ya no.

Hace cinco años, Ibiza empezó poco a poco a liderar el turismo de primera calidad y hoy, para la exclusiva “jet set”, es el destino por excelencia. Se ha convertido en el centro veraniego para los marchosos más ricos del mundo, una suerte de centro turístico residencial para fanáticos de la fiesta llegados de todas partes. Una franquicia del restaurante Cipriani acaba de abrir y, para fi nales del verano, llega también una versión “pop-up” (efímera, cambiante, sin un lugar fijo) del Club Groucho. Ibiza está en gran medida al margen de la crisis económica que azota a España.
Naomi Campbell y su novio ruso, Vladislav Doronin, cogieron un yate en la isla a principios y hoy se dice que andan buscando casa. Campbell vino al Ushuaïa, claro está, y lo mismo ha hecho Paris Hilton con el futbolista italiano Mario Ballotelli hace unas semanas.

La liga de los VIP. Ibiza fue primero considerada lugar de peregrinación para los hippies debido a sus “singulares energías” (dicen que es algo que tiene que ver con los altos niveles de cuarzo en el terreno). Luego, la generación del “acid house” desembarcó aquí a principios de los 90, una época en la que no se puede decir que los que salían de fiesta apreciasen los mágicos poderes de la isla si no era con ayuda de la química.
En 2005 los “paparazzi” se mudaron aquí: unas fotos retrataban a Kate Moss y su séquito saliendo de fiesta toda una noche con Jade Jagger, que lleva bastantes años residiendo en la isla. Ahora bien, aunque aún pueden verse ingleses bebiendo en San Antonio (la segunda ciudad de la isla), son los oligarcas, los futbolistas y los americanos quienes permiten que los “paparazzi” hagan su agosto y se mantenga a fl ote el turismo de lujo. Beyoncé, Zinedine Zidane y Leonardo DiCaprio han sido vistos en la isla en el último año. Durante el día, en Ushuaïa se alojan unos pocos cientos de huéspedes, la mayoría treintañeros. Aparecen por la piscina (biquinis Missoni con tacones y pendientes enormes para las señoritas; pectorales y duros abdominales depilados en los muchachos) comiéndose con los ojos tras sus gafas Carrera. Desayunan, en el bar de los zumos, un cóctel de frutas con Red Bull y a eso de las 11 de la mañana, cuando se tumban al sol, se toman un champán Veuve Clicquot mientras los DJ diurnos pinchan suaves ritmos.
Hace unos años, se aprobaron en Ibiza unas leyes estrictas sobre ruidos y concesiones de licencias, lo que significa que los equipos de sonido que estén al aire libre tienen que desconectarse a medianoche. El Ushuaïa sencillamente adaptó las reglas y reinventó la hora de la fiesta haciendo que empezase antes. La música arranca a las cinco de la tarde, cuando el personal de seguridad, que más parecen modelos, y la los clientes comienzan a deambular.
En una gran noche, hasta 7.000 adeptos pueden congregarse para bailar alrededor de las piscinas. Muchos habrán volado solo para esa noche. Si no formas parte de la liga VIP de los 15.000 €, pagas 70 € para acceder a la zona de copas de la parte superior (y te imaginas el resto). “Hemos creado un parque de atracciones para adultos refinados”, dice Pissenem. “Todo el mundo debe pasar un buen rato. Vienen en sus barcos o sus aviones, pero desean lo mismo que cualquiera: bailar hasta el amanecer, escuchar buena música y un poco de privacidad. Es como un teatro eléctrico, una suerte de Cirque du Soleil de la noche”. Ay, los placeres sencillos...

Salto a la pista. DJ Luciano atrae, me contaron, a una multitud “europea y sexy”. Así que me puse mi vestido más corto y mis tacones más altos. Y aun así, lamentablemente llevaba demasiada ropa. La estética de la mayor parte de la clientela italiana y española de aquella noche solo podría ser descrita como una suerte de “desnudo caro”. Todos bronceados y brillantyes. Hay una mezcla de edades: veinte y treintañeros, a los que hay que añadir un buen número de fiesteros de mediana edad, superelegantes “maduritas” que practican yoga y cuarentones canosos con camisas de lino.
Los rituales de apareamiento en este tipo de fiestas son directos. En especial, si estás detrás de la cinta de terciopelo. Aquí, la gente se desliza furtivamente entre el personal, se diría que al compás de la música y con una suerte de vibración externa, y espera que haya un gesto de reciprocidad. También se puede adoptar un papel más proactivo: agitando los brazos bien musculados en el aire y mostrando el brillo de los dientes convenientemente blanqueados.
A pesar de que yo, para ser Ibiza, voy vestida con lo que sería el equivalente a un velo musulmán, un hombre lleva a cabo un rítmico acercamiento. Le pregunto cómo se llama. Me mira como si le hubiera preguntado qué piensa sobre el tiempo que hace. Esta gente no practica la charla informal porque lo que tienen en común lo tienen por estar aquí: riqueza y buena apariencia. No parece que haya muchas parejas por aquí. “Es muy fácil conocer mujeres hermosas”, me confesó más tarde un parroquiano de nombre Miquel. “Ibiza está hoy llena de las más bellas mujeres que han venido de todo el mundo. Pero es difícil trabajarse algo duradero. Todas están de paso. Tratas de conocerlas y te dicen “Oh, me voy a Bali ahora mismo. Lo siento”. Bali es a donde muchos de los “fiesteros” van a continuación, o a Kenia. Una inglesa me comenta: “Todo el mundo viene a esta fiesta. No es un sitio para parejas. Hay grupos de mujeres (a veces, esposas de futbolistas o cantantes de pop) que vienen a desmelenarse. Y hay un montón de hombres, del tipo gestor de fondos, pasando el fin de semana”.
Las bailarinas del Ushuaïa se mueven alrededor de la pista en trajes de baño o con disfraces. Las Ángeles de Ibiza, una troupe de mujeres ceñidas en un corsé satinado y alas blancas con plumas, dan masajes en la pista de baile. Vi a un hombre de cuarenta y tantos años afl ojar 50 € por un par de minutos de golpecitos suaves en los hombros. Estaba rodeado de “sumilleres de sonrisa”, esa gente guapa con carpetas sujetapapeles que surge cada poco y pregunta una y otra vez: “¿Va todo bien?”. Y sí, aparentemente, todo iba muy bien. carpetas sujetapapeles que surge cada poco.


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