Ya antes de viajar a los Juegos Olímpicos de 2008, en Pekín, lo que más le preocupaba era la soledad que le podía ofrecer la Villa Olímpica. Maider Unda González de Audicana (Vitoria, 2 de julio de 1977) no es una mujer a la que le guste conocer gente. Se siente más cómoda con los suyos, rodeada de esa gente que entiende sus dos pasiones: la lucha libre y el campo.
Maider llegaba a los Juegos Olímpicos de Londres después de superar una lesión de rodilla por la que tuvo que luchar contra el cronómetro para su puesta a punto. Después de cinco largos meses de trabajo de rehabilitación, de colgarse el bronce en el último europeo y de conseguir su plaza para estar aquí en la penúltima oportunidad, tenía claro que no quería volar de vuelta a España de vacío.
Misión cumplida: un bronce olímpico que sabe a gloria. Esta es esa mujer a la que ya se conoce en las redes sociales como 'Iron Maider'.
Un bicho raro
Cuando tenía nueve años un señor fue a la ikastola de Otxandiano (Vizcaya) donde estudiaba y les enseñó una práctica deportiva que, poco a poco, se fue abriendo hueco en el País Vasco: el sambo. Por aquel entonces la lucha libre, a la que se dedica ahora, no tenía mucho futuro y el sambo parecía tener mejores perspectivas.
Todos la miraban como un bicho raro. Sufría burlas a menudo del resto de chavales que la llamaban 'marimacho'. Pero no le importaba. Unda siempre fue una mujer independiente y con las cosas claras: haría lo que el cuerpo le pidiese.
Es verdad que, por la estética, la lucha no es un deporte femenino, pero Maider siempre dice que, como en tantos otros sectores de la vida, la mujer ha ido a remolque. Y ella no estaba dispuesta a que eso pasase con esta disciplina, al menos aquí en España.
La lucha fue deporte olímpico por primera vez en Atenas 2004 y ella no pudo estar. En Pekín no hizo buen papel y, ahora, solo pensaba en que esta podía ser la última oportunidad de su vida.
Una mujer de campo
Sus buenos resultados hicieron que recibiera la llamada desde Madrid para entrar a formar parte de una de las instituciones más prestigiosas en cuanto a la preparación de deportistas: la residencia Blume.
Dos años aguantó lejos de su caserío de Olaeta. En Madrid lo único a lo que se dedicaba era a entrenar. Y esos periodos en los que las lesiones llamaban a su puerta se hacían eternos sin ninguna otra actividad a la que dedicarse que dejar pasar los días.
Por eso hizo las maletas y se volvió a casa. "Para entrenarte bien tienes que tener la cabeza en condiciones y fuera de mi casa no me encontraba a gusto", esa es la única explicación que dio antes de decir adiós a la capital. Para algunos podía parecer una locura. Abandonar un clima deportivo para dedicarse... ¡a ser pastora y productora de queso! Sí, a Maider siempre le tiró el campo.
Tanto que, a pesar de tener concluidos los estudios de Electrónica, actualmente alterna sus entrenamientos para poder seguir manteniéndose en la élite con la producción de queso que elabora con la leche de sus propias ovejas. Sus quesos, Artzai Gatza, están bajo la prestigiosa denominación de origen Idiazabal.
Espacio para la cultura
Con tanta actividad, preparar el cuerpo para hacer frente a las mejores luchadoras del mundo y sacar a pastar a las ovejas para elaborar unos buenos quesos, podría parecer que no tiene tiempo para nada más.
No es así. A esta vasca de pura cepa le encanta la lectura, sobre todo la escrita en su lengua materna, el euskera. Su autor de cabecera Bernardo Atxaga. El escritor, a través de sus líneas, ha sido su mejor compañero de competición.
Hoy, incluso antes de colgarse la medalla, ya había despertado la curiosidad de los fanáticos de los Juegos Olímpicos.