María Valverde, protagonista de 'Tres metros sobre el cielo': "Las mujeres nos enamoramos de los chicos malos"

  • Sedujo a sus mayores en 'La flaqueza del bolchevique' y ahora se quita años en 'Tres metros sobre el cielo'. Decubrimos cómo ha crecido la lolita del cine español.

Llega tarde y sinceramente consternada: "Perdóname, normalmente soy muy puntual, pero el autobús no venía". Se disculpa una docena de veces y se sienta a toda prisa, dispuesta a empezar cuanto antes para recuperar el tiempo perdido. Es toda dulzura y naturalidad y, tal vez por eso, en el Starbucks madrileño donde hacemos la entrevista nadie la mira dos veces ("la gente no me suele reconocer por la calle", corrobora satisfecha).

Sin embargo, esta chica menuda de piel de porcelana guarda en su casa un Goya que ganó a los 16 años, ha rodado con la hija de Ridley Scott y es uno de los rostros jóvenes más prometedores del cine español. Ahora está entusiasmada con el inminente estreno de 'Tres metros sobre el cielo' (el próximo 3 de diciembre), una película llena de romance y pasión, basada en el best-seller del italiano Federico Moccia.

- Mujer hoy: ¿Cómo llegó este proyecto a sus manos? María Valverde.

- María Valverde: En el rodaje de 'La mula', Mario [Casas, coprotagonista de 'Tres metros sobre el cielo'] me dijo: "Tengo un proyecto maravilloso, un 'Romeo y Julieta' contemporáneo". Me picó la curiosidad, pero el casting estaba cerrado y la protagonista iba a ser Blanca Suárez. No sé qué pasaría, pero lo reabrieron de nuevo y entré. En la segunda prueba conocí a Fer [Fernando González, director de la película] y me encandiló la pasión con que lo explicaba todo. Y, bueno, ahí surgió la película. Cada día estoy más feliz de haber hecho esta película. Es una historia de amor imposible que me apetecía ver como espectadora.
Creo que la gente se sentirá muy identificada, sobre todo con el final, que les recordará ese amor de los 18 años, que es el que te marca la vida. Su personaje, Babi, tiene 17 años; usted, 23. Sí, y la veo con absoluta admiración. Es para comérsela, un maravilloso proyecto de mujer que evoluciona mucho durante su romance con Hache [Mario Casas]. Hay un momento en la película que, para mí, la define totalmente, cuando le abre la puerta a Hache, le abraza y dice: "¡Prohibido estar tantos días sin vernos!". Fue una gozada hacerla, quitarme edad y experiencia y volver a lo que, de algún modo, fui algún día, a emociones que había olvidado. Me ha movido mucho.

- Babi es una princesita; Hache, un 'malote'. ¿Qué opina de estos romances, tan cinematográficos?


- A mí me gustan [ríe]. Normalmente, las mujeres nos enamoramos de los chicos malos, los que nos hacen sufrir. Creemos que nos hacen sentir más vivas. Y soñamos con que les vamos a cambiar y va a funcionar. Al final, lo que quieres es que te traten bien y no funciona, pero lo que has disfrutado no te lo quita nadie. Es el tipo de romance que quieres ver en el cine.

- ¿Cómo se llevó con Mario Casas? Ha sido su segunda película juntos.

- Y ha sido maravillosa. Tenemos una forma de trabajar muy parecida, los dos somos actores de intuición, y eso ayuda mucho. No nos complicamos la vida. Contamos con que el director nos dirá si vamos bien y nos dejamos llevar.

- Él procede de la televisión y usted de la gran pantalla. ¿Se nota?

- Creo que la gente de televisión es más rápida y eficaz. Lo admiro muchísimo, porque yo me he acostumbrado a trabajar en el cine, con tiempo para rodar tus secuencias, estar guapísima... Pero en esta película he visto que yo también soy capaz de resolver rápido. Creo que fue un rodaje muy duro, con muy mal tiempo y mucho trabajo nocturno. ¡El último día trabajamos 24 horas seguidas! Pero merecía la pena. El director es un superhéroe ¡Lo que trabaja ese hombre! Eso sí, rodar en Barcelona me encantó. De hecho, me planteé quedarme, fue un momento muy importante en mi vida.

- Algo que debe de complicarle mucho los rodajes es su celiaquía.

- ¡Muchísimo! Más de una vez he tenido que irme para poder comer. Lo malo es que mucha gente piensa que como sin gluten porque me da la gana o porque quiero adelgazar. No ven que se trata de algo serio. Los catering de los rodajes tienen la obligación de tener comida para mí, varias opciones (en este último tenía el 'tupper María'), pero casi siempre hay algún problema.

- En esta película interpreta usted una 'primera vez'.

- Siempre es muy marciano rodar esas secuencias. Y hacer una primera vez es difícil: intentas recordar, juegas y al final te lo inventas, porque ni te acuerdas ya. Mario y yo nos reímos mucho: nos gastamos bromas, nos pintamos cosas en el cuerpo...

- Tras su primera película, 'La flaqueza del bolchevique', la llamaron 'la lolita del cine español'. Entonces no le gustaba.

¡Pues ahora me gusta! Con 'La flaqueza del bolchevique' no queríamos dar la impresión de que mi personaje era una lolita, porque no lo era, no tenía ese carácter destructor. Ahora, mirando hacia atrás, me parece un piropo maravilloso, todo un honor. Y me encanta hacer papeles de chica seductora, ¿por qué no?

- Sin embargo, a sus padres no les gustó que hiciera 'Melissa P.”, una cinta muy erótica.

- No es que no estuvieran de acuerdo, es que se asustaron. Siempre me han apoyado, algo que ha sido básico en mi carrera. Pero hay películas que les han preocupado más, como 'Melissa P.' o 'La flaqueza del bolchevique'.

- Su familia no tiene relación con el cine.

- No, mi madre es enfermera y mi padre, un 'manitas', ha trabajado en mil cosas.

- Entonces, ¿cómo se metió usted en esto?

- A los ocho años sabía que quería ser actriz. Me apunté a una escuela de teatro en el cole y, después de dar mucho la tabarra, conseguí que me dejaran presentarme a los casting cuando aprobaba. Con 14 años, hice uno para 'La flaqueza del bolchevique'. El director, Manuel Martín Cuenca, me contó después que le gusté, pero que era muy joven. Por suerte, el casting duró un año entero y a los 15 me volvieron a llamar. Debió de ser toda una experiencia. El papel era maravilloso y trabajar con Luis Tosar, también.
Conectamos muy bien, tal vez porque siempre me ha gustado hablar con gente mayor. Transmite una energía fantástica y no se puede desear un mejor primer compañero. Mi sueño se hizo realidad en '“La flaqueza'. No fui consciente hasta mucho después, y mejor, porque no lo habría disfrutado tanto. Con el Goya a la mejor actriz revelación flipé. Fue perfecto.

- ¿Cómo le sentó que la gente la empezara a reconocer por la calle?

- Me pasa poco. Cambio bastante cuando no estoy trabajando y mucha gente no me reconoce. Cuando me pasa, suelen ser muy cariñosos y respetuosos. He tenido alguna mala experiencia, como un loco que me estuvo persiguiendo por el metro, empeñado en acompañarme. Estuve a punto de pegarle, porque se puso muy violento y me asusté.
Pero lidias con eso y hay un momento en el que acaba. Me gusta esa privacidad. Debió de ser difícil intentar estar a la altura después del Goya. Da mucho miedo, sobre todo porque la gente es muy exigente. Pero yo soy más exigente aún. Cuando me di cuenta, me relajé. Al final, eres una persona normal y lo que tienes que hacer es seguir buscándote la vida. El Goya me ha abierto puertas y lo agradezco muchísimo. También he sabido aprovechar mi momento, he elegido los trabajos que a mí me apetecían. Y han sido muchos.

- ¿Cómo hace para abarcar tanto?

- Primero me agobio. Luego pienso y me organizo. Soy muy organizada. Creo que, cuanto más trabajo tienes, mejor funcionas. Sin embargo, ha tenido que dejar colgados los estudios en 2º de Bachillerato.

- ¿Se plantea volver a estudiar?

- Por ahora no. ¡Si no paro de estudiar! Me costó muchísimo tomar la decisión, cuando me ofrecieron 'Melissa P.': se trataba de decidir si la interpretación seguía siendo un hobby o si era mi profesión. Pero la película me ofrecía muchas cosas: aprender otro idioma, vivir en otro país, descubrir cosas, hacer una protagonista abosoluta... Y los estudios no me daban eso. Cuando volví de Italia, decidí plantarme. Tenía la mente en otra cosa.

- ¿Y a qué se habría dedicado, si no?

- Sé que me tengo que buscar un plan B, todos los actores lo necesitamos. Y lo tengo clarísimo: trabajaría con gente discapacitada. Soy voluntaria en un grupo de baile para discapacitados psíquicos, 'Daanzas'. Me hacen muy feliz y ayudarles es una forma algo egoísta de agradecérselo, de enriquecerme vitalmente. Mi madre es enfermera en un centro para discapacitados y yo he crecido con ellos, fueron mis primeros amigos. Ella es la persona más feliz con su trabajo que conozco y creo que eso me ha marcado los genes.

- ¿Cómo lleva su familia esta profesión suya?

- Para ellos es muy emocionante. Van a un estreno y se vuelven locos. Mi abuelo saluda a todo el mundo. Es un momento para hacer algo todos juntos, cada estreno es como una boda. ¿Es supersticiosa? ¿Tiene algún ritual antes de los estrenos o las alfombras rojas? No. Lo que sí me viene bien es una copa de vino blanco [ríe]. He tenido épocas supersticiosas, pero porque soy una 'copiota' si le veo algún gesto a alguien.

- ¿Cómo se prepara para las galas?

- Ufff, me estreso mucho. Me gusta hacer las cosas bien e ir adecuada. Algunas amigas me ayudan mucho con el maquillaje y el estilismo, soy muy afortunada. Luego, ya allí, estás divina y te olvidas. Aunque he cometido errores, claro [ríe]. Pero me preocupa porque es mi imagen, y no puedo ir de cualquier manera. Esto es espectáculo y tiene que seguir siéndolo, con glamour y todo. En Estados Unidos se lo toman como lo que es: un juego que forma parte de tu trabajo.

- El año pasado su ilusión era acabar de montar su casa. ¿Cómo va?

- Bien, ya está terminada. Ahora quiero mudarme a otra [ríe]. Soy un poco nómada. Sé que no voy a tener un lugar fijo. Es usted imagen de la marca de moda 'Hoss Intropia'. Sí, su ropa es maravillosa, realza a la mujer y tiene muchos estilos. Soy muy fan de su nueva línea Silver, un poco rockera. Curiosamente, el símbolo de la temporada primavera-verano, cuando usted se incorporó a la marca, era la libélula. Sí, y al cumplir los 16 años mis padres me regalaron un tatuaje en forma de libélula. Es porque mi madre siempre me llama 'Campanilla', por lo inestable que soy y lo rápido que me levanto de los malos momentos. Y el insecto que más nos recordaba a Campanilla era una libélula. No hace usted más que dramas.

- ¿Para cuándo una comedia?

- Me encantaría, me apetece hacer gamberradas y en una comedia tendría que aprender y jugármela. Pero no me ofrecen nada, me deben de ver muy lánguida [ríe]. Tengo un sentido del humor muy negro y me encantaría explotarlo como actriz. Ya habrá oportunidad. Creo mucho en el destino.

- ¿Qué proyectos tiene ahora en marcha?

- De los que pueda hablar, ninguno. Mira, en esto sí que soy supersticiosa.

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