Cuando uno está citado con
una alta ejecutiva de una
gran corporación internacional,
siempre espera encontrar
a una mujer endurecida por
sus múltiples batallas personales y profesionales,
vestida de forma enérgica y con
maneras algo despóticas. La sorpresa es
mayúscula cuando a uno le presentan, a
Nancy Kanter, vicepresidenta senior, directora
de programación y coordinadora
general de Disney Junior Worldwide, el
canal para niños de dos a siete años que
ha reorganizado para la compañía, y que
ahora cumple su primer año en antena.
Francamente, Kanter, con su pelo platino
a mechas rojas y su impagable sonrisa
cordial, parece un trasunto de aquellas heroínas
Disney a las que se encomienda el
cuidado de los miños huérfanos, una especie
de mezcla entre la Angela Lansbury de
“La bruja novata” y la
Helen Reddy de “Pedro
y el dragón Elliot”.
Kanter, oriunda de
Nueva York, pero defi
nitivamente afi ncada
desde hace años en
Burbank, California,
donde se encuentra
el cuartel general de
Disney, es en todos los
aspectos una profesional hecha a sí misma.
Sus primeros trabajos como montadora de
documentales en la incomprensiblemente
denostada televisión pública americana le
granjearon una nominación a los Emmy.
Premio que ganó años después, ya como
productora, gracias a uno de los aún hoy
más recordados programas navideños del
Children’s Televisión Workshop, el canal
de Barrio Sésamo: “Elmo salva la Navidad”.
Este programa, que es un clásico de
la televisión americana y el ejemplo más
claro de cómo ha evolucionado hasta hoy
la programación infantil, marcó su defi nitiva
inmersión en el negocio audiovisual
orientado a los más pequeños. Miembro
de la familia Disney desde 2001 y Académica
de las Artes y Ciencias de la Televisión
en EE.UU., bajo su batuta Disney
Junior ha lanzado sus más exitosas nuevas
producciones, como “Manny Manitas” o
“Jake y los piratas de
Nunca Jamás”.
Mujer Hoy. ¿Qué es lo
que cree que hacen
mejor desde Disney
Junior?
Nancy Canter. Lo mejor,
sin duda, es que
ofrecemos mensajes
muy claros y contundentes a los niños, mensajes que pueden
extrapolar y utilizar para su vida diaria y
para formar sus personalidades, que les
ayudan en su crecimiento personal. El
tipo de mensajes que los padres quieren
que los niños vean: es decir, que si van a
estar tiempo viendo la televisión, al menos
aprendan algo. Nuestros contenidos
tienen ese poder de fascinación, un acabado
luminoso, con calidad, buena música y
además un fondo apropiado.
¿Percibe grandes cambios en la forma de
trabajar en contenidos infantiles desde sus
comienzos hasta hoy?
Honestamente, creo que los niños de dos
a siete años hoy se han vuelto mucho más
sofi sticados, y más pronto. Quizá porque
están muy expuestos a la información y
porque tienen muchísimos más canales
donde obtenerla: ya no es solo la televisión
y los libros; son los videojuegos, internet,
las tabletas, etc. Creo que los mismos padres
les dan más acceso y los introducen
antes en una multitud de estímulos y,
aunque los sigan protegiendo del mundo
exterior, ya no se hace como antes. Esto
ha forzado una mayor responsabilidad: no
solo de los padres, también para los programadores
de televisión, que sabemos
que esto está ocurriendo. Lograr mantener
la atención de un niño se vuelve cada
vez más complicado, y es más competitivo…
y luego hay que mantenerla.
¿Son una audiencia más complicada que los adultos?
No, no creo que sean un público más difícil. Cambian y crecen más rápido, eso sí. Y no tienen la constancia adulta: nosotros podemos ver una serie durante años, temporada tras temporada. A ellos les gusta un show una semana y a la siguiente les puede gustar otro distinto.
Cada día van incorporando más interactividad en sus programas. ¿Es esto una fórmula de futuro o una moda pasajera?
Por ahora, y creo que también en el futuro, será una fórmula mixta. Es estupendo que los niños puedan interactuar con sus personajes favoritos, pero ni los niños son todos iguales, ni quieren siempre lo mismo: a veces necesitan pararse y simplemente escuchar una buena historia. Tanto si se la leen los padres, como si se sientan juntos a ver una película. Ambas experiencias son válidas y hay niños que son más participativos y otros más refl exivos; unos prefi eren saltar dentro de ese mundo y otros dejarse llevar dentro de él.
Acaban de incorporar la primera princesa infantil de la historia de Disney, que además se llama Sofía. Confiese: ¿existe algún libro de estilo a cerca de cómo ha de ser el carácter de una princesa Disney?
[Risas] No, en absoluto. Sofía está en función de las expectativas de todos esos niños sobre lo que es el mundo de las princesas, con sus vestidos y sus palacios. Pero tiene que ser relevante para ellos. La hemos creado como su refl ejo: ellos verán que lo que le pasa a Sofía es algo que también les ha pasado a ellos. Que le gusta un compañero de clase, o que su padre ha vuelto a casarse y ahora tiene hermanastros y madrastra. Tratamos de que Sofía refl eje todas las cosas maravillosas del mundo de las princesas, pero hacerlo relevante para el día a día de una niña pequeña común.
¿Conoce la animación española? ¿Le interesan a Disney los trabajos que están haciendo sus competidoras europeas?
Claro que sí. Adoramos el trabajo de un par de grandes compañías españolas, como Zinkia [Pocoyo]. Tenemos una sede europea en Londres y acudimos a todos los festivales de animación en busca de talentos e ideas, como todos. Siempre buscamos contenidos y creatividad, estén en donde estén. Y España particularmente tiene una producción notable, con un desarrollado sentido visual, que nos encanta.
¿Y piensan incorporar más producción nacional o seguirá siendo americana?
Estamos intentando expandir y exteriorizar nuestra producción cada vez más. Por supuesto, seguimos adelante con nuestros proyectos porque ya tenemos unas bases históricas propias en cuanto al “modus operandi” del trabajo. Lo que no obvia que estemos necesitados, dadas las circunstancias actuales, de buscar socios foráneos. Encontrar el proyecto adecuado y el socio
pertinente para esto, y aprender a trabajar
juntos, tomará tiempo, pero estamos
buscando, no solo en España o en Europa,
también en India o en China.
¿Pero lo preocupa a Disney el dar un mensaje
acorde, el tratar de ser igualitaristas
incluso de cara a sus contenidos? ¿Es una
prioridad este tipo de mensajes?
En nuestra franja de edad, nuestros contenidos
son más generalistas. Es decir,
tratamos de orientar reglas básicas no
genéricas. Se trata más de explicarles
cómo ser solidarios, cómo ser buenos vecinos,
respetar la opinión de los demás,
considerar igual a todo el mundo, aunque
sean de distinta raza o género, hacer que
entiendan que se enfrentan a un mundo
de diversidad, con muchos tipos de personas,
de diferentes culturas, acentos, orígenes…
Les enseñamos un mundo fraternal
y de comprensión en el que creemos todos,
incluso tratamos de explicar que hay gente
que actuará mal, y que hay formas de
reaccionar a esto. Creo que en eso todos
estamos de acuerdo: les damos un modelo
de un mundo donde se puede llegar a
un acuerdo, pero orientado a su edad: ser
amable, ser respetuoso, ser cordial, saber
lo que está bien… pero no nos metemos
en temas “políticos”. O controvertidos.
Son muy jóvenes para eso.
Usted ha desempeñado muchísimas labores
dentro del mundo audiovisual. ¿Cómo
es ahora su día a día? ¿Tiene algo de creativo
o es puramente operativo, de negocio?
Hago de todo, para ser sincera. Y no voy
a esconder que lo que más me gusta es el
trabajo creativo: hablar con los guionistas
y los directores, pensar en el show, tratar
de darle lo que necesita a nivel de producción,
dejar oír mi voz sobre los contenidos,
aunque a veces se escucha y otras veces
no… [Risas] Mi aprendizaje está ahí, no lo
puedo negar. Pero gran parte de mi trabajo
es el negocio. Eso supone muchísimo más
de lo que estar pendiente: las fi nanzas, el
marketing, la publicidad, la interactividad,
la imagen del canal, la programación, todos
los contenidos, incluyendo hasta las
cortinillas e incluso el “merchandising”.
Tienes que estar pendiente desde lo que se
emite hasta del muñeco que se comprará
en unos grandes almacenes. ■